El corazón del Señor siempre se inclina hacia aquellos que son humildes de espíritu, hacia los contritos que reconocen su pequeñez ante Su grandeza. En un mundo donde el orgullo y la arrogancia parecen gobernar, tanto en los individuos como en los gobiernos, el mensaje de Dios nos recuerda que Su atención no está en quienes se exaltan, sino en los que se humillan ante Él. Como lo señala Romanos 13:1-2, cada autoridad es establecida bajo Su soberanía, y aquellos que desafían Su voluntad y confían en su propia arrogancia se condenan a sí mismos. Pero el Señor, siendo inmenso e ilimitado, no deja de fijarse incluso en los más pequeños y humildes que se acercan a Él con reverencia y amor.
El Señor y el Humilde: Una Relación de Gracia
Dios, en Su grandeza, no encuentra placer en el orgullo humano ni en los intentos de igualar Su inconmensurable majestad. En el Salmo 138:6, leemos:
"Porque el Señor es excelso, atiende al humilde, mas al altivo mira de lejos."
Este versículo revela el profundo contraste entre la atención divina hacia los humildes y el distanciamiento que surge frente a los altivos. El orgullo crea una barrera que separa al ser humano de Dios, mientras que la humildad abre las puertas de Su gracia y bendición.
El gobierno de los hombres que desprecia la grandeza del Señor y confía únicamente en su propia soberbia enfrenta inevitablemente las consecuencias de su rebelión. La arrogancia no solo insulta al Creador, sino que lleva a los pueblos y naciones a caminos de ruina y condenación. Sin embargo, el Señor en Su amor infinito ofrece redención a todos los que se arrepienten y se humillan, guiándolos de regreso a Su presencia.
La Grandeza de un Dios que Ve a los Pequeños
Es asombroso que el Dios del universo, Aquel que sostiene las galaxias y los abismos, elija fijarse en cada uno de nosotros, incluso en el más pequeño y humilde. Esto no es por mérito propio, sino por Su amor y misericordia. Isaías 57:15 afirma: *"Porque así dice el Alto y Sublime que habita en la eternidad, y cuyo nombre es Santo: Yo habito en la altura y la santidad, y con el quebrantado y humilde de espíritu, para vivificar el espíritu de los humildes y para vivificar el corazón de los quebrantados."*
Este amor del Señor hacia los humildes es una invitación a examinar nuestros corazones y alejarnos de las trampas del orgullo. La arrogancia, tanto en lo personal como en el liderazgo, es una señal de alejamiento de Dios. Pero Su gracia nos llama a volver, a reconocer Su grandeza y a depender totalmente de Él.
Que el Señor, en Su infinita misericordia, nos enseñe a mantener un espíritu humilde y a alejarnos del orgullo que nos separa de Su presencia. Que Su amor, que nos ve incluso en nuestra pequeñez, nos transforme y guíe hacia una vida de obediencia y dependencia en Él. Y que tanto los gobernantes como el pueblo se humillen ante el Señor, reconociendo que toda potestad viene de Él y que solo bajo Su guía podemos prosperar. En el nombre de nuestro Señor Jesucristo, amén.
En la fe,
Wilfredo Seijas
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FUENTE: >>Wilfredo Seijas
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