Queridos ciudadanos, gobernadores y alcaldes: hoy no nos reúne un protocolo complaciente, sino la urgencia de encarar la cruda realidad de nuestra nación. Es hora de hablar con la fuerza implacable de la ley y la memoria histórica de nuestra tierra, sin adornos ni titubeos, asumiendo con firmeza el quiebre definitivo que exige el nacimiento de la Séptima República.
Miren a nuestro alrededor y sientan el latido de esta tierra. Evoquemos por un instante la figura de ese noble caballo blanco que corre por nuestra sangre y nuestra heráldica: no el corcel herido, cansado y desgastado por la discordia de las reformas caprichosas del pasado que lo obligaban a galopar con la cabeza volteada, ni aquel sometido a una carga eterna de guerra y violencia que solo busca destruirlo, sino un caballo que hoy exige galopar con




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