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jueves, agosto 28, 2025

Mar de Fondo Maduro al borde del abismo

Por Omar González Moreno_

En el país, después de 26 años bajo el yugo del chavismo, se gesta un movimiento que estremece los cimientos del régimen de Nicolás Maduro y sus cómplices.

Afloran sectores claves de la cúpula chavista y de su propia base, agotados por la crisis, la destrucción y el saqueo sistemático que están dispuestos a entregar a Maduro a la justicia o al destierro.

Este giro expone la fractura irreparable de un proyecto que prometió villas y castillos y hoy yace sepultado bajo el peso de su propio colapso.

La hiperinflación, que ha pulverizado el poder adquisitivo de los venezolanos; la escasez crónica de alimentos, medicinas y servicios básicos; la corrupción desenfrenada, que ha enriquecido a una élite mientras el pueblo se hunde en la miseria; y la represión brutal contra cualquier atisbo de disidencia, han erosionado la lealtad que alguna vez fue casi inquebrantable.

En los barrios y urbanizaciones, en las pocas fábricas que quedan, en los cuarteles y en los pasillos del poder, el desencanto ha reemplazado al fervor de los pocos partidarios que todavia lo apoyaban.

Fuentes internas, desde militares de alto rango hastiados por el deterioro de sus instituciones hasta cuadros políticos marginados por la cúpula, murmuran sobre un sacrificio necesario: entregar a Maduro para salvar lo poco que queda del legado chavista.

No es un acto de valentía ni de altruismo, sino de pura supervivencia.

El régimen, asfixiado por sanciones internacionales y aislado, enfrenta una presión sin precedentes.

La oposición, revitalizada bajo el valiente liderazgo inteligente y firme de María Corina Machado, ha logrado unificar a una ciudadanía que ya no cree en las promesas vacías del régimen.

La comunidad internacional, con Estados Unidos a la cabeza, ha cerrado el cerco, exigiendo un cambio que el régimen no puede ignorar.

Maduro, atrincherado en Miraflores, enfrenta un dilema digno de una tragedia shakespeariana: ser traicionado por los suyos o arrastrarlos a todos al abismo en su caída.

Las señales de fractura son innegables. En los últimos meses, se han reportado reuniones clandestinas entre figuras claves del chavismo, donde se discute el futuro del movimiento sin Maduro al frente.

Deserciones silenciosas de oficiales superiores,  medios y bajos en las Fuerzas Armadas, así como de funcionarios públicos, han encendido las alarmas de Maduro y sus secuaces.

En los cuarteles, el descontento crece entre los soldados, mal pagados, mal equipados, mal entrenados y mal alimentados, que cuestionan la legitimidad de un usurpador que los ha llevado al borde del colapso.

En el Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV), las debilitadas bases, otrora movilizadas por la retórica revolucionaria, ahora murmuran su frustración ante la incapacidad del régimen para resolver la crisis.

El chavismo se mira en el espejo y ve un mosaico roto, fragmentos dispersos por un país en ruinas.

Las divisiones internas son evidentes, desde los poquísimos leales a Maduro, que aún defienden su liderazgo por conveniencia o miedo, hasta los pragmáticos que ven en su salida la única vía para preservar algo de lo que fueron alguna vez.

Incluso figuras históricas del chavismo, como gobernadores y exministros, han comenzado a deslizarse hacia la sombra, explorando alianzas con sectores opositores o buscando salvoconductos para un futuro incierto.

Este es un punto de inflexión irreversible. Venezuela, agotada tras años de penurias, observa cómo se desmorona lo que muchos llaman con sobrada razón la “narcodictadura” de Maduro y sus secuaces.

La entrega de Maduro no será un simple cambio de liderazgo, sino el epitafio de una era marcada por promesas incumplidas y un país devastado.

Será el reconocimiento tácito de que el experimento chavista fracasó rotundamente.

El chavismo, debilitado hasta el borde de la extinción, enfrenta una encrucijada existencial: traicionar a Maduro para intentar renacer de sus cenizas o hundirse con él en la tormenta que ellos mismos desataron.

Los días de Nicolás Maduro en el poder se agotan, y el reloj no se detiene.

En las calles de Caracas, en los llanos, en Oriente, en Guayana y en los Andes, el pueblo venezolano, cansado pero resiliente, espera el desenlace de un drama que ha durado demasiado.

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FUENTE: >>Omar González Moreno

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