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viernes, abril 24, 2026

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Por Elizabeth S谩nchez Vegas | 
Venezuela Late

La noche comenz贸 con una biograf铆a, pero termin贸 siendo algo mucho m谩s hondo: una lecci贸n sobre Venezuela. No una clase fr铆a, no una conferencia distante, no una disertaci贸n acad茅mica colocada sobre el pa铆s como quien posa un libro pesado sobre una mesa, sino una conversaci贸n viva, llena de memoria, iron铆a, dolor, lucidez y una forma de venezolanidad que todav铆a conserva el pudor de la inteligencia.

A la Dra. Corina Yoris se le present贸 como lo que es: acad茅mica, fil贸sofa, docente, numeraria de la Academia Venezolana de la Lengua, mujer de pensamiento claro y trayectoria impecable. Pero ella, con esa gracia de quien no necesita fabricar grandeza porque la tiene incorporada al car谩cter, recibi贸 la presentaci贸n con humor. Dijo que la averiguaci贸n hab铆a sido exhaustiva, aunque faltaban dos cosas: las primarias y su amor por los perros y los caballos. All铆, en esa respuesta aparentemente ligera, estaba ya la clave de toda la conversaci贸n: Corina Yoris no se deja encerrar en la solemnidad. Su inteligencia respira. Su autoridad no aplasta. Ense帽a sin pontificar, corrige sin humillar, recuerda sin nostalgia boba y piensa Venezuela desde una zona cada vez m谩s escasa en la vida p煤blica: la palabra razonada.

Desde el 19 de abril, fecha fundacional y tantas veces repetida como consigna escolar, la doctora abri贸 una puerta que casi nunca se abre: la de la historia contada con matices. Record贸 que aquel 19 de abril de 1810 no fue la declaraci贸n formal de independencia, sino un momento vinculado a la crisis espa帽ola de 1808, a la invasi贸n napole贸nica, a Jos茅 Bonaparte, a la defensa inicial de los derechos de Fernando VII y, al mismo tiempo, a la aparici贸n de una necesidad pol铆tica nueva: mayor representaci贸n, mayor voz, mayor presencia de los criollos en los cabildos y en los espacios de decisi贸n. En esa explicaci贸n, Venezuela dej贸 de ser una postal patri贸tica y volvi贸 a ser lo que toda naci贸n es cuando se la mira con seriedad: una trama compleja, contradictoria, humana.

Para Yoris, uno de los males venezolanos ha sido justamente ese: la historia incompleta, la historia mal servida, la historia convertida en relato 煤til para unos y mutilada para todos. Por eso habl贸 de los gobiernos de L贸pez Contreras y Medina Angarita como per铆odos de transici贸n que han sido silenciados, maltratados o insuficientemente estudiados. No lo dijo con resentimiento, sino con la preocupaci贸n de quien sabe que un pa铆s que no entiende sus transiciones est谩 condenado a improvisar sus salidas.

Luego llev贸 la conversaci贸n a un punto esencial: Venezuela no tiene solo un problema pol铆tico ni 煤nicamente educativo; tiene un problema cultural. La cultura es el esp铆ritu de un pa铆s, la manera en que una sociedad piensa, argumenta, recuerda, se contradice, escucha, responde y se hace responsable de sus palabras. All铆 apareci贸 una de sus preocupaciones mayores: el ocaso del logos, la precariedad argumentativa del discurso pol铆tico contempor谩neo, la sustituci贸n de la palabra razonada por el ruido, de la sabidur铆a pr谩ctica por el espect谩culo, de la lectura por la imagen inmediata, del pensamiento por la reacci贸n.

En esa l铆nea, la doctora fue especialmente severa con el deterioro de la comprensi贸n lectora. Habl贸 de Suecia y su regreso al bol铆grafo, al papel, al libro f铆sico; habl贸 de sus clases universitarias y de la diferencia dolorosa entre los estudiantes que hace veinte a帽os pod铆an analizar un texto de Borges y los muchachos de hoy, muchas veces incapaces de atravesar el lenguaje con suficiente profundidad. Lo dijo sin desprecio, con dolor. Corina Yoris no juzga a los j贸venes como quien los condena desde una torre; los mira como consecuencia de un pa铆s que les ha fallado. Un pa铆s que les ha entregado pantallas, im谩genes y simulacros, pero les ha quitado vocabulario, lectura, exigencia, silencio interior.

