La historia económica de Venezuela ha sido, durante casi un siglo, la historia de un error intelectual: la creencia de que la riqueza de una nación emana de su subsuelo y no de la capacidad humana para transformar la naturaleza. Al iniciar este 2026, con una industria petrolera que intenta respirar entre licencias especiales y parches regulatorios, es imperativo diagnosticar el problema desde la raíz. No enfrentamos una crisis de gestión; enfrentamos la inviabilidad intrínseca del *cálculo económico socialista.*
*El Caos de la Planificación Central*
El problema fundamental de PDVSA no es la corrupción (que es solo una consecuencia), sino la ausencia de mercados de capitales. Al ser el Estado el único propietario y gestor de los recursos, se destruye el sistema de precios. Sin precios de mercado para los bienes de capital y los derechos de perforación, los planificadores en Caracas actúan a ciegas. No saben, ni pueden saber, si extraer un barril en la Faja del Orinoco crea valor o si, por el contrario, está destruyendo capital que sería más productivo en otras áreas de la economía.
Lo que hoy vemos es una *"malinversión"* masiva. Los recursos se asignan por criterios políticos o de supervivencia diplomática, ignorando las señales de escasez y las necesidades reales de los consumidores globales.
*El Mito de la "Apertura" Controlada*
Muchos celebran las recientes concesiones a empresas transnacionales como un paso al libre mercado. Sin embargo, esto no es libertad, sino *mercantilismo.* Un mercado libre no se basa en "permisos" otorgados por el Estado, sino en el respeto irrestricto a la *propiedad privada.*
Mientras el Estado mantenga el monopolio del subsuelo, el petróleo seguirá siendo un botín político. La incertidumbre jurídica actual impide que surja un *orden espontáneo* donde miles de empresarios —grandes y pequeños— exploren, innoven y compitan. Bajo el modelo actual, solo aquellos con conexiones políticas acceden al recurso, lo que sofoca la función empresarial y perpetúa un capitalismo de compinches.
*El Camino a la Libertad: Despolitizar el Recurso*
Si Venezuela desea un futuro de prosperidad real, la política petrolera para los próximos años debe alejarse del "nacionalismo de recursos". La propuesta es radical pero necesaria:
1. *Privatización Total y Desestatización:* No basta con vender acciones de PDVSA; se requiere desmantelar la estructura monopólica. El subsuelo debe pertenecer a los individuos, no a una entidad abstracta llamada "Estado" que, en la práctica, representa los intereses de la burocracia de turno.
2. *Abolición de la Renta Petrolera Estatal:* El flujo de divisas debe ir directamente a los inversores y trabajadores. Al eliminar la dependencia del fisco hacia el petróleo, se acaba con el incentivo para el gasto público desenfrenado y la inflación, permitiendo que surja una estructura productiva diversificada basada en el ahorro genuino.
3. *Competencia de Divisas:* La industria debe operar en un entorno de libertad monetaria, sin controles de cambio que distorsionen los costos de producción.
El petróleo ha sido la "excreta del diablo" no por su naturaleza química, sino por su gestión política. Mientras el hidrocarburo sea el combustible del Leviatán estatal, Venezuela seguirá atrapada en ciclos de auge y miseria. El futuro de nuestra industria no reside en un mejor ministro o en un plan quinquenal más sofisticado, sino en la *soberanía del consumidor* y en el derecho inalienable de los ciudadanos a poseer y producir en libertad. Es hora de dejar de ser un campamento minero estatal para convertirnos en una economía de mercado moderna.
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FUENTE: >>Econ. Jose Gregorio Santeliz C
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