En estos momentos de profundo dolor, cuando la tierra se estremece y nos arrebata vidas valiosas, hogares y certezas, no existen palabras que puedan sanar por completo el vacío de la pérdida. Los catastróficos terremotos del pasado 24 de junio han dejado una dolorosa estela de más de un centenar de compatriotas fallecidos, así como miles de heridos y familias damnificadas que hoy contemplan con el corazón roto los escombros de lo que con tanto esfuerzo construyeron. A cada una de las víctimas, a quienes lloran a un ser querido y a quienes lo han perdido todo, les enviamos un abrazo cargado de sincera fraternidad y profunda solidaridad. La tragedia que hoy enluta a Venezuela es un peso que llevamos juntos, como una sola familia nacional.
Sin embargo, si algo nos ha enseñado nuestra propia historia es que el espíritu venezolano no se quiebra ante la adversidad. Somos un pueblo de arraigada resiliencia, forjado en las dificultades y dotado de una inquebrantable fortaleza física, moral y espiritual. Aunque hoy nos envuelva la tristeza y el paisaje esté marcado por la destrucción, tenemos la certeza absoluta de que poseemos la entereza
