Cuando uno revisa las constituciones de buena parte de los países del mundo occidental, -sino todos- observa que para ocupar determinadas posiciones, se exige como requisito inexorable la nacionalidad originaria, es decir por nacimiento.
Deduce uno que los constituyentes consideran que por efecto de ella surge un inmediato y natural afecto hacia el país del cual se es natural o a sus instituciones. Craso error. Ejemplos múltiples de que no es así existen y seguramente a la memoria de cada uno de quienes me lee algún nombre viene a la mente.
El accidente de nacer en un país –porque eso en el fondo es- en nada origina vinculación con el mismo y por el contrario, generalmente, si suscita obligaciones para con él, que le vienen impuestas a quien nace por decisión de otros. Así, cualquiera pudiere argüir que existe una clara violación a los
derechos humanos del recién nacido, cuando a éste, sin su consentimiento, se le generan cargas desde que ello ocurre, las cuales se harán efectivas al llegar a la mayoría de edad.
Pudiera uno preguntarse si es posible que un ciudadano del mundo me represente y al respecto existen respuestas que lo posibilitan que, como en el ejemplo de los árboles y el bosque, ocultan lo evidente.
El ciudadano más universal del globo terráqueo es el Papa.
Es electo él entre sus pares cardenalicios de todo el mundo, por supuesto de distintas nacionalidades. Gobierna un estado del cual ninguno de quienes su posición han ocupado, ha sido nativo. Sus representantes en todo el planeta tienen distinta nacionalidad, inclusive a la propia de él y el alcance de su gestión impacta a personas en todo el orbe. Es un mecanismo para evaluar.
Visto desde esa perspectiva, pudiere uno concluir que la nacionalidad -como mecanismo atributivo de derechos y obligaciones- es entonces una limitante a la integración mundial y lo es más cuando uno observa que la principal potencia del mundo occidental, en lugar de facilitarla, adopta políticas nacionales de cierre a la misma, favoreciendo con éllo la incorporación a nuestro entorno natural, de factores políticos extraños a las prácticas democráticas y occidentales.
En algún momento habremos de meditar con serenidad lo atinente a la nacionalidad y sus efectos. Lo cierto es que la experiencia indica que es posible que terceros extraños a determinada tierra por efecto del nacimiento, representen mejor a la misma que los naturales de élla, quienes a veces, conspiran contra sus instituciones, a pesar de estar –como consecuencia de aquél- obligados a respetarlas.
Gonzalo Oliveros Navarro
@barraplural
FUENTE: R/S/W
¿No estas conforme con la noticia? Déjalo saber en la caja de comentarios
¡Tienes que estar REGISTRADO para agregar comentarios!
¡Tienes que estar REGISTRADO para agregar comentarios!
ESTAMOS EN TELEGRAM: https://t.me/NoticiaSigatokaVenezuela
REDES: Twitter: @SigatokaNegra ; Instagram: @sigatokanegra ; Facebook: @sigatokavenezuela ; Email: sigatoka.negra@yandex.com ; Tumblr:sigatokanegra

No hay comentarios:
Publicar un comentario
GRACIAS POR EMITIR TU OPINIÓN
Todos los contenidos publicados en este sitio web son propiedad de sus respectivos autores. Al utilizar este sitio web afirmas tu aceptación sobre las Condiciones de uso, la Política de privacidad, uso de cookies y el Deslinde de responsabilidades legales.