Lo más terrible que nos puede suceder ya está determinado desde el primer instante: hemos venido a este mundo a morir.
La sentencia es tan definitiva e inapelable que, mientras llega el momento de cumplirla, solo nos queda algo por hacer:
"Vivir al máximo la oportunidad que nos otorga la Providencia, apreciando cada instante, con el propósito fundamental de cultivar el amor: *La única fuente inagotable de la verdadera felicidad".*
Porque de lo contrario, *¿Qué sentido tendría todo?*
Entramos al juego de la vida para amar y ser amados. Todo lo demás, sin importar qué sea, es un


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