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jueves, febrero 19, 2026

Venezuela en la Encrucijada: Hallazgos Impactantes sobre la Era Post-Maduro

Venezuela atraviesa hoy una metamorfosis institucional que oscila entre el pragmatismo económico y la persistencia de viejas estructuras de control. Mientras las plazas aún conservan los ecos de los Carnavales 2026 y aerolíneas como LATAM confirman el restablecimiento de la ruta Bogotá-Caracas para este próximo 23 de febrero, el país intenta proyectar un espejismo de estabilidad. Sin embargo, como analistas, debemos mirar más allá de la fachada de "normalización" para descifrar la Realpolitik de una transición que apenas comienza a mostrar sus cartas.

La paradoja de las celdas: 400 libres, 600 en espera

El reciente gesto de liberar a 400 presos políticos ha sido recibido por la comunidad internacional como una señal de distensión, pero el análisis frío de las cifras revela una estrategia de concesiones

controladas. Con 600 ciudadanos aún tras las rejas, la "puerta giratoria" de la justicia venezolana sigue activa.

Human Rights Watch (HRW) ha sido tajante: no basta con liberaciones discrecionales. La organización advierte que es imperativo desmantelar el "aparato represivo", entendido como la estructura institucionalizada de las fuerzas de seguridad y el poder judicial que ha servido para neutralizar la disidencia. Sin esta reforma estructural, cualquier proceso electoral carecerá de garantías reales. La profundidad del trauma institucional se refleja en los testimonios que emergen de los centros de detención:

"Pensé que me fusilarían", relata un ciudadano extranjero, cuyo testimonio sobre la crueldad sistémica en las prisiones venezolanas evidencia que el miedo sigue siendo una herramienta de gestión política.

El inesperado liderazgo de Delcy Rodríguez y el factor Trump

El ascenso interino de Delcy Rodríguez representa un pivot estratégico hacia la interlocución pragmática. Su gestión ha logrado lo que parecía impensable: un cambio de tono en Washington. Los recientes elogios de Donald Trump hacia la figura de Rodríguez sugieren un giro en la política exterior estadounidense, posiblemente reconociendo en ella una figura capaz de garantizar una transición estable que proteja los intereses regionales. Este viraje diplomático ha enfriado significativamente los riesgos de un conflicto bélico, desplazando la retórica de confrontación por una mesa de negociación donde la supervivencia política se canjea por estabilidad energética y migratoria.

Gasolina a un dólar: El fin del contrato social subsidiado

El 17 de febrero marcó un hito en la economía venezolana con el inicio del plan piloto de gasolina Súper Premium de 97 octanos a $1 por litro. Más allá de aliviar la escasez crónica, esta medida simboliza la claudicación definitiva del Estado ante la realidad del mercado y el fin del histórico subsidio a los combustibles.

Esta "total dollarization" del sector energético representa el quiebre del último vestigio del contrato social populista. Mientras PDVSA intenta sanear sus cuentas con precios internacionales, la brecha de desigualdad se profundiza: el combustible premium fluye para quienes pueden pagarlo en divisas, mientras la mayoría del país observa cómo el costo de vida se desliga definitivamente de la moneda nacional.

La apuesta de los mil millones: El fondo Cisneros

En contraste con la precariedad de los servicios públicos, el capital privado ha comenzado a emitir señales de confianza de alto impacto. La familia Cisneros ha anunciado la creación de un fondo de $1.000 millones destinado a la reconstrucción del país.

Desde la perspectiva de la inteligencia económica, este movimiento no es filantropía, sino una señal de normalización dirigida a los mercados occidentales. El despliegue de un capital de esta magnitud sugiere que los grandes grupos económicos perciben garantías de retorno y una seguridad jurídica "negociada" que hace viable la reinversión en sectores estratégicos. Es la apuesta de los capitales históricos por una Venezuela post-Maduro que, aunque no sea plenamente democrática, aspira a ser funcional para el libre mercado.

El Esequibo: La tensión latente y el Acuerdo de Argyle

En el marco del 60° aniversario del Acuerdo de Ginebra, la disputa territorial con Guyana por el bloque Stabroek ha pasado de la retórica de guerra a una guerra de posiciones legales. Caracas insiste en que el Acuerdo de Ginebra de 1966 es el único marco válido, rechazando de plano la jurisdicción de la Corte Internacional de Justicia (CIJ).

La tensión actual tiene un punto de quiebre específico: Venezuela acusa a Guyana de actuar de mala fe y de violar el "Acuerdo de Argyle de 2023" al otorgar concesiones petroleras unilaterales en aguas disputadas. Aunque la presión de Estados Unidos y el nuevo contexto político han servido de contención contra una escalada armada, el Esequibo sigue siendo el termómetro del nacionalismo venezolano y un factor de inestabilidad que ningún gobierno de transición puede ignorar.

El factor Evanan Romero: La fragilidad del Estado de Derecho

El caso del asesor petrolero estadounidense Evanan Romero es un recordatorio brutal de la discrecionalidad que aún impera en el país. Su "retención preventiva" durante cuatro días, sin cargos claros y bajo una figura jurídica ambigua, ha encendido las alarmas sobre la seguridad jurídica para los extranjeros.

Para un analista geopolítico, el caso Romero es una advertencia: a pesar de la apertura económica y los vuelos internacionales, las reglas del juego pueden cambiar en cualquier momento según las necesidades de presión política del gobierno interino. La seguridad de los inversores y asesores internacionales sigue pendiendo de un hilo, supeditada a un sistema judicial que aún no se ha independizado del poder político.

¿Democracia real o transición controlada?

Venezuela se encuentra en un umbral crítico. Los cambios son tangibles —liberaciones parciales, inversión privada masiva y una diplomacia de alto nivel que incluye visitas del primer ministro de Qatar— pero la pregunta de fondo persiste: ¿Estamos ante una democratización genuina o ante una reconfiguración estética diseñada para asegurar la permanencia de las élites en el poder bajo un nuevo formato?

El verdadero termómetro de esta crisis no se encuentra en las cifras de inversión ni en los vuelos de LATAM, sino en la movilización convocada para este 18 de febrero ante la ONU por los familiares de los detenidos. Mientras existan presos políticos y un aparato represivo intacto, la transición será más una operación de mercadeo geopolítico que una transformación nacional. El futuro de Venezuela dependerá de si estas señales de apertura logran transformarse en una justicia plena que devuelva la soberanía al ciudadano, y no solo la gasolina premium a las estaciones de servicio.

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FUENTE: >>Alan J Brito B

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