Recuerdo con sentimientos profundos de alegría y gratitud a Dios a nuestro Carúpano, donde vi la luz de mi existencia, la tierra de mar abierto del amor y la constancia. Carúpano, de vida eterna y presente con nuestro abrazo fraterno para entregarles a las nuevas generaciones los ánimos de lo que fue Carúpano de ayer, de su tranvía, del cable submarino, los vapores en el puerto, el funicular, de sus artesanías, industrias y comercio de exportación, de sus Iglesias, Santa Rosa de Lima, Santa Catalina de Siena. Santa Teresa y el amor a Dios, al don de gente del carupanero, con el ahínco para el trabajo y con el entusiasmo de los aguinaldos, del carnaval internacional, de tierra oculta entre follaje con los brazos abiertos para nuestros hermanos que han venido desde España, Córcega, Italia, del medio y lejano oriente, de Alemania y de todas partes del mundo, porque en Carúpano, no se ha usado nunca la palabra extranjero sino de hermanos en el camino de la vida. Ciudad que ha dado lumbre de honor a generaciones orgullosas y de tantas familias que se radicaron en esa tierra, como dice mi distinguida amiga Elisa Arráiz Lucca “Te pienso en el puerto”. Transitaron, convivieron y conviven en sus descendientes carupaneros de corazón, de aquellas familias originarias que adoptaron a Carúpano: Orsini, Venturini, Lucca, Espinal, Font, Carbonell, Rigual, Mussa, Cervoni, Salcedo, Vásquez, Silva, Filiberti, Bittán, Arveloa, Saín, la madama Rusa, así se conocía, Tatá, Rabat, Chifoni, Figallo, Alcalá, Marengo, Kasisse, Saladino, Lyon, Massiani, Pietri, Cipriani, Oletta, Tavera, Bastardo, Levy, Muzzioti, Blasini, Benedetti, Boschetti, Otaola, Mayz, Russián, Guiliani, Bethermit, Angrisano, Buloz, Prosperi, Cerisola, Narciso, Angeli, Kramer, Montagioni, Bertoncini, Paván, Fejure, Bianchi, Michelli, Santelli, Franceschi, Tang, Sujú, Merle y tantos otros apellidos, hermanos todos. Dignos ejemplos de amor, de trabajo y de familia, que algún día, allá en el cerro del faro, deberá erigirse un monumento al abrazo fraterno de Carúpano, en recuerdo inolvidable de ellos, que también son sus fundadores y nos llamábamos “primos” y saboreábamos el esnobol de jovito del río, el de coco papelón, las empanadas de cazón y de chorizo, el ron de ponsigué en diciembre, los pasteles, el consomé de chipichipi y toda esa gastronomía carupanera. Unidos por vínculos genéticos y de amistad con los carupaneros nacidos en otras tierras y al admirar la pléyade de amigos del hoy, su Museo Histórico, del Ateneo, de los negritos de Cerisola y el recuerdo a José Francisco Bermúdez, Andrés Mata, Bartolomé Tavera Acosta, José Luis Salcedo Bastardo, de Luis Mariano Rivera y de tantos honorables e ilustres inolvidables carupaneros nacidos en todo el mundo y en muchas ciudades de nuestra patria, para ser carupaneros, tierra del amor y la constancia.
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FUENTE: >>https://www.costadelsolfm.org/2023/01/11/cesareo-espinal-vasquez-carupano-tierra-de-amor-y-constancia/
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