@SebastianaB
Ya había oído de Rafael Moreno Labrador, dirigente del otrora poderoso Acción Democrática (AD) en Táchira, partido con cuyos principales dirigentes estuve en casi permanente conflicto en aquellos años en que su poder parecía no tener fin y hacía uso y abuso de él. Rafael era un dirigente popular y querido.
Rafael Moreno Labrador se marchó a la eternidad
Yo, una periodista siempre irreverente, pero hay momentos con algunas personas que marcan hitos en nuestra vida y eso me ocurrió con Rafael Moreno el 15 de agosto de 1994. Siempre me ha gustado madrugar así que era la primera en llegar al Diario La Nación y me dedicaba a chequear las informaciones internacionales para saber por dónde andaba el mundo.
Eran las 7 de la mañana y mis ojos se encontraron con una noticia recurrente en las primeras páginas: la captura en Sudán del venezolano Ilich Ramírez Sánchez llamado Carlos El Terrorista o Carlos El Chacal, quien había sido secuestrado por su escolta armada, trasladado a un aeropuerto privado y entregado a la policía francesa quien lo llevó a Francia, donde era solicitado por el asesinato de dos funcionarios de Vigilancia Territorial.
Ilich Ramírez está preso en Francia
Más sorpresa aun es que leí que Ilich era de Michelena, población del Táchira, donde al parecer vivía una tía suya. Mientras leía con avidez pensaba que lo mejor era irme hasta Michelena a ver si conseguía a la tía esa. Repica el teléfono de la redacción y era Rafael Moreno Labrador, quien preguntó por el jefe de información, le dije que solo estaba yo.
Oiga señor Moreno, ¿usted sabrá por casualidad en qué parte exactamente vive la tía de este Ilich que detuvieron en Sudán?
No Barráez, no sé si esa tía vive ahí, pero el papá vive antes de llegar al Terminal de San Cristóbal.
¿El papá? Oh, eso es genial, a unos pasos de aquí. Quiero ir a entrevistarlo.
No, no se te ocurra. Él es mi amigo, pero le aseguro que odia a los periodistas.
No importa, pero pruebo a ver si me atiende. Dígame dónde es exactamente.
¿Estás segura? Altagracia tiene carácter difícil y para nada le gustan los periodistas; puede hacerte pasar un mal rato.
Yo resisto, pero dígame dónde es y bueno toco la puerta, si se niega a hablar conmigo, pues por lo menos veo quien entra y quien sale de ahí.
(silencio, suspiro) Bueno, mejor yo te llevo Barráez. Te paso buscando, ya salgo para La Nación.
Miedo, sí
Pensé mil cosas de lo que le diría a José Altagracia Ramírez Navas para que no me corriera y para hacerlo hablar sobre la detención de su hijo. En ese tiempo no había el acceso de hoy a medios internacionales, así que pensé que ese señor estaría ansioso por tener noticias frescas.

Ya había oído de Rafael Moreno Labrador, dirigente del otrora poderoso Acción Democrática (AD) en Táchira, partido con cuyos principales dirigentes estuve en casi permanente conflicto en aquellos años en que su poder parecía no tener fin y hacía uso y abuso de él. Rafael era un dirigente popular y querido.
Rafael Moreno Labrador se marchó a la eternidad
Yo, una periodista siempre irreverente, pero hay momentos con algunas personas que marcan hitos en nuestra vida y eso me ocurrió con Rafael Moreno el 15 de agosto de 1994. Siempre me ha gustado madrugar así que era la primera en llegar al Diario La Nación y me dedicaba a chequear las informaciones internacionales para saber por dónde andaba el mundo.
Eran las 7 de la mañana y mis ojos se encontraron con una noticia recurrente en las primeras páginas: la captura en Sudán del venezolano Ilich Ramírez Sánchez llamado Carlos El Terrorista o Carlos El Chacal, quien había sido secuestrado por su escolta armada, trasladado a un aeropuerto privado y entregado a la policía francesa quien lo llevó a Francia, donde era solicitado por el asesinato de dos funcionarios de Vigilancia Territorial.
Ilich Ramírez está preso en FranciaMás sorpresa aun es que leí que Ilich era de Michelena, población del Táchira, donde al parecer vivía una tía suya. Mientras leía con avidez pensaba que lo mejor era irme hasta Michelena a ver si conseguía a la tía esa. Repica el teléfono de la redacción y era Rafael Moreno Labrador, quien preguntó por el jefe de información, le dije que solo estaba yo.
Oiga señor Moreno, ¿usted sabrá por casualidad en qué parte exactamente vive la tía de este Ilich que detuvieron en Sudán?
No Barráez, no sé si esa tía vive ahí, pero el papá vive antes de llegar al Terminal de San Cristóbal.
¿El papá? Oh, eso es genial, a unos pasos de aquí. Quiero ir a entrevistarlo.
No, no se te ocurra. Él es mi amigo, pero le aseguro que odia a los periodistas.
No importa, pero pruebo a ver si me atiende. Dígame dónde es exactamente.
¿Estás segura? Altagracia tiene carácter difícil y para nada le gustan los periodistas; puede hacerte pasar un mal rato.
Yo resisto, pero dígame dónde es y bueno toco la puerta, si se niega a hablar conmigo, pues por lo menos veo quien entra y quien sale de ahí.
(silencio, suspiro) Bueno, mejor yo te llevo Barráez. Te paso buscando, ya salgo para La Nación.
Miedo, sí
Pensé mil cosas de lo que le diría a José Altagracia Ramírez Navas para que no me corriera y para hacerlo hablar sobre la detención de su hijo. En ese tiempo no había el acceso de hoy a medios internacionales, así que pensé que ese señor estaría ansioso por tener noticias frescas.

