Un Solo Movimiento, Diversos Latidos
El 12 de febrero de 2026 se consolidó como un hito de pedagogía política en la historia contemporánea de Venezuela. Al conmemorarse el bicentenario de la Batalla de La Victoria, la juventud venezolana transformó la efeméride tradicional en un ejercicio de memoria histórica activa, rindiendo tributo a mártires recientes como Bassil Da Costa, Robert Redman y, de manera emblemática, a Paul Moreno, el estudiante de medicina y miembro de la Cruz Verde asesinado en 2017. Esta movilización no fue un acto aislado, sino la respuesta orgánica de un tejido social que, tras la captura de Nicolás Maduro en enero de 2026, comenzó a respirar en un clima de transición cargado de expectativas y urgencias.
Mientras en la Asamblea Nacional se debatía intensamente el proyecto de la Ley de Amnistía integral, los estudiantes salieron a las calles para asegurar que la agenda legislativa no perdiera de vista el rostro humano de la crisis. Este sentimiento nacional unificado se cristalizó en tres objetivos estratégicos que actuaron como el pegamento de la protesta nacional:
- Exigencia de amnistía integral y libertad plena: Bajo la premisa de que no puede haber democracia con calabozos llenos, se demandó la liberación de todos los presos políticos y el cierre de los centros de tortura.
- Reconstrucción del sistema educativo: La demanda de condiciones materiales mínimas para el ejercicio del pensamiento, incluyendo salarios y pensiones dignas.
- Consolidación de la transición democrática: La presión ciudadana para garantizar el regreso de los exiliados y el fin de la persecución.
Para el analista de movimientos sociales, este latido unificado se descompone en una rica polifonía regional; al mirar de cerca, entendemos que cada campus utiliza su realidad geográfica para "enseñar" una faceta distinta de la libertad recuperada.
Universidad de Oriente (UDO): El Reclamo por la Dignidad y la Infraestructura
En el oriente del país, específicamente en el núcleo Maturín (Los Guaritos) en Monagas, la protesta asumió una función pedagógica vital: la enseñanza de que la democracia no es solo un concepto institucional, sino una realidad material. Aquí, el movimiento estudiantil vinculó de forma indisoluble la libertad política con la reconstrucción de la infraestructura educativa. La crisis de servicios colapsados y presupuestos asfixiados en la UDO se convirtió en la herramienta de comunicación política para explicarle al país que la "supervivencia de la institución" es el primer paso para la libertad.
Para los udistas, la lucha por salarios y pensiones dignas para su personal no es una demanda gremial aislada, sino una defensa del derecho humano a la educación. Así lo sintetiza el sentimiento que imperó en Los Guaritos:
"La reconstrucción integral del sistema educativo es el motor de nuestra supervivencia. No exigimos solo mejoras estructurales; exigimos el respeto a la dignidad del académico y del estudiante, porque una universidad en ruinas es el reflejo de una sociedad que aún no ha terminado de liberarse."
Esta lucha material en el Oriente, centrada en la base misma de la dignidad educativa, entabla un diálogo pedagógico necesario con la presión institucional que se ejerce simultáneamente desde las cumbres andinas.
Universidad de Los Andes (ULA): El Bastión de la Libertad y los Derechos Humanos
Mérida se convirtió en el escenario de una de las manifestaciones más potentes de comunicación simbólica de la jornada. Partiendo desde la Facultad de Medicina, los estudiantes de la ULA marcharon hacia la sede regional de la Defensoría del Pueblo, transformando el espacio público en un aula abierta sobre derechos humanos. Su enfoque no fue solo la denuncia, sino la "rehumanización" de un conflicto que durante años se redujo a cifras.
Bajo los gritos de "¡Salimos todos hasta que salgan todos!" y el desafiante "¡No tenemos miedo!", el movimiento estudiantil merideño desplegó una serie de acciones que sirvieron para presionar directamente a los órganos del Estado:
- La Humanización de la Cifra: El uso sistemático de fotografías de profesores y alumnos detenidos, recordando que detrás de cada expediente hay una vida académica truncada y una familia en espera.
- El Despliegue de la Narrativa Visual: La colocación de una pancarta gigante con el mensaje: "Hoy no celebramos nada, hoy exigimos lo que por derecho es nuestro: Libertad", resignificando el Día de la Juventud de un festejo oficialista a una demanda de soberanía ciudadana.
- La Institucionalización de la Protesta: La entrega formal de exigencias en la Defensoría, utilizando los canales del Estado —incluso en transición— para validar la legalidad de la lucha por la amnistía.
Estas diferencias de enfoque no fragmentan al movimiento estudiantil; por el contrario, demuestran la complejidad del mapa de necesidades de una Venezuela que busca sanar sus instituciones mientras reconstruye sus paredes.
Síntesis Comparativa: ¿Qué nos enseña cada región?
El análisis comparativo nos revela que el movimiento de 2026 es profundamente estratégico. Mientras la UDO enseña sobre las condiciones materiales de la democracia, la ULA ejerce la presión simbólica e institucional necesaria para forzar el cambio legal. Esta dualidad permite que el mensaje de la transición llegue a todos los estratos de la sociedad civil, desde el trabajador universitario que no tiene un salario digno hasta el activista que busca justicia por sus compañeros.
A continuación, se presenta la síntesis de estos enfoques:
Característica | UDO (Enfoque Local) | ULA (Enfoque Institucional) |
Foco Principal | Crisis socioeconómica y reconstrucción de la infraestructura. | Libertad política, amnistía y Derechos Humanos. |
Acción Principal | Concentración masiva en Los Guaritos (Maturín). | Marcha desde Facultad de Medicina a la Defensoría. |
Mensaje Simbólico | Supervivencia de la institución y salarios dignos. | Pancarta: "Hoy exigimos libertad" y etiqueta #QueSeanTodos. |
Entender estas particularidades es clave para comprender la magnitud del movimiento estudiantil actual: es una red de resistencias locales que nutren un gran pulmón nacional.
El Mapa de la Juventud de 2026
La movilización del 12 de febrero de 2026 ha funcionado como un termómetro preciso de la transición venezolana. El gran hallazgo de este análisis es que la unidad nacional no significa uniformidad. La fortaleza del movimiento reside precisamente en su capacidad para descentralizar la lucha: el respeto a las necesidades locales (la infraestructura en Monagas, la justicia en Mérida) es lo que otorga legitimidad y profundidad a la demanda global de libertad. La juventud de 2026 no solo está marchando; está reconstruyendo el tejido social desde cada rincón del país.
3 Lecciones Clave para el Estudiante:
- La Descentralización de la Resistencia: La lucha nacional se fortalece cuando cada región atiende sus propias heridas; no hay demanda pequeña cuando se busca la reconstrucción total del país.
- La Rehumanización del Sujeto Político: El uso de nombres, rostros y fotografías (como el legado de Paul Moreno y los profesores detenidos) es la herramienta más poderosa para vencer la propaganda despersonalizadora.
- La Universidad como Laboratorio de Ciudadanía: El campus sigue siendo el espacio donde se procesan las demandas de la sociedad civil, convirtiéndose en el motor ético de la transición democrática.
FUENTE: >>Maria Teresa Andara
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