Teniendo en cuenta que nos trasladaron casi 150 años al pasado, aún poseyendo las riquezas de nuestro suelo mediante la explotación de hidrocarburos y minerales, el panorama es aterrador.
Estamos en los niveles de la Venezuela del siglo XIX.
Mientras el mundo habla con robots y con Inteligencia Artificial, nosotros involucionamos a la Venezuela de 1880, la de Guzmán Blanco, pero con un matiz desolador: mientras en aquella época el país mostraba signos de crecimiento y modernización de infraestructura, hoy nuestra deuda es astronómica, hemos perdido la soberanía y nuestro talento humano se encuentra desperdigado por el mundo, sin intenciones de retornar.
Según los estudiosos de la economía, materia en la que no pretendo ser experto, pero cuyos números son tercos, el desfase para alcanzar apenas el punto mínimo de inflexión se ubica en un rango de entre 8 y 14 años.
Eso, sí y solo sí, destináramos la totalidad de la renta por comercialización de estos rubros a reconstruir el aparato energético y productor del país.
Spoiler: eso es imposible.
Si acaso asumiéramos que se destina el 100 % del valor bruto de nuestros ingresos, sin descontar costos de extracción o refinación, al pago de la deuda, en un imposible escenario de abnegación absoluta donde no se gastara un solo centavo en salarios, mantenimiento de pozos, servicios públicos, medicina, educación o alimentos, Venezuela tardaría aproximadamente 10 años continuos en saldar la cuenta total.
No obstante, al restar solamente los costos operativos de producción, este tiempo podría duplicarse fácilmente.
Si ajustamos el cinturón para cubrir apenas los gastos básicos de operatividad de la nación, estamos hablando de treinta años de sacrificios.
Al menos durante las próximas dos décadas, debemos pagar como una «nación administrada bajo tutela».
Es el mecanismo bajo el cual Estados Unidos tomó el control de los ingresos petroleros venezolanos desde el pasado 3 de enero para asegurar el pago de una deuda externa estimada en unos $170.360.000.000.
Hablamos de una cifra que supera ya el 180 % de nuestro PIB.
Para que dimensionen el tamaño del lío en el que estamos enredados, vean el inventario del desfalco y el compromiso:
El mapa del embargo (Cifras aproximadas en USD):
- Tenedores de bonos (bondholders):
$140.000 millones ($60.000 M de capital + $80.000 M por intereses y fallos judiciales).
- CITGO (Deudas y litigios):
$21.000 millones.
- China:
$20.000 millones ($17.000 M de capital + $3.000 M de intereses). Gran parte de esto fue dilapidado en el opaco Fondo Chino.
- OI European Group (Owens-Illinois):
$10.550 millones (sentencias a favor por expropiación).
- Rusia:
$8.000 millones (deudas de gobierno a gobierno y compromisos con Rosneft y Roszarubezhneft).
- Gold Reserve:
$7.000 millones por reclamos mineros.
- Repsol:
$5.000 millones (incluye deuda comercial e inversiones en Petroquiriquire).
- BID:
$2.000 millones por años de impagos (arrears).
- CAF:
$1.900 millones.
- ExxonMobil: $1.800 millones.
- Crystallex:
$1.400 millones más intereses por yacimientos de oro.
- ConocoPhillips:
$1.000 millones por nacionalizaciones.
Ante esta realidad, la pregunta es obligatoria:
¿Quién va a regresar?
Los mayores de 50 años que busquen venir a pasar sus últimos años y morir en su tierra, aquellos que estan solos y los que son incapaces de autosustentarse.
Estos seguramente regresen por que les es adversa la estadia, el vivir, fuera de Venezuela
Pero todos aquellos que ya han tejido redes familiares en otras latitudes, no retornarán, ocurra lo que ocurra.
Al contrario, lo que se vislumbra en un muy probable e invocado escenario de represalias y hostigamiento hacia quienes hoy siguen al oficialismo es que ellos también terminen por irse, inundando el mundo con una cuarta oleada migratoria.
Podríamos alcanzar, fácil perolito, los 12 millones de venezolanos en la diáspora: la mitad o más de una nación viviendo en el exilio.
Pero el daño más profundo no es financiero; es estructural y humano.
Estamos ante un apagón pedagógico. Las aulas son hoy cascarones vacíos donde el conocimiento se extingue porque el docente huyó para no morir de hambre.
No hay quien sustituya a los ingenieros y profesionales que abandonaron el país. El talento no se improvisa, y un país sin maestros es un país condenado a la servidumbre técnica.
Es muy poco probable que una pareja joven con niños en el exterior regrese a donde ya no tiene nada que buscar, salvo el saludo, la bendición y un rato de los afectos de unos viejos que, inexorablemente, morirán, cortando así el último cordón umbilical con el territorio.
Mucho menos regresarán cuando, al ver el desastre de 27 años de saqueo, comparen nuestra ruina con el orden de sus naciones de acogida.
Si proyectamos esta inercia hacia las próximas dos décadas, la visión es postapocalíptica: no veremos una reconstrucción, sino una osificación de la miseria.
En 20 años seremos una nación de ancianos famélicos custodiando cementerios de hierro oxidado; universidades convertidas en museos de lo que pudo ser, donde la maleza terminará de devorar los pasillos del pensamiento crítico.
Seremos una sociedad preindustrial sobreviviendo entre las ruinas de una modernidad petrolera que nos quedó grande.
Venezuela dejará de ser un Estado para convertirse en un territorio de extracción; una tierra baldía donde la soberanía será una palabra de diccionario y la esperanza, un lujo que nadie podrá costear.
Hemos pasado de la Venezuela Heroica a la Venezuela Embargada.
Bienvenidos al mañana: la nación que se apagó por dentro mucho antes de que terminaran de desvalijarla por fuera.
¿Quién va a regresar?
¿A dónde?
@JoludiRebelde63
Déjanos saber tu opinión en los comentarios más abajo y no olvides suscribirte para recibir más contenido sobre noticias
FUENTE: >>José Luis Díaz Torrealba
Si quieres recibir en tu celular esta y otras noticias de Venezuela y el mundo, descarga Telegram, ingresa al link Https://t.me/NoticiaSigatokaVenezuela.

No hay comentarios:
Publicar un comentario
GRACIAS POR EMITIR TU OPINIÓN
Todos los contenidos publicados en este sitio web son propiedad de sus respectivos autores. Al utilizar este sitio web afirmas tu aceptación sobre las Condiciones de uso, la Política de privacidad, uso de cookies y el Deslinde de responsabilidades legales.