Ese es el número de oportunidades que los colombianos tienen en la práctica para elegir a su presidente este 2022.
La primera se realizará el próximo 13 de marzo, dentro de 70 días. Será el dia final de la elección parlamentaria –puesto que la misma se inicia con los votantes del exterior el 11 de ese mes- por una parte y simultáneamente la selección ciudadana de los candidatos que se presentaran a la contienda presidencial por las tres coaliciones que se han constituido a tal fin vale decir, el Equipo por Colombia, la Coalición Centro Esperanza y el Pacto Histórico. Será ella el prólogo de la primera vuelta presidencial, que se realizará el 29 de mayo del presente año. Sin contar con los candidatos que se presentaran solo a la primera vuelta –caso del ex alcalde de la ciudad de Bucaramanga Rodolfo Hernández- el resultado de lo que ocurra el 13 de marzo algún impacto tendrá.
Con ese preámbulo, si el 29 de mayo en Colombia, quien sume la mayor cantidad de votos, no obtiene la mitad mas uno de los votos, se realizara una segunda vuelta el 19 de junio con los dos candidatos que hubieren alcanzado los dos primeros lugares en la vuelta anterior, con la particularidad que, el que no gane en esta última oportunidad, podrá ocupar un escaño automáticamente como senador si así lo decide.
Pero la participación de los colombianos que pueden votar en los referidos comicios no se limita a apoyar a determinado candidato, dado que la normativa colombiana permite como mecanismo de protesta el voto en blanco y si este supera a todos los candidatos en disputa, deberá realizarse una nueva elección estando impedidos de participar en la misma quienes fueren afectados por dicho mecanismo.
El sistema colombiano, a los ojos de un venezolano que ha visto lo que ha ocurrido en su país en el presente siglo, es absolutamente envidiable. Quienes propusimos en nuestro país la segunda vuelta como mecanismo de validación de liderazgos y fuimos derrotados por los constituyentes, vemos con envidia el mismo, la cual se reafirma al observar que buena parte de las candidaturas se deciden por el voto ciudadano y no por consensos o mediante encuestas muchas veces discutidas.
Si observamos con detenimiento, en Colombia la elección en los términos descritos está ciertamente en manos de los ciudadanos, no de partidos o coaliciones de interés. Son aquellos quienes validan previamente liderazgos y ponen a competir casi que entre iguales a quienes lo hacen, debiendo dejar por sentado como aclaratoria que el mecanismo aplica para coaliciones y no para candidatos unipartidistas o el que fuere seleccionado por varios partidos de manera indiscutida.
En todo caso, la circunstancia de que sea posible concurrir al evento, que los participantes sean financiados por el Estado, que este vele porque la conducta de quienes participan así como la de quienes prestan servicio público se ajuste a la ley, sin ventajas de ninguna índole, son muestras de que el sistema funciona mucho mejor que en nuestro país donde el voto ha sido demeritado como mecanismo de cambio, dada las decisiones que en su momento adoptó nuestro Consejo Nacional Electoral, las sentencias que expidió el poder judicial y las conductas que en varias ocasiones los electores hemos asumido como protesta infructuosa.
Uno como venezolano no opinará sobre candidaturas colombianas. A los nacionales del país corresponde hacerlo, tan solo me limito como demócrata respecto de lo que ocurre en Colombia, a invitar a participar en los comicios, para lo cual es menester estar inscrito o haber actualizado la inscripción en el registro respectivo, antes de que el mismo cierre.
Finalmente, por lo que concierne a Venezuela, mi sugerencia respetuosa a quienes en ella se encuentran es que evalúen la posibilidad de implementar via enmienda o reforma constitucional las medidas necesarias para mejorar nuestra situación democrática, total la iniciativa ciudadana al respecto requiere un quórum de convocatoria ciudadano muy inferior al requerido para el revocatorio y, adicionalmente, salvo que este logre implementarse este 2022 y produzca su correspondiente efecto jurídico antes del 10 de enero de 2023 o que en las negociaciones de México se acuerde adelantarlas, en nuestro país no tendremos elecciones hasta las presidenciales del 2024.
Gonzalo Oliveros Navarro
@barraplural
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