Vivimos tiempos extraños. Tiempos en los que los verdugos se visten de víctimas, las instituciones que prometieron justicia administran silencio y el discurso de los derechos humanos se ha convertido en una moneda política que se usa —o se esconde— según convenga. Venezuela es hoy el espejo más cruel de ese mundo al revés.
Veo con profunda preocupación cómo organismos internacionales se pronuncian con estridencia sobre la eventual captura de Nicolás Maduro, pero guardan un silencio incómodo —cuando no cómplice— frente a la investigación por crímenes de lesa humanidad ante la Corte Penal Internacional. No solo eso: la misma CPI, que nació para evitar que el horror quedara impune, parece haber dejado el expediente venezolano en una gaveta del olvido. La justicia internacional, que debía ser firme y ejemplar, se ha vuelto tibia y selectiva.
Mientras tanto, los policías metropolitanos siguen pagando una condena histórica y política, criminalizados por un relato impuesto, mientras los verdaderos responsables de los disparos en Puente Llaguno —actores armados del propio régimen— nunca enfrentaron consecuencias reales. La verdad fue sacrificada en nombre de una narrativa útil al poder.
Hace poco, Jorge Rodríguez anunció con tono triunfalista que los “presos políticos” serían excarcelados. La realidad, como siempre, fue otra: liberaciones a cuenta, gotas, selectivas, calculadas. ¿Las razones? Muchas y graves: la ineficiencia estructural del sistema, el ocultamiento deliberado de las torturas a las que fueron sometidos, y en no pocos casos, la abierta desobediencia a las propias órdenes de excarcelación. Un Estado que ni siquiera controla su aparato represivo, o peor aún, que lo deja actuar con autonomía criminal.
Y aquí es necesario decir algo que muchos evitan: no hay solo presos políticos civiles; también los hay militares. Pero el régimen —en su lógica perversa— insiste en llamarlos “traidores”, como si defender la Constitución fuera un delito y no un deber. Bajo esa narrativa, cualquier militar que se niegue a obedecer órdenes ilegales deja de ser ciudadano y se convierte en enemigo. Así se borra la frontera entre legalidad y venganza.
¿Y qué hacemos con los casos fabricados? ¿Con los alcaldes del Zulia y otros dirigentes a quienes se les inventaron expedientes para sacarlos del juego político? En su momento, analistas señalaron que esa ofensiva tenía un objetivo claro: controlar rutas estratégicas, incluso vinculadas al narcotráfico, desplazar liderazgos incómodos y colocar fichas leales al poder, particularmente al entorno de Diosdado Cabello. Muchos de esos dirigentes terminaron en centros de detención “antidrogas”. ¿La pregunta es inevitable: si nunca se demostró flagrancia, si nunca hubo debido proceso, si todo fue un montaje, acaso no son presos políticos?
No se trata de ser abogado del diablo. Se trata de entender que el problema de fondo es tener en el poder a mentirosos y delincuentes, a una élite que convirtió al Estado en una organización criminal con fachada institucional. Cuando la mentira gobierna, la ley se convierte en arma y la justicia en simulacro.
Desde Occidente se habla mucho de valores: libertad, dignidad humana, igualdad ante la ley. Pero esos valores no pueden ser selectivos ni geopolíticamente convenientes. O se defienden siempre, o se traicionan. Y hoy, frente a Venezuela, demasiados han optado por lo segundo.
Por eso alzar la voz no es una opción moral: es una obligación histórica. Porque cuando el mundo se pone al revés, callar no es neutralidad, es complicidad.
Juan Carlos Justicia Vzla 🔥
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FUENTE: >>Juan Carlos Justicia Vzla
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Buenos días Juan Carlos, todo lo que dices es muy cierto es un secreto a voces, pero lamentablemente, muchos hemos sido víctimas de ellos, te hablo con propiedad porque estuve en el helicoide 5 meses detenida, y solo me dijeron que estaba allí porque yo aun no tenía claro que el presidente era Nicolás Maduro Moros , aunque no estuviera de acuerdo, pero la comunidad internacional lo sabe , más pruebas de los que hemos vivido no las hay, pero es más fácil para ellos mirar hacia otro lado, que pararsele a un régimen que los sostiene a punta de oro y regalías de materiales ricos en nuestra amada Venezuela, que más temprano saldrán a la luz, pero por otra parte es una lucha espiritual que sólo la ganaremos se rodillas ante nuestro Creador porque que El tiene el poder y se va a glorificar en nuestra amada tierra. Y muchos ojos lo verán. Abrazos infinitos por toda tu lucha desde tu espacio. Te queremos Juan Carlos
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