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lunes, junio 18, 2018

Evangelio del Lunes 18/06/2018, meditado por el padre Ricardo Bulmez.

 Prólogo. @AlbaniCordero🌹El poeta Rumi dijo: “Tu tarea no es buscar el amor, sino buscar y encontrar dentro de ti las barreras que has construido en contra de él”. Cuando somos niños estamos conectados con ese amor...con Dios. En el devenir de la vida, construimos esas barreras...Te invito a revisar si tienes alguna que te aleje del amor, es decir de Dios. Él es tu aliado, te ama, te acompaña y te bendice… siempre.

Lunes 18/06/2018. Feria. Semana XI del Tiempo Ordinario Ciclo B, en la Iglesia Católica. Y Tiempo de Lucha ante la Profunda Crisis Política, Social y Económica por causa de la Dictadura que padece Venezuela. (Mateo 5, 38-42). “En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “Han oído que se dijo: Ojo por ojo, diente por diente. Pero yo les digo que no hagan resistencia al hombre malo. Si alguno te golpea en la mejilla derecha, preséntale también la izquierda;
al que te quiera demandar en juicio para quitarte la túnica, cédele también el manto. Si alguno te obliga a caminar mil pasos en su servicio, camina con él dos mil. Al que te pide, dale; y al que quiere que le prestes, no le vuelvas la espalda”. Palabra del Señor.
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Reflexión. En el evangelio de hoy se nos habla de la venganza… Jesús cita un texto de la Ley antigua: “Han oído que se dijo: Ojo por ojo, diente por diente!”. Él afirma exactamente lo contrario: “Pero yo les digo: no se venguen de quien les hace el mal”. Fiel a la enseñanza de Jesús, Pablo escribe en la carta a los Romanos: “Antes bien, al que te abofetee en la mejilla derecha ofrécele también la otra… No devuelvan a nadie mal por mal, procuren ganarse el aprecio de todos los hombres. No te dejes vencer por lo malo, más bien vence el mal a fuerza de bien”, (Rom. 12).
     ¿Cómo hacer esto en la práctica? Jesús nos ofrece cuatro ejemplos para superar la espiral de violencia: (a) al que te abofetee en la mejilla derecha ofrécele también la otra; (b) al que quiera pleitear contigo para quitarte la túnica déjale también el manto; (c) al que te obligue a andar una milla vete con él dos. (d) a quien te pida da, y al que desee que le prestes algo no le vuelvas la espalda (Mt 5, 40-42). Con esto no nos enseña la pasividad, sino la valentía. Todo agresivo y el que se aferra a las armas es un cobarde. Por eso admiro a quien se defiende con sus palabras para rebatir, con sus piernas para huir y con su cuerpo para combatir… como los boxeadores. Para muestra basta el Hijo del Carpintero que nos enseña cómo debatir con el enemigo, usó sus palabras para refutar y sus piernas para correr y esconderse ante el peligro de la muerte. Cuando el soldado le dio una bofetada en el rostro, él ofreció la otra mejilla que el agresor no esperaba: Jesús reaccionó con energía: “Si he hablado mal, muéstrame en qué, pero si he hablado bien, ¿por qué me pegas?” (Jn. 18, 23). Jesús no enseña la pasividad, no. San Pablo piensa que, retribuyendo el mal con el bien, “haciendo esto, amontonarás brasas sobre su cabeza” (Rom. 12, 20).
     Si tu pareja te dice algún día “¡No te quiero!”. No le hagas caso, no le creas. No escuches lo que tu prójimo dice, más bien oye lo que calla porque el silencio tiene mucho más sentido de lo que se oye. No escuches lo que la gente dice, sino lo que quiere decir. De repente, tu pareja no quiere decir que no te ama, sino otra cosa. A lo mejor, lo que quiere decir es que llegues más temprano a casa. O que dejes a esa amante que se atravesó en el camino o, más bien, el atrevesado fuiste tú. O cualquier otra cosa que tenga que ver con lejanía.
     —¿Pero también es posible que quiera decir que no me quiere?
     —Sí, Boquiabierta, también es posible.
     —Y entonces, ¿cómo lo sé?
     —Te toca a ti averiguarlo. Pero averígualo con el corazón. No intentes indagar con los oídos, con resentimientos y, muchos menos, con la intención de venganza.
     No escuches lo que la gente dice, escucha lo que quiere decir. Y lo que la gente no dice coincide exactamente con lo que tú no estás cumpliendo. Repito, no escuches lo que la gente dice, sino lo que quiere decir.
     Gandhi es el hombre más valiente y más grande de quien he tenido noticias en estos tiempos. Vestía como un boxeador y usaba palabras de Jesús a quien admiraba mucho. Siempre comentaba que si seguimos la norma de “Ojo por ojo y diente por diente, pronto estaremos ciegos y desdentados”. El arma más poderosa que existe es la no violencia activa. Si no sabemos superar los maltratos, la espiral de violencia lo invadirá todo, no habrá salida y así... el mundo estará desierto.
     Jesús nos trajo una Buena y Nueva noticia que es su evangelio, que quiere decir: “Anuncio de la felicidad”. Para esta noticia tuvo que hacer algunos ajustes a la Ley de Moisés. De no ser así, no podríamos vivir su mensaje. Dicho en términos actuales, reformó la Constitución, pero no la quitó. Más que restar, agregó, sumó vida.
     La Buena Noticia quiere que el amor se haga realidad; que no dejemos de hacer las cosas bellas. Y éstas que no las hagamos por obligación, sino por amor. Por eso nos dijo que si nuestra justicia no es mayor que la de los escribas y fariseos, no entraremos en el Reino de los Cielos; que no basta no matar, también se puede matar con la intención en el corazón; que es más importante reconciliarse con el hermano, que todas las ofrendas de culto (Cfr. Mt. 5, 20s). También habla sobre la venganza y el trato al prójimo. “Han oído que se dijo ‘Ojo por ojo y diente por diente’. Pues, yo les digo que no resistan al mal. El que te abofetee en la mejilla derecha, ofrécele también la otra” (Mt. 5, 38s).
     —¿Qué quiere decir “Ojo por ojo y diente por diente?”.
     —Desde un punto filosófico y antropológico, “Ojo por ojo y diente por diente” quiere decir: “Tú me muerdes un ojo y yo te muerdo un diente”.
     —No estoy de acuerdo con tu respuesta, ni me parece nada gracioso.
     —Entonces, Boquiaabierta, ¿pa’que preguntas? Sigue con la respuesta que tienes.
     Se dijo que amaran al prójimo, pero Jesús va más allá, si queremos vivir el “Anuncio de la felicidad”: “Pues yo les digo: Amen a sus enemigos y ruegan por los que los persiguen y así serán hijos del Padre Celestial” (Mt. 5, 43).
     —Entonces, según esto, tú me amas y rezas por mí… Pues, yo para ti soy uno de tus enemigos.
     —No, no te amo ni rezo por ti. Pues, tú no eres uno de mis enemigos.
     —¿No soy tu enemigo?... Entonces, ¿quién soy yo?
     —Un Boquiabierta.

3.En el evangelio de hoy aprendí… Amo a mi amigo porque se parece  mí… amo en él lo que amo en mi. Odio a mi enemigo porque se parece a mí... Odio en él lo que odio en mí. Realmente, el gran enemigo está dentro de nosotros. Amémonos, perdonémonos y así conoceremos la verdadera libertad para Venezuela. ¡La lucha continúa, no la guerra!
@RicardoBulmez

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