sábado, febrero 15, 2025

A ustedes, siervos del poder. La decisión de libertad es más grande que un curul impuesto o una Gobernación sin recursos.

Recomiendo este escrito
de Walter Molina Galdi.

Han salido de su cueva todos los colaboradores de la barbarie, aquellos que durante años supieron venderse como opositores a un régimen al que terminaron subyugados, como siervos a sus señores feudales. Salieron en bloque, como jamás lo hicieron para defender la victoria de Edmundo González Urrutia (algunos ni siquiera se molestaron en llamar a votar), como jamás salieron a pedir la libertad de los presos políticos, incluidos niños y niñas, y como nunca han trabajado por lograr la libertad de un país donde la miseria, la diáspora, la tortura y la corrupción son las únicas políticas de Estado.

Los venezolanos estamos sufriendo la peor tiranía de nuestra historia republicana. Hoy no existen dudas ni debates al respecto. Son ya 26 años de chavismo, y aunque esta tiranía tiene una explicación fundamental en lo extraordinario de su capacidad para mantenerse en el poder (aun cuando ya no cuenta con el apoyo popular), también ha perdurado porque, durante todo este tiempo, muchos de aquellos que se autoproclamaron opositores, jamás buscaron realmente democratizar a un país sin democracia ni liberar a una nación sin libertad. Nunca desearon, de verdad, tomar el poder. Nunca fueron un reto ni un peligro para el statu quo. Al contrario, han sido y son parte de él. No se puede explicar, por tanto, un cuarto de siglo de semejante barbarie sin la colaboración activa de una buena parte de “la oposición”.

Pocas semanas antes del 28 de julio, escribí un artículo titulado ‘No la ven, ni la quieren ver’, y hoy puedo asegurar, con aún mayor claridad, que siguen sin verla. Este grupo, pequeño pero ruidoso (y cómo no, si tienen a su disposición el aparato de propaganda del régimen), se ha ensimismado tanto en las líneas oficiales que han dejado de escuchar el murmullo de la gente. Han dejado de entender sentimientos tan grandes como poderosos, llamados libertad  y reencuentro. Algunos de ellos, que pregonaban la democracia, han dejado de desearla y de buscarla. Hoy son parte del sistema, pero ni siquiera son “el sistema”. Son peor que eso, pues están en la periferia, atentos al llamado del amo para responder con frases vacías y repetitivas como “defender los espacios”, “los radicales”, “los dos lados” y, cuando ya no tienen más argumentos, recurren a su favorita: “las sanciones”. Si antes servían para generar discordia dentro de la oposición (la que se opone), ahora solo sirven, tal vez, para hacer propaganda, e incluso para hacer giras internacionales vendiendo una Venezuela que solo existe en los bolsillos de los bonistas y en las concejalías prometidas por el chavismo.

No hay nada nuevo en todo esto. No hay nombres diferentes ni sorpresas. Quienes hoy buscan desesperadamente “pasar la página” son los mismos que, hace años, decían que “Venezuela se arregló”. Son los mismos que aseguraban que al venezolano no le interesaba la libertad ni la democracia, que no les importaba la política. Son los mismos que pidieron una primaria, y cuando vieron que María Corina Machado (a quien odian más que a Nicolás Maduro) iba a arrasar al hacerlas sin el CNE (como ocurrió), intentaron torpedearla. Son los mismos que participaron en la farsa del referéndum del Esequibo, donde los genios se tomaron una foto en centros vacíos, diciendo que votaron “dos veces sí, tres veces no”. Son los mismos que intentaron imponer al candidato que deseaba el chavismo, Manuel Rosales, pero también fracasaron. Son los mismos que abrazaron la insultante tesis de la “paz autoritaria”. Son los mismos que ni ayudaron a la histórica campaña electoral, ni aparecieron en los recorridos de Machado y González Urrutia. Son los mismos a quienes tuvieron que evitar contarles los planes sobre la jugada maestra de mostrar las actas para que, oh sorpresa, la tiranía no se enterara. Son los mismos que guardaron un silencio absoluto el 29 de julio y los días siguientes… hasta que los mandaron a atacar el liderazgo de una mujer que despertó a todo un país, y a un diplomático de carrera que hizo lo que ninguno pudo antes: ganarle por paliza al chavismo en una elección que se pudo demostrar tanto dentro como fuera de Venezuela.

Esos sujetos que hoy generan el mismo desprecio que el chavismo buscan ahora posicionar el falso dilema de “votar o no votar”. Es un falso dilema, pues no hay nada que debatir. No hay una elección a la cual acudir, no hay “espacios” que defender. Lo único que corresponde es hacer valer el 28 de julio. Y eso lo sabe cada venezolano que ya votó y defendió su voto, y lo saben los dirigentes y líderes políticos y sociales que tienen el apoyo y la confianza de una sociedad más clara que nunca en toda su historia. Por lo tanto, no hay “fracturas” en la oposición. No se fractura un árbol cuando de su rama cae una fruta podrida. Se purifica, en realidad. Mejora. Y eso es exactamente lo que está ocurriendo.

Desde que vencimos a la barbarie y a sus cómplices, y desde aquel día en que cayeron las estatuas de Hugo Chávez, hemos visto el peor rostro de una tiranía criminal que dejó de ser un movimiento político para convertirse en una fuerza de ocupación. Hemos visto a amigos ser secuestrados, a inocentes ser asesinados, y a los venezolanos aumentar la desesperación, el temor y la rabia. No ha sido fácil, y tampoco lo será, porque estamos rompiendo un muro que se afianzó durante demasiado tiempo. Pero justamente por todo eso y por todos ellos, debemos lograrlo. Tenemos la verdad de nuestro lado, tenemos la decisión de libertad de nuestro lado, y tenemos la unidad perfecta de la sociedad con su liderazgo de nuestro lado. Por eso, aquellos que tienen como tarea vender desesperanza, han salido a hacer lo suyo. No lo permitamos. No dejemos que la propaganda logre su cometido.

Quienes decidieron tirar la toalla y arrodillarse ante el poder están en todo su derecho de vivir desplumados, como la gallina de Iósif Stalin. Lo que no vamos a permitir, jamás, es que quieran convencernos de vivir, como ellos, arrastrados por migajas. La decisión de libertad es más grande que un curul impuesto o una alcaldía sin recursos. Los venezolanos, salvo esas deshonrosas excepciones, valemos más que una jaula grande.

¡Viva Venezuela libre!

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FUENTE: >>Walter Molina Gald

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