Así han calificado algunos comentaristas políticos colombianos, el nivel que deberían tener las relaciones de su país con Estados Unidos, México y Venezuela. Respecto de este último, no dudo que así deba ser.
Si bien es cierto que durante la campaña electoral el presidente electo colombiano dio a entender, cuando menos en una oportunidad, que las relaciones entre ambos países se mantendrían casi al mínimo, es lo cierto que las circunstancias han variado. Lo primero, que el control de Venezuela no reposa en Caracas sino en Washington; lo segundo, que ya no se está en campaña electoral y lo tercero, el mundo de las realidades.
Venezuela y Colombia comparten más de dos mil kilómetros de frontera. Es mucho más fácil trasladar suplementos, equipos y maquinarias que se encuentran en territorio colombiano -y Venezuela necesita-, que hacerlo vía marítima. A ello se suma que, los nuevos gobernantes de esta tierra de Nariño y Caldas observan que, la intervención
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