Dentro del proceso de reestructuración silenciosa que atraviesa la economía venezolana, existe un fenómeno que desafía la inercia del colapso tradicional: el ascenso disruptivo del sector de información y comunicaciones. Este sector no solo ha ganado peso estadístico, sino que se ha convertido en el soporte tecnológico de un *orden espontáneo* que intenta coordinar la acción humana en medio de la desarticulación institucional.
*1. El salto estructural: de la marginalidad a la relevancia*
Los datos extraídos del reciente informe del Banco Central de Venezuela revelan un cambio de tendencia inequívoco. Durante más de una década (2007-2019), el sector de información y comunicaciones mantuvo una participación promedio de apenas el 5,2% del PIB. Sin embargo, a partir de 2020, este peso se ha duplicado, superando sistemáticamente el 10% de la actividad económica.
Este crecimiento apunta a una economía que se reorganiza aceleradamente en torno a los servicios de conectividad y los flujos de información. En un entorno donde las instituciones físicas y el derecho de propiedad tradicional han sido erosionados, los agentes económicos se desplazan hacia el ecosistema digital, donde el conocimiento táctico y la información pueden circular con mayor agilidad para mitigar la incertidumbre.
*2. Flexibilidad vs. Rigidez Institucional*
¿Por qué las telecomunicaciones crecen mientras la manufactura se estanca en el 6,8%? La respuesta reside en la naturaleza de los activos y los *costos de transacción*. Según la teoría de la *Elección Pública (Public Choice)*, los sectores intensivos en capital físico y dependientes de cadenas de suministro complejas son más vulnerables a la captura rentista y a la regulación asfixiante del Estado.
En contraste, los servicios de información y tecnología muestran una mayor flexibilidad para ajustarse ante la volatilidad cambiaria y la inflación. No estamos necesariamente ante un salto de productividad industrial, sino ante un cambio en las actividades generadoras de valor. El Homo Agens venezolano ha encontrado en la digitalización un mecanismo de defensa para seguir operando, comerciando y calculando, aun cuando los "faros" de los precios tradicionales han sido secuestrados.
*3. El "Túnel Cognitivo" y la infraestructura del mañana*
Aunque el crecimiento del sector es un testimonio de resiliencia, el análisis debe ser cauteloso. Si bien el sector de comunicaciones facilita la supervivencia y la conectividad básica, la "tiranía de lo urgente" sigue secuestrando gran parte de la energía creativa de la población. La verdadera rehumanización de la economía venezolana ocurrirá cuando esta infraestructura digital deje de ser una mera herramienta de subsistencia y se convierta en la plataforma para una acumulación de capital intelectual a largo plazo.
Este sector se ha consolidado hoy como el mayor motor no petrolero de la economía venezolana actual, superando incluso a sectores históricamente dominantes como el comercio.
*Conclusión*
El auge de las telecomunicaciones en Venezuela es el reflejo de una sociedad que se niega a la ceguera coordinada. Es el canal por el cual el individuo intenta rescatar su soberanía sobre el tiempo y la información. Sin embargo, este orden espontáneo digital requiere de un marco de libertad económica genuina para trascender la etapa de la reactividad y convertirse en el motor de una nueva prosperidad.
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FUENTE: >>Econ. Jose Gregorio Santeliz C
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