Antes, durante y después de la Segunda Guerra Mundial se fue formado una importante comunidad de origen hebreo en Venezuela, en especial en Caracas. Con el paso del tiempo ésta se convertiría en, quizá, la tercera población judía más importante y más grande en la América del Sur. Solo superada, probablemente en volumen, por la de Argentina y aquella que se radicó en Brasil. El caso es que los judíos venezolanos se transformaron rápidamente en un poderoso motor del desarrollo nacional y del crecimiento sostenido del Producto Interno Bruto No Petrolero en nuestro país.
Con la llegada de Hugo Chávez, en su afán de venderse a los poderes del terror a cambio de la realización de sus guisos, éste se empató una y muchas veces con los palestinos, los musulmanes radicales y en especial con los pajarracos de la República Fundamentalista de Irán y sus brazos asesinos, el grupo terrorista Hamas.
Chávez, en una de sus fases maniacas y por recomendación de sus ya para ese entonces amiguitos del Hamas, le dio por expropiar el emblemático edificio La Francia, uno de los más importantes centros joyeros del Caribe, evidentemente manejado durante añales por expertos judíos.
La excusa que se inventó Chávez era que, desde el edificio de La Francia, existían y estaban en funcionamiento poderosos aparatos de escuchas electrónicos puestos por el Mossad, para enterarse de las estupideces y de los planes “secretos” que se fraguaban dentro del Palacio Federal Legislativo que, justamente, está al frente. Esa consistió ser la acción visual de la cara oculta de una serie de actos de persecución, expropiaciones indebidas, agresiones en contra de las sinagogas y chantajes sobre la comunidad hebrea radicada en Venezuela, fomentados, permitidos y auspiciados desde Miraflores.
Lo que nunca, jamás de los jamases, había ocurrido antes en nuestro país; en Venezuela NO se conocía la xenofobia. La xenofobia la trajo Chávez también escondida en el maletín en el que llevaba las herramientas para tirar sus atracos. Todo, claro está, por presión de las cucarachas de Irán, Siria y la Palestina radical que apenas iniciaban el romance con el dictador.
Los hebreos hostigados y, ni pendejos que fueran, poco a poco fueron abandonando Venezuela sin hacer mayor ruido, como siempre hacen ellos cuando les toca escapar.
A Venezuela se le fue el prodigioso talento judío-venezolano, ¡una pérdida neta! Ellos, toca decirlo, forman una parte importantísima de la cuenta negativa de los casi 8 millones de personas que se largaron del país por ser perseguidos o por no aguantar lo que estos malvivientes han convertido a Venezuela.
Y, como en la mayoría de los casos, estas situaciones lo que hacen es complicarse cada vez más, todos conocemos los secretos a voces en un país de chismosos de los arreglos, las “amistades” y los supuestos secretos del estado. Los terroristas de Hamas, esos mismos que están en este momento tratando de arrasar con el Estado de Israel desde sus ratoneras en la Franja de Gaza, tienen varios campos de entrenamiento para los colectivos del régimen en Venezuela, aliviaderos para sus “angelitos” en recuperación y toneladas de pasaportes, cedulas y todo tipo de documentaciones “Hechas en revolución” para que se paseen «de la sala al comedor», como en la canción de la manzana.
Yo sí, de frente: Yo, Pablo Medina, me considero y me declaro amigo del Estado de Israel. Soy de los que cree que si los palestinos no son capaces de convivir con quienes controlan Tierra Santa, que son los judíos en santa paz y subordinación a las leyes de ese país, tienen que irse. En el Sur, allá en Kuwait o en Arabia Saudita, por ejemplo, sus paisanos los esperan de mil maneras para acogerlos y explotarlos como mano de obra bien barata.
Este pasticho que son las relaciones políticas internacionales, sin duda, que son muy complejas. Yo imagino que como sabemos todos los que estamos y los que no estamos en Venezuela, que existen “entrañables” relaciones entre el régimen de Caracas con Irán y su Hamas, entonces ¿lo ignorarán los directivos de la CHEVRON y de la EXXON MOBIL que tan bien se llevan con Maduro, Diosdado y Padrino, rufianes que declaran estar tan, pero tan, felices con lo que los terroristas de Hamas están llevando a cabo en Israel, y en especial con las atrocidades maniacas que llevan a cabo entre la población civil judía de la Franja de Gaza?
Menos mal que esta tonelada de estopa, de enredos, de complicidades y de muchos oídos sordos está próxima a terminar. ¿Y cómo va a terminar? Entonces, voy a recordar una de las frases favoritas que ellos usan para intimidar: «Esta vaina se va acabar por las buenas o por las malas».
Por eso: ¡Dios, Venezuela Libre y Cese de la Ocupación!
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