@ajmonagas
Luciría algo absurdo negar la importancia del deporte como razón de vida. Solo que, en su concepción, especialmente en términos de lo que compromete la práctica de un deporte, pareciera mejor reconocerlo desde el enfoque de las ventajas que ofrece a quienes lo realizan con empeño, entusiasmo y perseverancia. Cuestión distinta de quienes lo practican eventual o esporádicamente o por fanatismo.
Esta disertación busca dar cuenta de lo que encubre el fútbol toda vez que alrededor de su juego se tienen distintas objeciones. No solo por los negocios que lo implican o comprometen como espectáculo, también por los conflictos que sus episodios animan en el grueso del público. Muchas incidencias resultan letales.
La irracional rivalidad de los hinchas
El solo hecho de medir la capacidad deportiva del equipo en el terreno de juego es causal de gruesas diferencias. Y que saltan como conejos, cuando el miedo los asedia. Esas diferencias no siempre son comprendidas y observadas como razones a ser consideradas en el plano de la organización del encuentro. El resto de las veces se terminan en actos de violencia física o emocional. Sus consecuencias traspasan leyes, restricciones o limitaciones, causantes de conflictos que superan cualquier medida de seguridad.
Por otro lado, entre las secuelas observadas alrededor del fútbol están la neurosis, paranoia o esquizofrenia que provocan en grandes conglomerados movidos por bulliciosos despliegues de promoción radiada o televisada. Y que, en esencia, es contagiosa, cual pandemia o enfermedad epidémica en su fase más crítica o peligrosa.
Poblaciones enteras se someten a sus disposiciones. Particularmente, por efecto de una actitud en personas dominadas por la enajenación. La misma, a instancia de las imposiciones incitadas por medios de comunicación.
Menos fútbol y más derechos humanos
Recién el diario digital El Heraldo de Oregón difundía este mensaje que se alinea con la intención suscrita por estas líneas: “Un pueblo sumergido en la mediocridad se condena al fracaso y a la miseria cuando sabe más de fútbol que de sus propios derechos, cuando grita más fuerte un gol que una injusticia y cuando le exige más a un jugador que a los políticos”. Justo el problema que acá busca concienciarse.
Aunque no son muchos quienes actúan con conocimiento de las técnicas que priman el fútbol como deporte, para los más este fogoso deporte es considerado la actividad más apasionante de la vida. Tanto que, para ello, los estadios de fútbol son vistos como templos sagrados. Y los jugadores como ídolos de masas propicios a la veneración y el fanatismo.
Política y fútbol
De estas situaciones, siempre se obtienen otras lecturas o interpretaciones. Es así que hasta la política presta su aporte a consideraciones que tocan tan seductor deporte. Especialmente, cuando el ejercicio de la política se encorva a consecuencia del peso de concepciones ideológicas que se apoyan en coyunturas solo para beneficio de la minoría que anima la consolidación de estructuras despóticas. O sea, de dictaduras.
En este sentido, podría establecerse alguna similitud entre el fanatismo despierta el fútbol. Es parecido a una dictadura de la cual suele decirse que es el ejercicio político de un modelo de gestión que busca someter a la población para ganar el espacio que conviene a sus dirigentes. Y que además, practica la censura y la intimidación para crear la propaganda que se amolde a sus intereses.
A este respecto, podría decirse que el fútbol, al fanatizarse mediante el medios alienantes y alienados, se transforma en la paráfrasis de un ejercicio político dispuesto a someter la población. La propaganda tiránica, como el fútbol fanatizado, persigue mantener al pueblo languidecido por una idolatría sin fundamento alrededor de la pelota.
Quizás razón tuvo el escritor argentino José Luís Borges al expresar que “el fútbol es popular, porque la estupidez es popular”. Así intentó manifestar que lo que induce tanta exaltación revuelta por estos juegos, que tienen embotado a un mundo con problemas todavía atascados en el fango del autoritarismo. Por ello, es acertada la expresión de algunos: “la dictadura del fútbol”.
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FUENTE: >>https://runrun.es/opinion/490635/la-dictadura-del-futbol-antonio-jose-monagas/
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