No es casual. Es cosa del demonio. Las manos que controlan y jefean al régimen en Venezuela son las mismas que manejan a Guyana desde su independencia de los ingleses en los años 60 del siglo XX. En ambos casos se trata de los inefables hampones con sede en la isla de Cuba. No son casuales las excelentes vinculaciones entre el dictador Fidel Castro y las Exxon Mobile en Guyana y en el Esequibo.
Tampoco es casual ni fortuito que quienes explotan sabroso los hidrocarburos y las riquezas minerales como les da su gana en ambos países, son también los mismos.
La Chevron, la Exxon Mobil, la British Petroleum y cualquier cantidad de consorcios de la Republica Socialista China y de la Federación Rusa están pegados a todo lo que tiene valor en ambos países. Maderas preciosas, arenas superconductoras y minerales con enorme valor para la poderosísima industria de armas, tanto convencionales como tácticas. Ustedes saben, aquellas que explotan durísimo, matan de una vez a un gentío y dejan una asesina estela radiactiva por los siglos de los siglos.
Total mis amigos: esa es la Venezuela del Arco Minero y del pedazo robado por los ingleses a nuestro país desde hace más de dos siglos, la Zona en Reclamación. Y esos riquísimos territorios son manejados por los mismos hampones de lado y lado de una frontera aún en disputa. Unos usando cuello y corbata, otros con uniformes copiados del ejercito cubano, pero que desayunan con arepas. Y ambos territorios son nominalmente de dos pueblos vecinos que ni se conocen. Que viven uno al lado del otro, hablan dos idiomas distintos, son de razas diferentes y comen cosas que tampoco se parecen. Y lo más probable es que ni los guyaneses ni los venezolanos sean capaces de reconocerse entre ellos. Tan cerca y tan lejos a la vez… ¿Qué tal?
Pero ambos tiene otra “cosa” en común: los dos, tanto el pueblo guyanés como el pueblo de Venezuela, son naciones explotadas y saqueadas por los mismos bichos del siglo XXI.
Porque estemos claros: no hay, no existen, dos regímenes en Cuba.
Por un lado Maduro, que le envía todas las semanas por el puerto de Amuay miles de barriles de petróleo de regalo para revender y por otra la Cuba mala que le sopla en la oreja a los gorilas de Guyana desde hace casi tres generaciones sobre el qué, el cuándo y el cómo deben hacer con sus vidas.
Chávez nunca pudo regalar, ni ceder los derechos, como tampoco debió dejar el Diferendo así con Guyana, como nos tratan de hacer creer algunos por ahí. Del mismo modo, Maduro no puede ni vender, ni enajenar, ni regalar un millón de hectáreas a los iraníes. ¡Pendejo quien se lo crea! Venezuela no es botín.
Que Venezuela esté secuestrada por unos hampones que tienen las santas bolas de vender lo que le han robado a toda la nación venezolana no quiere decir, ni muchos menos, que lo que están haciendo o hayan hecho en el pasado tenga algún valor legal en el futuro, una vez que salgamos de esta pesadilla.
Ellos, como los ladrones de esquina, venden lo que no es suyo, lo que le han robado a un pobre pueblo mil veces engañado.
La sola preguntadera en la cual insiste el colombiano Maduro y su banda ya es muy capciosa. Porque nadie, nadie en el mundo, se pregunta a sí mismo si lo que es suyo, suyo por derecho, puede ser de uno y de alguien más.
Esos trabalenguas de leguleyo borracho egresado de la Universidad Bolivariana esconden la intención de montar un show en Venezuela. Un show muy peligroso que los mismos sinvergüenzas del siglo XXI en Venezuela no tienen cómo sostener en la taquilla.
¡El país solo cuenta con unas fuerzas armadas dedicadas en su gran mayoría a la producción y al tráfico de drogas! No tenemos ya fuerza aérea. Tampoco nos queda marina, sino ruinas que flotan. Además tener listas interminables de desertores sobre las armas, que han huido del país por hambre y por mengua. ¿Será con el malandraje entrenado como colectivo, con lo que el régimen aspira montar un numerito militar?
Aunque la verdad es que todo indica que una escalada patriotera promovida por un régimen que ha vendido, saqueado y prostituido a todo el país al primer postor, lo que pretende de verdad es tapar el desastre y hasta la remota posibilidad de llegar a 2024 y realizar un parapeto de elecciones presidenciales. ¡Y ya esa película también la conocemos!
Por eso: ¡Dios, Venezuela Libre y Cese de la Ocupación!
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FUENTE: >>https://venezuelaredinformativa.us/la-misma-peliculita/
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