En Venezuela, el tiempo que suceda al secuestro del poder por medio de acciones ilegítimas e inconstitucionales que ha permitido torturas, abusos, persecución, detenciones, violaciones flagrantes de los derechos humanos, y la eliminación física de quienes disienten, debe transcurrir en un plazo perentorio para restablecer las reglas sociales, el respeto de los principios democráticos y permitir la aplicación de una justicia sin vendas, para enrumbar el país por vías de desarrollo.
Siempre habrá quien, con atarraya al hombro, pretenda pescar en río revuelto. El venezolano tiene memoria corta, algunos por conveniencia, por lo que debemos convertir la memoria en una fortaleza, no como acto de venganza, si como un acto de justicia.
En el periodo de transición por el que atraviesa Venezuela, quienes material e intelectualmente la destruyen aspiran a un borrón y cuenta nueva de sus acciones para participar en su reconstrucción, y apuestan al desgaste y al alargue, esperando que el paso del tiempo los favorezca.
La permanencia en el poder de quienes han destruido a Venezuela, y la tragedia que viven los venezolanos ratifican que la organización criminal mantiene intacta su estructura y actúa en consecuencia. Los intereses foráneos de un Estado no deben prevalecer a las necesidades y el infortunio que a diario viven los venezolanos.
En este momento histórico que vive Venezuela, si Albert Einstein existiera, pediría que la transición no sea una locura; él pensaba que “locura es hacer lo mismo una y otra vez esperando obtener resultados diferentes”.
La muerte de Víctor Hugo Quero, preso político, desaparecido por más de un año, presuntamente asesinado y enterrado en secreto por la tiranía de Delsy Rodríguez y su camarilla, enciende la luz roja de la Venezuela que está a oscuras, mancillada, arruinada y envilecida. Esa muerte y ahora la de su señora madre reflejan lo que han vivido y viven muchas madres venezolanas. Detrás del abominable crimen y su consecuencia hubo una maquinaria de cómplices cumpliendo órdenes protegidos por quienes están en la cumbre del poder, lo que ratifica, sin duda alguna, que Venezuela está ante los ojos del mundo dirigida por una organización criminal.
Transcurridos más de tres meses de la acción militar, ejecutada por Estados Unidos, el pueblo venezolano continúa en la indigencia, mientras los delincuentes responsables de esa situación alargan la tragedia; la Constitución Nacional es letra muerta, especialmente las hojas de los artículos 233 y 234.
Honraremos los favores recibidos; es hora de que el liderazgo reconocido por el mundo, apoyado por países democráticos y por la acción decidida del aguerrido, pueblo. Se amarre los pantalones, se ajusten las faldas y hagamos respetar nuestra soberanía.
No seremos el estado 51 de un país; volveremos a ser un Estado independiente y soberano que no ha dejado de luchar por su independencia. Hagamos algo diferente, actuemos con voluntad férrea, organicémonos y tengamos un plan a ejecutar. Solo así lograremos la libertad conculcada y estableceremos definitivamente un auténtico sistema democrático de gobierno.
Andamiaje que pertenecía y ayudó a construir.
Es frecuente que quienes participaron o toleraron los abusos aspiren a que el paso del tiempo suavice la memoria colectiva. Sin embargo, en sociedades que han vivido bajo la opresión, la memoria se convierte en un acto de resistencia. Recordar no es un ejercicio de venganza, sino una condición para evitar la repetición. La justicia —sea judicial, simbólica o histórica— no puede ser sustituida por el silencio.
Las transiciones políticas no son diferentes, aquellos hechos donde se pretende corregir na transición sólida no exigen olvidar, sino asumir. Implica reconocer a las víctimas, documentar los abusos, establecer responsabilidades y generar garantías reales de no repetición. Solo así el tiempo deja de ser una carga desigual y se transforma en un espacio compartido donde la sociedad puede reconstruirse con dignidad.
El anhelo de libertad de quienes fueron perseguidos no desaparece con el cambio político; se convierte en el fundamento de lo que viene. Ignorar ese impulso o minimizarlo es perpetuar, de otra forma, el mismo desprecio que originó el conflicto. Por eso, toda transición que aspire a ser legítima debe entender que la paz duradera no se construye sobre el olvido, sino sobre la verdad.
En contextos de regímenes totalitarios
El lapso de tiempo que sucede a lo que es el secuestro del poder por medio de acciones ilegítimas e inconstitucionales, que ha permitido torturas, abusos, persecución, detenciones, violaciones, flagrante violación de los derechos humanos y la eliminación física de quienes disienten, debe ser una forma lo más rápida posible, sin precipitación alguna, para restablecer las reglas sociales y el respeto de los principios democráticos, para así enrumbar el país por vías de desarrollo económico, social, y la aplicación de una justicia sin vendas,
La permanencia en el poder de los victimarios materializa el hecho de que el tiempo de quienes han convertido el país en un engranaje de arbitrariedades y abusos es diferente al tiempo de quienes sufrieron los embates de una organización criminal que sigue en el poder y mantiene intacta su estructura criminal.
Siempre habrá quien, con atarraya al hombro, pretenda pescar en río revuelto. El venezolano tiene memoria corta, algunos por interés, otros por conveniencia, por lo que debemos convertir la memoria en una fortaleza, no como acto de venganza, si como un acto de justicia.
En el periodo de transición, aquellos que material e intelectualmente destruyen a Venezuela aspiran un borrón y cuenta nueva de sus acciones para participar en su reconstrucción y juegan al desgaste y al alargue, apostando a que el paso del tiempo e intereses foráneos los ayuden. Para que una transición sea legítima y verdadera, debe construirse sobre la verdad, y no sobre el olvido.
Los intereses de Estado, sobre todo intereses foráneos, no deben prevalecer a las necesidades de un pueblo. En este momento histórico por el que atraviesa Venezuela, si Albert Einstein existiera, pediría que la transición no sea una locura, él pensaba que la locura, es hacer lo mismo una y otra vez esperar resultados diferentes.
La muerte de Víctor Hugo Quero, preso político, desaparecido por más de un año, presuntamente asesinado y enterrado en secreto por la tiranía de la que forman parte Delsy Rodríguez y su camarilla, enciende una luz roja. No se deben esperar resultados diferentes utilizando los mismos actores, los mismos métodos, las mismas estrategias y las mismas estructuras, debemos pensar algo mejor, como tener una organización, actuar con voluntad férrea y tener un plan a ejecutar. Solo así lograremos la libertad conculcada y establecer definitivamente un auténtico sistema democrático de gobierno.
Toda transición que se pide hacerle se debe construir sobre la verdad y no sobre olvido.
Cnel (GN) Antonio Semprún
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FUENTE: >>Cnel (GN) Antonio Semprún
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