José Altagracia Ramírez Navas
Tomé todas las informaciones de las agencias internacionales de noticias, las imprimí y las metí en mi bolso. Dejé una nota al jefe de información que llegaba alrededor de las 9 de la mañana, donde le decía para dónde me había ido.
Tomé todas las informaciones de las agencias internacionales de noticias, las imprimí y las metí en mi bolso. Dejé una nota al jefe de información que llegaba alrededor de las 9 de la mañana, donde le decía para dónde me había ido.
Ya en el vehículo Rafael me dijo que si Altagracia se ponía agresivo saliera rápido de su casa, que ni siquiera sabía si abriría la puerta.
La primera sorpresa es que la casita era humilde y estaba bastante retirada del portón que daba a la calle. Una señora de edad, con ojos hermosos y acento extranjero, apenas abrió después que tocamos varias veces. A lo lejos Ramírez lo reconoció porque además Rafael era alto y corpulento.
Unos segundos después de saludarse con el abrazo de solidaridad, Rafael me presenta: “Ella es Sebastiana Barráez, una periodista amiga”. Altagracia Ramírez me miró con sus ojos escudriñadores. Yo, temblando en espera de la reacción, dije de inmediato: “quise traerle las informaciones que han sido publicadas hoy en las agencias internacionales sobre el caso de su hijo”.
El hombre tomó los documentos con rapidez, los hojeó y nos invitó al interior de la pequeña casa. Un café, charla del mundo, política y poesía, más café, más charla. Repica mi celular.
¿Sebastiana Barráez? ¿Estás con el papá de Carlos El Chacal?
Apenas pude decir “si”. Le hablamos de la emisora (tal) de Caracas, vamos al aire de inmediato 5,4,3…
Cerré la llamada y apagué el celular. Miré a Altagracia y luego a Rafael que me hizo señas de irnos, lo ignoré, pero insistió nervioso y se levantó murmurando que tenía un compromiso. “Yo me quedo un ratico más hasta que me termine el café”, le dije.

Una foto familiar de Moreno Labrador
Siempre recordaré el rostro moreno de Rafael, abriendo mucho los ojos, casi suplicante, preocupado por mí, a quien apenas conocía.
“Parece que va a llover, mejor te llevo”. Altagracia intervino. “Siéntate y déjala que termine el café”.
Para Moreno Labrador ya la visita era insostenible. Y se marchó. El padre de Ilich me dijo: ¿de verdad es usted periodista? Respondí que sí.
“Entonces sabe quién es mi hijo”. No, en realidad no sabía de su existencia hasta hoy cuando leí que lo detuvieron y que lo señalan de ser un terrorista. “No, mi hijo es un héroe”. Parece usted muy fuerte, porque no está impactado por lo sucedido. “Se equivoca, la mamá de él sí es fuerte, yo hoy ya lloré”.
Hablamos de las cosas que escribía, de su gusto por la lectura, por la poesía y por su trabajo como abogado. Algunas de las cosas que me dijo nunca las llegué a publicar.
Al salir de su casa, no me acompañó hasta el portón “porque esos hijuep… periodistas deben estar por ahí”, me dijo. Salí presurosa, abrí el portón y un enjambre de personas se me acercó. “¿Quién eres? ¿Es familia de Carlos El Chacal? ¿Está el papá de él? Porque vive aquí ¿cierto?”. Me limité a decir que solo fui a entregar el pan del día.
Mire las enormes antenas que estaban colocando en plena calle, los micrófonos y los periodistas. Crucé hacia la calle siguiente y tomé el primer autobús que pasó. Me dirigí a La Nación donde apenas entré la recepcionista me dijo que me llamaban de una televisora internacional.
La chica al otro lado de la línea telefónica me preguntó por la entrevista realizada a Altagracia Ramírez y le dije que no hubo ninguna.
La huída
En la redacción me senté dispuesta a escribirlo todo, pero finalmente apenas escribí una parte, la que correspondía a su hijo.
La Nación se convirtió en una referencia mundial, al publicar total o parcialmente lo publicado. Fuimos los únicos que logramos tener acceso a alguien de la familia de Ilich Ramírez Sánchez.
Al día siguiente, cuando regresaba de almorzar, una hija del dueño de La Nación me advirtió que Altagracia Ramírez había llamado a su papá, José Rafael Cortés, a quien conocía y tenían buena relación, y le había dicho que me mataría por la publicación. “Mi papá dice que es mejor que te vayas unos dïas de vacaciones, porque el señor está realmente molesto”. Y así fue, estuve de viaje un tiempo.
Nunca hablé con Rafael Moreno Labrador de lo sucedido, pero entre él y yo siempre hubo un sentimiento hermoso de cariño y amistad. Desde hace unos años lo encontré algunas veces en una panadería de Barrio Obrero, donde se reunía con amigos a hablar de política.
Siempre agradecí aquel gesto de llevarme a la casa del doctor Ramírez, pero más aun su nobleza al tratar de proteger a la imprudente periodista que era yo al inicio de mi carrera.