Por eso su respuesta frente a las maniobras de distracci贸n pol铆tica fue de una precisi贸n casi quir煤rgica: hay que estudiar filosof铆a. No como lujo de 茅lites, no como carrera in煤til para seres perdidos en abstracciones, sino como entrenamiento fundamental de la pregunta. La filosof铆a, record贸, nace del asombro. Nace cuando alguien se pregunta por qu茅 cae la manzana, por qu茅 el mar no se desborda, por qu茅 las cosas son como son y no de otra manera. Una sociedad que deja de preguntarse empieza a obedecer sin darse cuenta. Una ciudadan铆a incapaz de distinguir un argumento central de un “arenque rojo”, una distracci贸n deliberada, una falacia servida para mover la atenci贸n hacia lo secundario, queda expuesta al enga帽o permanente.

De all铆 pas贸 a la lectura, al diccionario, al lenguaje claro, a Wittgenstein y a esa idea poderosa de que los l铆mites del mundo son tambi茅n los l铆mites del lenguaje. La an茅cdota de un estudiante que en un examen le pregunt贸 qu茅 significaban “susceptible” y “vendaval” no fue una nota pintoresca: fue una alarma nacional. ¿C贸mo se defiende la democracia si no se entienden las palabras con las que se la nombra? ¿C贸mo se recupera la justicia si la palabra justicia ha sido vaciada? ¿C贸mo se habla de soberan铆a, pueblo, reconciliaci贸n o transici贸n cuando esos t茅rminos han sido manoseados hasta perder contenido? Para Yoris, no hay salida m谩gica: se recupera el lenguaje leyendo. Y no leyendo cualquier cosa, sino leyendo bien, con diccionario, con atenci贸n, con disciplina, con esa humildad hermosa de quien se detiene ante una palabra desconocida y acepta que todav铆a tiene algo que aprender.

La conversaci贸n alcanz贸 entonces uno de sus momentos m谩s luminosos cuando se habl贸 de Mar铆a Corina Machado. ¿C贸mo logr贸 Mar铆a Corina comunicarse con un pa铆s sometido durante casi tres d茅cadas a la mentira, la deseducaci贸n y el empobrecimiento del lenguaje p煤blico? Corina Yoris respondi贸 con una palabra que pesa m谩s que cualquier estrategia: verdad. Mar铆a Corina, dijo, no ha sido deshonesta ni mentirosa. Ha dicho la verdad incluso cuando esa verdad ha tenido costo pol铆tico. Distingui贸, adem谩s, entre falsedad y mentira: la falsedad no corresponde con la realidad; la mentira a帽ade la intenci贸n de enga帽ar. Y Venezuela ha vivido a帽os bajo una maquinaria de mentira intencional, repetida, institucionalizada, convertida en m茅todo de dominaci贸n.

Frente a eso, Mar铆a Corina apareci贸 en sus palabras como una figura de autenticidad. No se esconde detr谩s de una m谩scara, no recurre a la pedanter铆a, no disfraza lo que piensa, no promete lo que no puede decir. Cuando no puede dar una informaci贸n, lo expresa con claridad o traza el l铆mite con una frase. En esa manera de actuar, Yoris vio algo cercano a la fr贸nesis griega: la sabidur铆a pr谩ctica, el saber aplicado al momento preciso. Y agreg贸 otro rasgo decisivo: la valent铆a. Record贸 aquel momento en que Mar铆a Corina se enfrent贸 a Hugo Ch谩vez, mientras tantos otros callaban por miedo o conveniencia. Venezuela, dijo, admira la valent铆a. Y quiz谩 por eso la reconoce.

Pero la valent铆a, en esta conversaci贸n, no fue solo asunto de liderazgos nacionales. Tambi茅n apareci贸 en la educaci贸n, en los maestros, en la urgencia de dignificar la profesi贸n docente. ¿C贸mo reconstruir un pa铆s si sus maestros han sido abandonados? ¿C贸mo exigir excelencia a quien vive humillado por un sistema que no le permite actualizarse, leer, acceder a libros, ense帽ar con dignidad? Para Yoris, los programas educativos deben revisarse de punta a punta, con especialistas, sin miedo y sin improvisaciones, sin esa man铆a tan venezolana de creer que todo el mundo puede opinar de todo con la misma autoridad.

Su reflexi贸n sobre la inteligencia artificial tambi茅n fue particularmente l煤cida. La reconoci贸 como herramienta presente incluso cuando buscamos un sin贸nimo o pedimos una traducci贸n. El peligro, dijo en esencia, no est谩 en usarla, sino en permitir que suplante la capacidad cognitiva. Es un reto para los alumnos, s铆, pero sobre todo para los profesores. La tecnolog铆a puede servir; lo que no puede hacer es pensar por nosotros.

