Por razones académicas –y de vida- el tema de la abstención electoral venezolana ocupa una parte de mi tiempo.
En 2005, como consecuencia de la misma a la elección parlamentaria de diciembre de ese año por parte de la oposición al chavismo, la que es hoy una connotada dirigente político y otra persona que ya estaba activa en esas lides, coincidieron en los términos de una declaración: los diputados electos ese año eran ilegítimos, concepto que en lo personal compartía.
Sucede sin embargo que una cosa pensamos unos y otra los otros –algo así como los rusos también juegan-. Esos parlamentarios ilegítimos le otorgaron a Hugo Chávez dos leyes habilitantes a través de la cual este legisló en cuanta materia consideró conducente el doble que el parlamento en ese período.
Igualmente en esa gestión parlamentaria la Asamblea Nacional le aprobó al inquilino del Palacio de Misia Jacinta su Plan Socialista de la Patria –según redactado por él de puño y letra- y ocurrió la reforma del Banco Central cuyas consecuencias las vemos diariamente en bolsillos y vidas, así como se construyó legalmente el piso político de las comunas, que hoy nuevamente cobra vigencia por la discusión que en la esquina de San Francisco se adelanta, entre otras materias de interés para la vida diaria del venezolano.
El actuar de los beneficiarios de la abstención originó que la legitimidad -aducida como instrumento si se quiere moral- quedare derruida por la fuerza de los hechos. Sin importar que el 75% del electorado del país se hubiere abstenido ese año, es lo cierto que los parlamentarios elegidos actuaron como tales.
La reflexión precedente es válida igualmente para la presidencial del 2018 y la parlamentaria del pasado diciembre. Ilegítimos son los que el ente electoral declaró electos, pero allí están.
Esa situación, tres veces repetida debe conducirnos a una reflexión, que no se debe limitar exclusivamente a cenáculos académicos. El tema es de mayor calado, es de vida en Venezuela.
Desconozco si los partidos políticos del país han reflexionado al respecto. Si lo han hecho probablemente sus militantes conocen los resultados pero del dominio público creo que no lo son.
Discutir sobre ese tema -con argumentos no con ofensas- pudiere conducirnos a evaluar las ventajas obtenidas con la política que los venezolanos que nos oponemos al actuar del chavismo-madurismo hemos adelantado durante este tiempo o las falencias de la misma. En todo caso, del análisis debería salir una conclusión y la subsiguiente acción.
Gonzalo Oliveros Navarro
@barraplural

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