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domingo, abril 19, 2026

¿Oxígeno para el Leviatán? El regreso del FMI y el Banco Mundial a Venezuela

Econ. José Gregorio Santeliz C

La noticia ha recorrido los despachos financieros con la velocidad de un rayo: Venezuela retoma formalmente su relación con el Fondo Monetario Internacional (FMI) y el Banco Mundial (BM). Tras siete años de ostracismo institucional, el país vuelve a sentarse en las mesas de Washington. Para muchos, este es el inicio del fin del laberinto económico; para quienes analizamos la realidad desde la *Escuela Austriaca* y la *Teoría de la Elección Pública (Public Choice)*, el anuncio invita a una cautela extrema.

*El espejismo del financiamiento*

Desde una perspectiva praxeológica, el crédito no es riqueza creada; es, simplemente, un desplazamiento en el tiempo del consumo de capital. La llegada de fondos multilaterales suele presentarse como una "ayuda", pero el profesor *Jesús Huerta de Soto* ha sido tajante al calificarlas como *"ayudas que matan"*.

¿Por qué este calificativo tan severo? Porque estos organismos no prestan a los ciudadanos ni a los emprendedores que generan valor, sino a los gobiernos. Al inyectar liquidez en una estructura estatal hipertrofiada, se corre el riesgo de generar un "peligro moral" (moral hazard): el Estado recibe el oxígeno financiero necesario para postergar las reformas estructurales que el país reclama a gritos. Se alivia el síntoma (la falta de divisas) pero se alimenta la enfermedad (el intervencionismo).

*Incentivos y burocracia: La trampa de la Elección Pública*

La Escuela de la Elección Pública nos enseña que los burócratas —tanto nacionales como internacionales— actúan según sus propios incentivos. Para el FMI y el BM, recuperar la jurisdicción sobre Venezuela representa una expansión de su relevancia global. Para la clase política doméstica, el acceso al crédito multilateral reduce el costo político de su gestión.

El peligro radica en que estos recursos activen nuevamente los mecanismos de *búsqueda de rentas* (_rent-seeking_). En una economía que aún no ha desmantelado el andamiaje del capitalismo de Estado, un flujo masivo de capital gestionado verticalmente podría fortalecer a los grupos de presión y a la burocracia, en lugar de liberar la *función empresarial* que es la única capaz de reconstruir la estructura de capital del país.

*El rigor del ajuste: ¿Quién paga la factura?*

Históricamente, las recetas de los organismos multilaterales se han centrado en la "solvencia fiscal". Bajo la óptica austriaca, esto a menudo deriva en una trampa: se presiona para aumentar la recaudación tributaria con el fin de asegurar el pago de la deuda, asfixiando aún más al sector privado sobreviviente.

Una verdadera recuperación no vendrá de un préstamo externo que engrose la deuda externa, sino de un marco institucional que garantice la *propiedad privada, el cálculo económico libre y la competencia de monedas*. Si el regreso del FMI implica centralizar nuevamente la política monetaria y limitar las válvulas de escape descentralizadas −la dolarización y el uso de criptoactivos− que han surgido espontáneamente, estaríamos ante un retroceso disfrazado de progreso.

*Conclusión*

Venezuela se encuentra, una vez más, ante una encrucijada histórica. El capital internacional puede ser una herramienta útil si, y solo si, viene acompañado de una desestatización profunda y una devolución de la soberanía económica al individuo.

Pero cuidado, podríamos estar a las puertas de la consolidación del Estado y la burocracia, porque el origen de las crisis suele ser la intervención estatal y la expansión crediticia. El FMI, al prestar dinero a los gobiernos (y no a los individuos o empresas), está fortaleciendo precisamente al ente que causó el problema.

Se le da más poder y recursos al Estado para "solucionar" una crisis que el propio Estado generó. Esto impide que el proceso de mercado y el orden espontáneo limpien las malas inversiones del sistema.

Si el financiamiento multilateral solo sirve para dar longevidad a un modelo agotado y rescatar a una estructura burocrática ineficiente, habremos cambiado una crisis de liquidez por una servidumbre de deuda a largo plazo. En el laberinto de nuestra historia económica, no debemos confundir el hilo de Ariadna con una soga que, bajo la promesa de auxilio, termine por sofocar las fuerzas vivas del mercado.

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FUENTE: >>Econ. José Gregorio Santeliz C

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