La conversaci贸n toc贸 luego el oro, la miner铆a, el Arco Minero, las comunidades ind铆genas, la deforestaci贸n y el agua envenenada. Corina Yoris no habl贸 como experta minera, lo advirti贸 con honestidad, sino como ciudadana con conciencia 茅tica: cualquier riqueza que destruya comunidades, naturaleza y futuro deja de ser riqueza y se convierte en devastaci贸n. Si se tala un 谩rbol, debe existir la obligaci贸n de sembrar muchos m谩s.

Y all铆 dio un salto moral extraordinario: el oro de Venezuela no es 煤nicamente el que est谩 bajo la tierra. El verdadero oro es el venezolano. La poblaci贸n. Los ni帽os. Los j贸venes. La gente a la que se le ha marchitado la sensibilidad, la capacidad de razonar, el lenguaje, la esperanza. Habl贸 del trabajo infantil, de la esclavitud moderna, de ese horror que uno lee en Dickens sobre la Revoluci贸n Industrial y que, de pronto, reconoce en su propio pa铆s. Habl贸 de un joven de 16 o 17 a帽os que, en un foro universitario, dijo casi con l谩grimas que quer铆a conocer el pa铆s que otros hab铆an vivido. La respuesta de Yoris fue de una belleza severa: no se trata de regresar al pasado, sino de rescatar lo bueno de aquel pa铆s y corregir lo malo.

Cuando lleg贸 la pregunta sobre su conversaci贸n con Mar铆a Corina Machado para asumir la candidatura, la entrevista entr贸 en territorio 铆ntimo e hist贸rico. Corina Yoris cont贸 que fue Perkins Rocha, hoy con un grillete que a ella le revienta el alma, quien la llam贸 con una historia aparentemente acad茅mica sobre un curso de argumentaci贸n en Madrid. Le hizo preguntas extra帽as, entre ellas si ten铆a doble nacionalidad. Ella no entend铆a. La llevaron a una reuni贸n. All铆 apareci贸 Mar铆a Corina, se sent贸 frente a ella, le tom贸 las manos y comenz贸 a explicarle el problema de la inhabilitaci贸n, la necesidad de que alguien asumiera ese rol, la b煤squeda de un nombre capaz de encarnar la continuidad de un mandato ciudadano.

Yoris comprendi贸 lo que le estaban pidiendo. Solt贸 las manos, pregunt贸 si le estaban proponiendo lo que ella cre铆a entender, y Mar铆a Corina, fiel a esa sinceridad que la doctora hab铆a descrito antes, le dijo que s铆. Entonces Yoris volvi贸 a inclinarse hacia adelante, le tom贸 otra vez las manos y le dijo: “茅chale bolas”. De all铆 naci贸 esa frase que luego Mar铆a Corina repetir铆a tantas veces. La escena tiene una fuerza casi cinematogr谩fica: dos mujeres, frente a frente, en un pa铆s quebrado por la mentira, sellando con las manos una decisi贸n de riesgo, compromiso y destino.

No se lo dijo a sus hijos, porque sab铆a que le dir铆an que no. No tuvo miedo, o si lo tuvo, lo venci贸. Entendi贸 el tama帽o del compromiso a medida que las entrevistas avanzaban y el pa铆s empezaba a mirar su nombre como una posibilidad real. Luego vendr铆a el bloqueo, la imposibilidad de inscripci贸n, la preservaci贸n de la ruta electoral con Edmundo Gonz谩lez Urrutia, el encierro, el costo f铆sico, el lumbago, la tensi贸n de meses en silencio. Pero en su relato no hubo victimismo. Hubo sobriedad. La sobriedad de quien sabe que hay momentos en la historia en los que una persona no se ofrece: responde.

Tambi茅n habl贸 de elecciones, de la falta absoluta, de los art铆culos 233 y 234, del problema de los treinta d铆as, de la sentencia 141 del Tribunal Supremo de Justicia del 8 de marzo de 2013, de la diferencia entre convocar y realizar un proceso electoral, del voto en el exterior, del Registro Electoral Permanente, de la propia an茅cdota de su madre fallecida que aparece y desaparece del REP. No prometi贸 fechas, no vendi贸 certezas f谩ciles, no cay贸 en la ansiedad de quienes quieren resolver con consignas lo que exige procedimientos, garant铆as, registro, log铆stica, derecho y verdad.

