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jueves, enero 08, 2026

La Tragedia de las Buenas Intenciones: Cómo se Apagó la Luz en Venezuela y Cómo Volver a Encenderla

La Promesa Rota

Es una tragedia común en la historia de la humanidad que los mayores sufrimientos sean infligidos por hombres que claman actuar en nombre de los más necesitados.

Al observar las cenizas de lo que alguna vez fue Venezuela, la nación más próspera de Sudamérica, no vemos el resultado de una catástrofe natural ni de una agresión externa. Vemos el éxito absoluto de una idea devastadora: la creencia de que el Estado puede y debe dirigir la vida económica de sus ciudadanos.

Se nos dijo que el "socialismo del siglo XXI" era un camino hacia la igualdad y la justicia. Una buena intención que buscaba redimir a los oprimidos. Pero la benevolencia en los objetivos no es sustituto de la realidad en los resultados. Lo que comenzó como

una promesa de repartir la riqueza ha terminado, con una lógica matemática implacable, en la destrucción total de la capacidad de crearla.

Este relato no busca lamentarse por las ruinas, sino trazar un mapa para la reconstrucción. Una reconstrucción basada no en cambiar a un dictador malo por un burócrata bueno, sino en devolverle el poder a quien legítimamente le pertenece: al individuo.

1. El Diagnóstico: El Veneno que Mató al Paciente

1.1. Una Idea que Ignora la Realidad

El socialismo venezolano no fracasó porque fuera mal ejecutado. Fracasó porque su idea central es inherentemente defectuosa. Es un sistema que choca frontalmente contra dos elementos inalterables de nuestro mundo:

  1. La Naturaleza Humana: Asume que las personas pueden ser motivadas sin incentivos personales y que el interés colectivo puede reemplazar al individual.
  2. El Problema del Conocimiento: El socialismo asume que "un grupo de expertos puede saberlo todo" para planificar una economía. El mercado libre, en cambio, parte de una premisa más humilde y realista: "nadie lo sabe todo, pero todos juntos, a través del intercambio voluntario, sabemos más que cualquier comité."

Esta desconexión con la realidad es la raíz de la catástrofe. Es una arrogancia intelectual que, al manifestarse en políticas públicas, envenenó la cultura y demolió la economía.

1.2. La Mentalidad de la Dependencia vs. La Ética de la Responsabilidad

El residuo más tóxico del socialismo no está en los edificios expropiados, sino en la mentalidad que fomenta. Se promovió una cultura de dependencia que contrasta directamente con la ética de la libertad.

Mentalidad de la Dependencia (El Estado)

Ética de la Responsabilidad (El Individuo)

El Estado me debe proveer y proteger.

Yo soy el dueño de mi destino y responsable de mis resultados.

La riqueza es un recurso fijo que el gobierno debe repartir.

La riqueza es creada por individuos y el gobierno no tiene nada que no haya quitado antes.

El fracaso debe ser evitado a toda costa por el Estado.

La libertad exige el derecho a fracasar para poder aprender y crecer.

Las soluciones provienen de decretos y líderes.

Las soluciones emergen de la acción y creatividad de millones.

Esta idea de que un comité central puede dirigir la vida de millones no es solo un error teórico; es una fuerza destructiva que demolió, uno por uno, los cimientos que sostenían la prosperidad de cada ciudadano venezolano.

2. Los Tres Pilares de la Prosperidad (y Cómo Fueron Demolidos)

Toda economía próspera se apoya en tres pilares fundamentales. El socialismo del siglo XXI, para poder imponer su visión, tuvo que dinamitarlos sistemáticamente.

2.1. Pilar 1: El Sistema de Precios - Los Nervios de la Economía

  • Qué es: Los precios no son etiquetas arbitrarias que los empresarios codiciosos imponen. Son señales, los nervios de un cuerpo social que transmiten información vital y en tiempo real sobre la escasez, la abundancia y las preferencias de millones de personas. Un precio alto te dice "esto es escaso, úsalo con cuidado o produce más"; un precio bajo te dice "esto es abundante, puedes consumirlo".
  • Cómo se destruyó: El régimen, con la intención de "ayudar al pueblo", decidió fijar los precios de los productos básicos por decreto. Al hacerlo, no hizo los productos más accesibles; cortó los nervios del organismo económico, dejándolo ciego y paralizado.
  • El impacto en tu vida: El resultado no fue "pan barato". El resultado fue la desaparición del pan. Las colas interminables no eran un problema de distribución; eran el grito desesperado de un sistema de señales que había sido silenciado por la fuerza.