Siempre recordaré el rostro moreno de Rafael, abriendo mucho los ojos, casi suplicante, preocupado por mí, a quien apenas conocía.
“Parece que va a llover, mejor te llevo”. Altagracia intervino. “Siéntate y déjala que termine el café”.
Para Moreno Labrador ya la visita era insostenible. Y se marchó. El padre de Ilich me dijo: ¿de verdad es usted periodista? Respondí que sí.
“Entonces sabe quién es mi hijo”. No, en realidad no sabía de su existencia hasta hoy cuando leí que lo detuvieron y que lo señalan de ser un terrorista. “No, mi hijo es un héroe”. Parece usted muy fuerte, porque no está impactado por lo sucedido. “Se equivoca, la mamá de él sí es fuerte, yo hoy ya lloré”.
Hablamos de las cosas que escribía, de su gusto por la lectura, por la poesía y por su trabajo como abogado. Algunas de las cosas que me dijo nunca las llegué a publicar.
Al salir de su casa, no me acompañó hasta el portón “porque esos hijuep… periodistas deben estar por ahí”, me dijo. Salí presurosa, abrí el portón y un enjambre de personas se me acercó. “¿Quién eres? ¿Es familia de Carlos El Chacal? ¿Está el papá de él? Porque vive aquí ¿cierto?”. Me limité a decir que solo fui a entregar el pan del día.
Mire las enormes antenas que estaban colocando en plena calle, los micrófonos y los periodistas. Crucé hacia la calle siguiente y tomé el primer autobús que pasó. Me dirigí a La Nación donde apenas entré la recepcionista me dijo que me llamaban de una televisora internacional.
La chica al otro lado de la línea telefónica me preguntó por la entrevista realizada a Altagracia Ramírez y le dije que no hubo ninguna.
La huída
En la redacción me senté dispuesta a escribirlo todo, pero finalmente apenas escribí una parte, la que correspondía a su hijo.
La Nación se convirtió en una referencia mundial, al publicar total o parcialmente lo publicado. Fuimos los únicos que logramos tener acceso a alguien de la familia de Ilich Ramírez Sánchez.
Al día siguiente, cuando regresaba de almorzar, una hija del dueño de La Nación me advirtió que Altagracia Ramírez había llamado a su papá, José Rafael Cortés, a quien conocía y tenían buena relación, y le había dicho que me mataría por la publicación. “Mi papá dice que es mejor que te vayas unos dïas de vacaciones, porque el señor está realmente molesto”. Y así fue, estuve de viaje un tiempo.
Nunca hablé con Rafael Moreno Labrador de lo sucedido, pero entre él y yo siempre hubo un sentimiento hermoso de cariño y amistad. Desde hace unos años lo encontré algunas veces en una panadería de Barrio Obrero, donde se reunía con amigos a hablar de política.
Siempre agradecí aquel gesto de llevarme a la casa del doctor Ramírez, pero más aun su nobleza al tratar de proteger a la imprudente periodista que era yo al inicio de mi carrera.

Rafael Moreno Labrador en silla de ruedas
Alguna vez, en esa panadería, le prometí escribir lo sucedido aquel día con el padre de Ilich. Sonrió desde su silla de ruedas. Hace unos días Rafael se fue de viaje a la eternidad. Me dolió su muerte. Me sentí en deuda con él y avegonzada por no haber tenido tiempo para plasmar aquel gesto hermoso que tuvo cuando yo era una chica aún.
Mi querido Rafael, sé que Dios te premiará en su Gloria y bendecirá a tu familia por siempre. Aquí estoy cumpliendo tardíamente con mi promesa.
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FUENTE: >>https://www.fronteraviva.com/rafael-moreno-labrador-el-padre-de-ilich-el-terrorista-y-yo/
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Alguna vez, en esa panadería, le prometí escribir lo sucedido aquel día con el padre de Ilich. Sonrió desde su silla de ruedas. Hace unos días Rafael se fue de viaje a la eternidad. Me dolió su muerte. Me sentí en deuda con él y avegonzada por no haber tenido tiempo para plasmar aquel gesto hermoso que tuvo cuando yo era una chica aún.
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