Cuando le preguntaron por su silla en la Academia Venezolana de la Lengua, la que ocup贸 R贸mulo Gallegos y tambi茅n Eduardo Blanco, aclar贸 algo fundamental: su nombramiento no fue consecuencia de la candidatura; ven铆a de antes. En tiempos de confusi贸n deliberada, esa precisi贸n importa. Pero admiti贸 que hab铆a algo profundamente emblem谩tico en ser la primera mujer en ocupar ese sill贸n hist贸ricamente masculino. ¿Casualidad, causalidad o poes铆a? Ella eligi贸 una f贸rmula preciosa: un poco de poes铆a y de premonici贸n. A veces la historia no avisa, pero acomoda sus signos.

A partir de all铆, la conversaci贸n abri贸 paso a las preguntas de los oyentes, y aparecieron otros temas que abrieron nuevas capas de reflexi贸n: la historia que hemos heredado, las palabras que se han deformado, el liberalismo convertido en etiqueta sospechosa, la necesidad de pensar sin miedo conceptos como propiedad, mercado, inversi贸n y libertad. Tambi茅n habl贸 de las primarias, no como una an茅cdota menor, sino como una experiencia c铆vica vista desde adentro. Record贸 c贸mo fue propuesta para integrar la Comisi贸n Nacional de Primaria desde el mundo de la cultura, c贸mo acept贸 porque hab铆a participado en muchos movimientos del pa铆s y no pensaba perderse ese momento, c贸mo tuvo que aprender en la pr谩ctica lo que conoc铆a en teor铆a, c贸mo vivi贸 tensiones internas, c贸mo la jornada super贸 las expectativas y c贸mo la alegr铆a no ten铆a l铆mite cuando comenzaron a llegar los resultados. Hay all铆 una parte sustancial de la conversaci贸n que no cabe entera en estas l铆neas: queda hecha la invitaci贸n a escuchar el programa en YouTube, de principio a fin.

Y como si tanta densidad necesitara finalmente una ventana de aire, apareci贸 el f煤tbol. Corina Yoris, fan谩tica del Real Madrid, conocedora del juego, hincha de Brasil desde la 茅poca de Pel茅, testigo de aquel gol que la dej贸 af贸nica en el Ol铆mpico, habl贸 del deporte con la misma vitalidad con la que hab铆a hablado de l贸gica, historia y pol铆tica. Tambi茅n sabe de b茅isbol, y bastante. Y s铆, de los Leones del Caracas. Esa mezcla es parte de su encanto: puede pasar de Wittgenstein al Real Madrid, del diccionario al REP, de Borges a Mar铆a Corina, de la miner铆a 茅tica a Pel茅, sin perder nunca la l铆nea interior de su pensamiento.

Al cierre, cuando se le pregunt贸 si sent铆a el coraz贸n latiendo fuerte porque Mar铆a Corina hab铆a dicho que volver铆a a Venezuela, respondi贸 desde la confianza en la palabra dada. Si ella dijo que ven铆a, dijo Yoris, es porque viene. Record贸 lo dicho por Ana Corina en Oslo: Mar铆a Corina no promete cosas que no puede cumplir.

Esa fue, quiz谩, la verdadera dimensi贸n de la conversaci贸n. Corina Yoris no fue a Venezuela Late solo a comentar la coyuntura. Fue a recordarnos que un pa铆s no se reconstruye 煤nicamente con elecciones, aunque las elecciones sean indispensables; ni solo con petr贸leo, miner铆a, inversi贸n o instituciones, aunque todo eso importe. Un pa铆s se reconstruye tambi茅n recuperando el lenguaje, ense帽ando a leer, formando maestros, limpiando la historia de f谩bulas, devolviendo dignidad a la pregunta, distinguiendo la verdad de la mentira, y comprendiendo que la libertad se estudia, se piensa, se defiende y se pronuncia con palabras enteras.

Gracias, doctora Corina Yoris, por regalarnos una conversaci贸n que no solo ilumin贸 el presente, sino que nos oblig贸 a mirar m谩s lejos. Gracias por recordarnos que Venezuela no necesita gritar para pensar, ni odiar para corregirse, ni olvidar para avanzar. Tal vez eso sea hoy lo m谩s urgente: volver a leer el pa铆s, palabra por palabra, herida por herida, promesa por promesa, hasta que podamos escribir de nuevo, con verdad, con inteligencia y con alma, el destino que nos pertenece.

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FUENTE: >>Elizabeth S谩nchez Vegas

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