El tablero político ha dado un vuelco radical tras la captura el pasado 3 de enero de Nicolás Maduro y Cilia Flores. Este evento, ejecutado bajo la responsabilidad y el peso de la administración norteamericana, ha dado paso a un interinato tutelado bajo la figura de Delcy Rodríguez. Sin embargo, esta nueva estructura de poder conlleva una responsabilidad directa y absoluta que no admite dilaciones: la situación de los presos políticos y sus también maltratados familiares.
La responsabilidad del tutor
En política, quien sostiene el poder es el responsable último de lo que ocurre bajo su mando. El interinato de Delcy Rodríguez no opera en el vacío; existe gracias al respaldo y las instrucciones generadas por la administración del presidente Donald Trump. Por lo tanto, el incumplimiento de las órdenes de liberación inmediata, a través de la cuestionada y selectiva Ley de Amnistía no es solo una falla administrativa, sino una mancha directa en la gestión de quienes hoy tutelan el destino del país.
A pesar del descabezamiento de la cúpula del poder, es aún alarmante el número de ciudadanos, incluyendo un sector crítico de militares, que permanecen en condiciones infrahumanas. Si estas figuras siguen tras las rejas, la narrativa internacional está a punto de sufrir una mutación irreversible.
Ahora bien, para poder identificar, entender y difundir el sentimiento y pensamiento general de los venezolanos, dentro y fuera del país, debemos discriminar en lo sucesivo algunas consideraciones y opiniones del pueblo llano, que nos llevan a pronunciarnos en honor a la verdad que busca imponerse. Esa verdad que no pretende canalizarse, mucho menos filtrarse, para que sea visibilizada por la politiquería desatada y desenfrenada que no entiende el momento, que pretende sustentar el cambio y la transformación de Venezuela en un entramado pirata, minusválido y excluyente.
La amnistía como eje de pacificación
Resulta fundamental recordar que la transición no puede sostenerse solo sobre la fuerza de una captura. La verdadera estabilidad reside en el espíritu de la Ley de Amnistía, concebida como el instrumento jurídico supremo para la pacificación nacional.
Actualmente, este espíritu está siendo deliberadamente incumplido por quienes ejercen el interinato tutelado. La pacificación no es una concesión graciosa, es un requisito para la sanación del desmembrado tejido social. Mantener a los perseguidos políticos en prisión es traicionar el propósito mismo del cambio y sabotear la reconciliación necesaria para que el país pueda avanzar.
Tres meses después: el ultimátum, hoy, 3 de abril
Bajo una óptica meramente de crítica constructiva, el tiempo de las excusas con el pueblo venezolano se ha agotado.
La fecha límite en el horizonte moral, ético y político de esta transición: hoy, cuando se cumplen tres largos meses de tutelaje.
De rehenes a presos de conciencia: hasta hoy, la opinión pública señala a los detenidos como víctimas del régimen en jaque.
La nueva etiqueta: es 3 de abril y las mazmorras no han sido vaciadas, en Venezuela y el mundo el discurso cambiará drásticamente. Ya no se hablará de los "presos del régimen", sino de los presos de TRUMP; ya que a quien tutela es fiel responsable de que las órdenes se cumplan al pie de la letra. Si el interinato y el poder delegado a los Rodríguez no ejecuta las liberaciones, el peso moral y político de esos hombres y mujeres apresados en condiciones infrahumanas recaerá directamente sobre quien los sostiene en el poder.
La urgencia operativa: apretar las tuercas
No hay margen para la burocracia cuando la vida de militares y civiles corre peligro. Es imperioso apretar las tuercas en las tres fases en desarrollo y de presión para evitar que esta transición se convierta en una nueva forma de cautiverio.
Exigencia directa de ejecución: la administración norteamericana debe garantizar que sus instrucciones no sean meras sugerencias. La libertad debe ser el primer decreto efectivo y tangible del interinato tutelado, cumpliendo con la Ley de Amnistía.
Sanción al Incumplimiento: el tutelaje de Delcy Rodríguez ha fallado en liberar a los presos antes de la fecha límite, debe entenderse como un acto de desacato deliberado que invalida su posición de confianza ante sus tutores.
Rescate de la dignidad de los uniformados: es urgente priorizar a los militares y policías detenidos, cuya lealtad a la Constitución y otros casos los llevó al encierro. Su permanencia en prisión, bajo el nuevo esquema, es una afrenta a la institución que debe reconstruir el país y una burla al ideal de pacificación.
El 3 de abril llegó
O se cumple la palabra empeñada y se hace justicia real con quienes han sufrido lo indecible o la historia registrará que los presos políticos simplemente cambiaron de carcelero, bautizándolos para siempre como: LOS PRESOS DE DONALD TRUMP.
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FUENTE: >>https://www.elnacional.com/2026/04/los-presos-de-donald-trump/
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