Oh hombres, a vosotros clamo; Dirijo mi voz a los hijos de los hombres. Entended, oh simples, discreción; Y vosotros, necios, entrad en cordura. Oíd, porque hablaré cosas excelentes, Y abriré mis labios para cosas rectas. Porque mi boca hablará verdad, Y la impiedad abominan mis labios. Justas son todas las razones de mi boca; No hay en ellas cosa perversa ni torcida. Todas ellas son rectas al que entiende, Y razonables a los que han hallado sabiduría. Recibid mi enseñanza, y no plata; Y ciencia antes que el oro escogido. Porque mejor es la sabiduría que las piedras preciosas; Y todo cuanto se puede desear, no es de compararse con ella. Yo, la sabiduría, habito con la cordura, Y hallo la ciencia de los consejos. El temor de Jehová es aborrecer el mal; La soberbia y la arrogancia, el mal camino, Y la boca perversa, aborrezco. Conmigo está el consejo y el buen juicio; Yo soy la inteligencia; mío es el poder. Por mí reinan los reyes, Y los príncipes determinan justicia. Por mí dominan los príncipes, Y todos los gobernadores juzgan la tierra. Yo amo a los que me aman, Y me hallan los que temprano me buscan. Proverbios 8:4-17
Definitivamente en el corazón de Dios está que todos sus hijos nos ocupemos en alcanzar la sabiduría, la inteligencia y entendamos la justicia para atesorarlas como lo más valioso que podamos conquistar en esta tierra.
El provervista guiado por el Espíritu de Dios nos invita a buscar su rostro bien temprano, de madrugada, desde la niñez o juventud, o si no por lo menos desde que nacemos de nuevo, dándole el primer lugar desde que abrimos nuestros ojos, con agradecimiento y reconocimiento de su total y absoluta soberanía, apreciando su buen cuidado y cultivando el temor reverente al tenerlo reinando en un corazon humilde que sabe oír su voz.
Vivamos con discreción y seamos más cuerdos y bien centrados en su reino santo, abandonando la simpleza propia de los necios y de los vacios espirituales, para adquirir la sabiduría que nos ofrece el Señor omnisciente y Todopoderoso con el fin de llenarnos de su amor sempiterno, gloria, poder, autoridad y dominio en este plano natural y hasta la eternidad.
El sabio demuestra la sabiduría cuando entra en razón y entiende lo que es la impiedad y se atreve a aborrecerla, con el único propósito de cultivar el genuino temor de Dios, que es lo que nos llena de ella y nos permite ser cada día más sabios e inteligentes para poner orden divino a nuestra vida, de tal manera que podemos vivir como verdaderos hijos de Dios y no como bastardos de su reino.
Sabiduría, sabiduría, sobre todas las cosas adquiere sabiduría.
Buen día. Bendiciones.
SHALOM. I.R.R.M.
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