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miércoles, enero 21, 2026

María Corina y el desafío de la victoria: ¿coherencia liberal o realpolitik inevitable?

La narrativa que rodea a María Corina Machado revela una tensión estructural entre el ideal liberal-originario y la praxis política tradicional. Formada bajo la premisa de un gobierno de unidad transversal, su actual entramado de alianzas —con actores del bipartidismo en EE. UU. y sectores opositores a Trump, figuras del extinto “gobierno interino” y cuadros asociados a Voluntad Popular— sugiere una reconfiguración estratégica que prioriza la gobernabilidad anticipada sobre la coherencia doctrinaria.

La absorción y recomposición de Vente Venezuela, con el desplazamiento de sus fundadores y la incorporación de exoficialistas y operadores del G4, refuerza la hipótesis de una coalición de poder antes que la de un movimiento ideológico auténticamente orientado a enfrentar el socialismo y a defender las ideas de la libertad.

La economía política de la oposición no es un detalle menor. La política moderna exige financiamiento sostenido —pauta mediática, influenciadores, propaganda y logística— y los nodos con mayor liquidez provienen de redes vinculadas a la gestión de recursos internacionales del interinato, provenientes de la ayuda humanitaria de la USAID. Nada es gratuito en la arquitectura del poder; los costos suelen saldarse con cuotas de gobierno, ministerios y cargos.

Esta dinámica, clásica en Venezuela, explica tanto la adhesión acrítica de algunos sectores (efecto bandwagon) como el escepticismo de otros que perciben una campaña intensiva y dirigida, más que un fenómeno espontáneo de opinión pública.

El punto neurálgico no es el triunfo, sino el método. A diferencia de experiencias pasadas, los actos y alianzas actuales anticipan el estilo de gobernanza. De allí la inquietud por neutralizar al “brazo ejecutor” externo —encarnado hoy en Donald Trump— cuya capacidad de veto puede desbaratar acuerdos internos.

La historia ofrece un paralelismo elocuente: Bolívar, el estadista, necesitó de Páez, el ejecutor; cuando este se negó a someterse a la Gran Colombia, alteró el curso del proyecto y terminó presidiendo Venezuela. Trump no puede ser Páez en términos formales, pero sí en potencia disruptiva. Conviene, por tanto, prudencia frente al triunfalismo: el desenlace aún no está escrito y la cordura estratégica será determinante.

Juan Carlos Justicia Vzla

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FUENTE: >>Juancarlos Justicia

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