Eso observo que hacen algunos dirigentes venezolanos a los Estados Unidos de América como consecuencia de la decisión de este de cerrar sus fronteras a cal y canto a la migración irregular de nuestros connacionales y adicionalmente limitar a 24 mil personas las visas que otorgaran a quienes desde la tierra de El Libertador aspiren establecerse en esa nación.
Los Estados Unidos siempre han sido aliados de Venezuela y, salvo el interregno de estos últimos 23 años, nosotros de ellos, Esa alianza, en todo caso, no puede ser entendida como ingenuidad, por una parte o como priorización de los intereses del otro en desmedro de los propios en segunda instancia.
Seguramente cuando en la década de los setenta del pasado siglo Venezuela, como país integrante de la OPEP, incrementó los precios petróleo en ejercicio de su soberanía, el impacto que eso produjo en la sociedad americana no fue obviamente beneficiosa para la misma. Muy probablemente algún reclamo harían pero internamente adoptaron las decisiones que años después habrían de permitirles afrontar dichos incrementos de mejor manera que cuando ellos les impactaron por primera vez.
Durante toda la gestión política iniciada en Venezuela el 4 de febrero de 1999 la actitud norteamericana fue la misma hasta el establecimiento de las sanciones a determinados funcionarios por parte de la administración Obama que, si bien buscaban impactar a la dirigencia gobernante en el país, las mismas también se reflejaron en la comunidad nacional. Posteriormente a éllas, guste o no, es lo cierto que de a poco han ido apretando su accionar y esto queda de presente con la decisión de esta pasada semana atinente a nuestra migración.
Generoso y mucho es el país que, sin saber quien llega, que sabía hacer, que pueda hacer y a que viene al país, se le recibe sin limitación, Colombia es el ejemplo, pero no es la regla, diría que es la excepción. La actual administración americana toleró cuanto creyó conducente nuestro arribo irregular a su tierra hasta que decidió enfrentarla y lo hace con las severas medidas adoptadas, a las cuales pudiere buscársele varias explicaciones pero solo me detendré en dos.
La primera, su decisión de protegerse internamente.
Si desconozco quienes llegan y adicionalmente tengo clasificado al país del cual las personas provienen como riesgo de seguridad para los americanos, pareciere coherente limitar el acceso de quienes pretenden llegar sin documentación de ninguna índole o, en el mejor de los casos, sin haber analizado, como se hace con todos, las condiciones personales de quienes aspiran residir en el país.
La otra explicación tiene connotaciones internas.
Para algunos analistas, las políticas internas venezolanas tendentes a generar la migración tienen un objetivo, cual es maximizar los mermados recursos que el país recibe. Eso permitiría dar una explicación a la conducta gubernamental venezolana negada a revertir plenamente las políticas públicas que condujeron al país a su actual situación de postración. Si ello es correcto, la decisión norteamericana, además de tener connotaciones válidas para su interior, busca dificultarle de alguna manera el margen de maniobra a los actuales ocupantes de los poderes públicos venezolanos, lo cual, a los ojos del Departamento de Estado es perfectamente válido.
Ante esa coyuntura, la dirigencia venezolana tiene menos que protestar y más que construir.
Le corresponde en tal sentido diseñar, ofrecer y cuando corresponda ejecutar, las decisiones conducentes a los efectos de revertir la corriente migratoria, en lugar de estar quejándose por las acciones soberanas que cada país adopta, atribuyéndole a la dirigencia de estos responsabilidades que se corresponden con conductas decididas libérrimamente por nosotros.
En columnas como estas hemos afirmado que la migración debe ser responsable, desde el momento que decidimos salir de nuestra tierra. Ello implica saber hacia donde nos dirigimos y con que contamos para ello.
No puede compararse la manera como sale de Venezuela quien es perseguido político con quien lo hizo por razones económicas. Quienes lo hacen por este último motivo, son la gran mayoría de los migrantes, tal como lo confirmó en meses pasados el Departamento Administrativo Nacional de Estadística colombiano para el caso de nuestra migración en ese país, por lo que es obvio concluir que tiempo tenían para planificar las condiciones de su salida debidamente.
La conclusión de lo expresado es que no podemos atribuirle a terceros la responsabilidad por sus decisiones cuando las mismas no son el producto de la discrecionalidad sino consecuencia de condiciones evaluadas objetivamente. Nos corresponde entonces a los venezolanos hacer los ajustes correspondientes. Eso efectivamente creo.
*Gonzalo Oliveros Navarro*
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FUENTE: >>Gonzalo Oliveros Navarro
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