2.2. Pilar 2: La Propiedad Privada - Tu Escudo Contra el Poder

  • Qué es: La propiedad privada no es un privilegio de los ricos. Es la barrera más sólida que el hombre común tiene contra el poder arbitrario del Estado. Es el derecho a poseer los frutos de tu esfuerzo, a tener un espacio que es tuyo y donde el poder político no puede entrar sin tu permiso.
  • Cómo se destruyó: Bajo el lema "ahora son del pueblo", se expropiaron fábricas, fincas y comercios. En realidad, no pasaron a ser del pueblo, sino de una élite burocrática sin ningún incentivo para cuidarlos o hacerlos producir.
  • El impacto en tu vida: Un granjero dueño de su tierra se preocupa por la cosecha del próximo año y la de la próxima década. Un funcionario estatal solo se preocupa por cumplir su turno y no molestar a su superior. Sin el derecho sagrado a poseer lo que uno produce, no hay inversión, no hay cuidado y no hay futuro.

2.3. Pilar 3: El Dinero Estable - El Valor de Tu Esfuerzo

  • Qué es: La inflación es, en todo lugar y en todo momento, un fenómeno monetario. Es un impuesto cruel y silencioso que roba el valor de tu trabajo y tus ahorros. Ocurre cuando un gobierno imprime más dinero del que corresponde al crecimiento de la producción de bienes y servicios.
  • Cómo se destruyó: El régimen utilizó el Banco Central como una imprenta personal para financiar sus déficits insostenibles y, sobre todo, "para comprar voluntades o pagar deudas." Cada billete nuevo que imprimía diluía el valor del dinero que ya estaba en manos de cada ciudadano, robándole silenciosamente su poder de compra.
  • El impacto en tu vida: La inflación es el impuesto más cruel porque golpea más fuerte a los pobres, quienes no tienen activos como propiedades o acciones para protegerse. Destruye la capacidad de planificar el futuro, convirtiendo los ahorros de toda una vida en polvo.

Con los precios silenciados, la propiedad confiscada y el dinero convertido en cenizas, el escenario estaba listo para la catástrofe. Pero de esas mismas cenizas puede surgir un plan para la reconstrucción, basado no en el control, sino en la libertad.

3. Reconstruir desde las Cenizas: Un Plan de Choque por la Libertad

La reconstrucción no requiere ayuda externa ni planes complejos. Lo que Venezuela necesita no es caridad, sino la eliminación de las cadenas que impiden que los venezolanos trabajen. La recuperación vendrá de la mano invisible: de millones de individuos que, buscando su propio bienestar, terminarán elevando el bienestar de toda la nación. Para ello, el gobierno debe hacerse a un lado. El mercado no es algo que el gobierno crea; el mercado es lo que queda cuando el gobierno deja de estorbar.

3.1. Liberar las Fuerzas Creativas del Individuo

Se necesita un "shock de libertad", no un goteo lento. El gradualismo es un veneno. Como he dicho a menudo, "si intentas cruzar un abismo en dos saltos pequeños, te caerás al fondo." La transición debe ser radical e inmediata.

  1. Liberación total de los precios: El Estado debe retirarse por completo de la mesa de negociaciones entre compradores y vendedores. La única forma de que los anaqueles vuelvan a llenarse es permitir que las señales de precios vuelvan a funcionar.
  2. Devolución absoluta de la propiedad: La propiedad confiscada debe ser devuelta de forma rápida y total. Sin seguridad jurídica y el derecho sagrado a poseer lo que uno produce, solo habrá un consumo lento de las cenizas restantes, nunca una inversión real.
  3. Apertura comercial unilateral: Abrir las fronteras inmediatamente. Si un ciudadano quiere comprar un tractor en Estados Unidos o una medicina en Colombia, el Estado no debe interferir. El libre comercio no es un favor que se le hace a otros países; es un favor que te haces a ti mismo, permitiendo que tus ciudadanos accedan a los mejores productos al menor precio posible.

3.2. Un Gobierno al Servicio del Ciudadano, no al Revés

El Estado debe ser reducido a sus funciones esenciales. Esto requiere eliminar la fuente del poder arbitrario. "La corrupción no es un problema de malas personas... es un problema de estructura económica." Si un funcionario tiene el poder de conceder o negar un permiso, has creado un mercado para el soborno. La solución es simple: la libertad económica es el mejor desinfectante conocido por el hombre.

