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El próximo 6 de diciembre, los venezolanos asistiremos de nuevo a ejercer el sagrado derecho del voto para elegir los diputados que integrarán la Asamblea Nacional (2015- 2020), institución fundamental en la pluralidad, libertad y respeto que debe caracterizar a una sociedad democrática, moderna y civilizada.
Estas elecciones parlamentarias revisten una singular importancia, en circunstancias donde los venezolanos nos debatimos entre la continuidad de un modelo político que fracasó y pretende destruir los cimientos de la nación, o el cambio de rumbo que promueva un modelo político al servicio de los intereses del país, con profunda vocación democrática e inclusión social y con su ciente capacidad para enmendar las profundas distorsiones del proceso revolucionario, para encaminar a Venezuela por destinos promisorios para todos los que vivimos en este hermoso país.
Las proyecciones de los más reputados estudios de opinión pública con firman que la inmensa mayoría de los venezolanos está apostando por un cambio; un cambio sin violencia, respaldado en el voto como mecanismo que nos permite expresar contundentemente nuestra opinión ciudadana. Por vez primera, en estos últimos diecisiete años, el sector democrático aventaja al o ficialismo con un margen que oscila entre 25% y 30%; nunca antes, el o ficialismo había asistido a una elección en estado tan precario, cargando en sus hombros la pesada culpa de una crisis que está afectando gravemente a ocho de cada diez venezolanos.
Otro dato interesante es que conforme pasan los días, aumenta la intención de ir a votar, lo cual es un buen augurio a favor de la salida democrática y pací ca que exigimos los venezolanos amantes de la paz. Es necesario trabajar arduamente por el cambio y la construcción de un mejor país, por es necesario que salgamos todos a votar el próximo 6 de diciembre. Sólo así lograremos el cambio.
La prudencia y el sentido común recomiendan combatir el triunfalismo, en momentos donde los factores democráticos están ganando la contienda electoral. Quienes están ganando el juego, deben acometer todos los esfuerzos y acciones para alcanzar la victoria, partiendo de la premisa que cada voto es necesario para hacer realidad el cambio en nuestra maltratada Venezuela. Haríamos un aco servicio al futuro del país si desde ya, de manera irresponsable, pensamos que el triunfo es de la oposición, omitiendo que las elecciones se ganan con votos y el día de los comicios. No se puede subestimar al adversario.
Mi invitación, en tal sentido, es transformar estos vientos de auspicioso cambio, en trabajo incansable y efectiva organización, convocando a todo el pueblo venezolano a que el 6 de diciembre, llenos de fe y esperanza, votemos por la grandeza de un país que clama a gritos libertad, progreso, justicia y oportunidad para todos.
Estas elecciones parlamentarias revisten una singular importancia, en circunstancias donde los venezolanos nos debatimos entre la continuidad de un modelo político que fracasó y pretende destruir los cimientos de la nación, o el cambio de rumbo que promueva un modelo político al servicio de los intereses del país, con profunda vocación democrática e inclusión social y con su ciente capacidad para enmendar las profundas distorsiones del proceso revolucionario, para encaminar a Venezuela por destinos promisorios para todos los que vivimos en este hermoso país.
Las proyecciones de los más reputados estudios de opinión pública con firman que la inmensa mayoría de los venezolanos está apostando por un cambio; un cambio sin violencia, respaldado en el voto como mecanismo que nos permite expresar contundentemente nuestra opinión ciudadana. Por vez primera, en estos últimos diecisiete años, el sector democrático aventaja al o ficialismo con un margen que oscila entre 25% y 30%; nunca antes, el o ficialismo había asistido a una elección en estado tan precario, cargando en sus hombros la pesada culpa de una crisis que está afectando gravemente a ocho de cada diez venezolanos.
Otro dato interesante es que conforme pasan los días, aumenta la intención de ir a votar, lo cual es un buen augurio a favor de la salida democrática y pací ca que exigimos los venezolanos amantes de la paz. Es necesario trabajar arduamente por el cambio y la construcción de un mejor país, por es necesario que salgamos todos a votar el próximo 6 de diciembre. Sólo así lograremos el cambio.
La prudencia y el sentido común recomiendan combatir el triunfalismo, en momentos donde los factores democráticos están ganando la contienda electoral. Quienes están ganando el juego, deben acometer todos los esfuerzos y acciones para alcanzar la victoria, partiendo de la premisa que cada voto es necesario para hacer realidad el cambio en nuestra maltratada Venezuela. Haríamos un aco servicio al futuro del país si desde ya, de manera irresponsable, pensamos que el triunfo es de la oposición, omitiendo que las elecciones se ganan con votos y el día de los comicios. No se puede subestimar al adversario.
Mi invitación, en tal sentido, es transformar estos vientos de auspicioso cambio, en trabajo incansable y efectiva organización, convocando a todo el pueblo venezolano a que el 6 de diciembre, llenos de fe y esperanza, votemos por la grandeza de un país que clama a gritos libertad, progreso, justicia y oportunidad para todos.

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