Hay personas muy dadas a darle voz y exposición a las actuaciones irregulares o delincuenciales de los venezolanos fuera de nuestras fronteras.
Pareciere que se regodean en el hecho que algunos mala conducta, que lo eran igual en Venezuela, ahora se encuentran por el mundo, quizás producto de las circunstancias o probablemente enviados desde nuestro país con precisas instrucciones, puesto que la decisión política de algunos fue hacer en lo posible la vida de cuadritos a otros dentro y fuera del país. Esos individuos, en cualquier lugar del mundo donde se encuentren, demeritan nuestro gentilicio pero no, no nos representan.
Si cada uno de los venezolanos que me lee hiciere un pequeño listado de personas que conoce que nacieron en nuestro país, o mejor aún, que lo hicieron fuera de él y lo adoptaron como propio y por distintas razones, de Venezuela salieron, observará que quienes le representan extra fronteras son muchos más que esos individuos que, allende nuestros linderos patrios, con su conducta buscan exponernos al desprecio general, coadyuvados, repito, probablemente sin pensarlo, por quienes replican por las redes su conducta.
Pudiera hacer un listado de personas prestantes que me representan como venezolano. Esas que con su accionar público le dicen al mundo lo que somos. Ello sería tarea fácil: artistas, deportistas, economistas, ingenieros, médicos, periodistas y abogados, por solo citar algunas profesiones, muchos por el mundo se encuentran y son de todos conocidos y obvio es decirlo, que demuestran al mundo lo mejor de nosotros.
Sin embargo, aparte de ellos y solo a título de ejemplo, en lo que a mí concierne, como venezolano fuera de mi país me representan Ender Barrillas o Guillermo Marcano en Estados Unidos; Miguel Martínez de La Riva en Panamá o Mariantonia Gabaldon en Alemania. Edna Valdivieso en Ecuador, Janeth Hurtado y Carlos Brender Ackerman en Colombia. Luis Guillermo Fleming Hernandez en Austria o Mirka Guevara, Wendy Naranjo, Armando Nuñez o July Balboni en España; Francisco Esteban Fernández o Beatriz Alvarez en las islas Canarias; Ismary Sosa en Argentina y Mauro Ranghi en Sicilia.
Ellos, venezolanos del común, que todos los días -cuando realizan su diario quehacer- lo hacen bien, que ayudan a quien tienen al alcance y dejan siempre en alto nuestro gentilicio venezolano, unos nacidos en nuestra tierra y otros que la adoptaron como propia, son, aparte de mi familia que afuera está, unos pocos de los muchos referentes personales con los que me siento dignamente representado en donde se encuentran.
Me encarnan asimismo los hombres y mujeres venezolanos en Colombia que, de muy buena fe, la gran mayoría sin acceso a recursos, prestan atención humanitaria desde pequeñas organizaciones que han creado, a nuestra migración, solo por la circunstancia que comprenden que, aun estando ellos en condición económica muy limitada, otros connacionales lo están más.
En modo alguno me siento representado por malandros y malvivientes que, a los distintos países que han llegado, se dedican a perturbar a los habitantes del mismo, las mas de las veces delinquiendo.
La nacionalidad es, de primer momento, una imposición de Estado. Esa exigencia se complementa con la decisión de querer y respetar al país del cual se es originario y, adicionalmente, de adoptarlo como propio cuando allí no se nació, lo que mucho más valor tiene. Ese pequeño listado que he compartido de venezolanos que afuera están lo integran personas que nacieron en Venezuela o la eligieron como su país y, en cualquier parte honran su gentilicio. Allí, donde se encuentran y actúan, ellos son motivo de personal orgullo.
Ese listado previamente presentado, que –repito- se queda corto, muy corto, respecto de mis representantes por el mundo, está integrado por venezolanos de bien, que, con su trabajo diario, dentro de nuestras fronteras crearon empleo, formaron generaciones o en todo caso coadyuvaron al engrandecimiento del país y que hoy afuera están, en su gran mayoría, contra su voluntad.
Son ellos, sobre todo, personas que, con su diario quehacer, dentro de nuestras fronteras y fuera de ella, han tratado siempre, aunque solo sea en los límites de su vida familiar y personal, de dar buen testimonio de su nacionalidad. Sobre ellos haría cualquier número de videos, en comparación con aquél que detienen con una pistola al cinto o un cuchillo arrebujado. Respecto de estos últimos, no pierdo mi tiempo: que respondan por su accionar sin que ello implique que su conducta me representa.
Si cada uno de nosotros hiciere su propio listado de los paisanos que por el mundo se encuentran que sienten les representa, concluiría, como lo hago yo, que los buenos somos más, muchos más y por tanto, ninguna ventana le daría a quienes con su conducta, demeritan de nuestro gentilicio.
Gonzalo Oliveros Navarro
@fundacion2pais1
@barraplural
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FUENTE: >>Gonzalo Oliveros Navarro
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