  • Moneda incorruptible: La solución es quitarle "la llave de la imprenta" a los políticos para siempre. Esto se logra mediante la dolarización total o una caja de conversión estricta, anclando la moneda a una divisa fuerte y prohibiendo la emisión de dinero sin respaldo.
  • Impuesto único, plano y bajo (Flat Tax): Reemplazar el complejo código fiscal por un impuesto único, con un porcentaje bajo y sin exenciones. Esto elimina la corrupción y le quita a los políticos el poder de "premiar a sus amigos y castigar a sus enemigos" a través del sistema tributario.
  • Red de seguridad real (Impuesto negativo sobre la renta): En lugar de programas sociales burocráticos, se debe entregar un subsidio directo en efectivo a quienes estén por debajo de un umbral de ingresos. Esto respeta la dignidad del individuo, permitiéndole decidir cómo usar su ayuda.
  • Libertad de elección en educación y salud: Dejar de financiar a las instituciones estatales y empezar a financiar a los padres a través de un sistema de "vouchers" o cheques. Que cada familia elija la escuela y el servicio de salud que prefiera, obligando a los proveedores a competir por la calidad.

3.3. Hacer a Cada Venezolano Dueño de su Riqueza

El caso de la industria petrolera (PDVSA) es el símbolo máximo de la vieja economía. Mantenerla como empresa estatal, incluso si es "bien manejada", sería un error fatal. Y la razón es simple: "mientras el petróleo pertenezca al Estado, la tentación de usarlo como una caja chica para el populismo será irresistible para futuros gobernantes."

La única solución permanente es la privatización total, distribuyendo las acciones de los recursos naturales entre todos los ciudadanos. Que cada venezolano sea un accionista real de la riqueza de su suelo. Esto no solo democratiza la riqueza, sino que asegura que la industria sea manejada por criterios de eficiencia y mercado, no por caprichos políticos.

Este plan no es solo un conjunto de recetas económicas; es la manifestación de una verdad mucho más profunda sobre la naturaleza de la libertad y la responsabilidad que esta exige.

4. La Verdad Incómoda y la Promesa Final

4.1. La Libertad es Responsabilidad

Llegamos a la verdad fundamental que la mayoría de los políticos prefieren ocultar, porque amenaza su propia existencia. La verdad es esta:

La libertad no es un derecho a ser cuidado por otros, ni es una garantía de éxito o felicidad. La libertad es, fundamentalmente, la responsabilidad de ser dueño de tu propio destino, lo que incluye el derecho a fracasar.

La gran estafa de los gobiernos es prometer seguridad a cambio de libertad. Pero, como demostró la tragedia venezolana, el ciudadano que entrega su libertad por seguridad termina perdiendo ambas. El pueblo entregó su autonomía a cambio de promesas de comida, salud y vivienda, y terminó con hambre, hospitales en ruinas y hogares confiscados. Aceptar la responsabilidad de tus propias decisiones es el primer y más importante paso para ser verdaderamente libre.

4.2. El Faro de la Libertad

La prosperidad es posible incluso en las condiciones más extremas si se abraza la libertad. Miremos el ejemplo de Hong Kong: una roca estéril que, sin recursos naturales, se convirtió en una de las economías más vibrantes del mundo aplicando políticas de libre mercado radical. Venezuela tiene un pueblo talentoso y recursos vastos. Si Hong Kong pudo hacerlo, Venezuela puede superarlo.

El llamado final a la acción no es confiar ciegamente en nuevos líderes, sino asumir una responsabilidad intelectual. No se conformen con los titulares; cuestionen cada intervención gubernamental, pregunten siempre ¿a costa de quién se hace esto y qué libertad se está sacrificando aquí?

La reconstrucción de Venezuela no ocurrirá en las oficinas del gobierno en Caracas. Ocurrirá:

  • En cada tienda que vuelva a abrir.
  • En cada granja que vuelva a sembrar.
  • En cada hogar donde un individuo decida ser libre y crear su propio futuro.

El socialismo ha dejado cenizas, es cierto. Pero de las cenizas de la coacción puede surgir el fénix de una libertad más pura y consciente. La historia está mirando. La lógica está de su lado. Ahora es el momento de que la acción individual tome el mando.

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FUENTE: >>Diego de la Vega

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