Abogado | Analista Jurídico.
Cada 23 de junio, Venezuela celebra el Día Nacional del Abogado, fecha instituida en honor al natalicio de Cristóbal Mendoza, primer Presidente de la República y jurista de notable estatura republicana, cuyo legado permanece asociado a la probidad, la formación institucional y el respeto al Estado de Derecho.
Sin embargo, esta efeméride no debe limitarse a la celebración formal ni al reconocimiento protocolar, debe ser, sobre todo, una jornada de examen crítico sobre el estado real de la justicia en Venezuela.
Ejercer la abogacía hoy implica enfrentar un escenario marcado por la incertidumbre institucional, el retardo procesal, la fragilidad de las garantías y la necesidad urgente de recuperar la confianza ciudadana en el sistema judicial.
La justicia no se agota en la existencia de leyes, tribunales o expedientes, su legitimidad depende de la independencia de quienes la administran, de la transparencia de sus decisiones, de la celeridad de sus procedimientos y del respeto estricto a la dignidad humana, cuando la justicia se debilita, no solo sufre el ciudadano que litiga; se resiente la autoridad del Derecho, se erosionan las instituciones y se compromete la paz social.
En este contexto cobra especial vigencia la advertencia de Montesquieu:
”La injusticia hecha a una sola persona es una amenaza dirigida a todos.”
Esa afirmación resume una verdad elemental: toda lesión a las garantías de una persona constituye una fractura en la arquitectura moral y jurídica de la sociedad.
Por ello, el abogado venezolano no puede asumir su oficio como una mera técnica de representación, su papel histórico es más profundo: defender el debido proceso, exigir la vigencia de la Constitución, preservar la legalidad frente al abuso y convertirse en un agente activo de reconstrucción institucional.
En estos tiempos de crisis, la abogacía no solo interpreta el Derecho; también lo dignifica, lo defiende y lo convierte en instrumento de resistencia cívica, la transformación del sistema de justicia exige mucho más que declaraciones de ocasión, requiere independencia judicial real, formación continua, carrera judicial fortalecida, reducción del retardo procesal, uso eficiente de herramientas tecnológicas, control efectivo de la corrupción y una cultura institucional basada en la rendición de cuentas.
Ninguna de esas metas será posible sin la participación comprometida de abogados, jueces, fiscales, defensores públicos, universidades, gremios y sociedad civil, como advirtió Cicerón, “Somos esclavos de las leyes para poder ser libres.”
La frase encierra una idea esencial del constitucionalismo: no existe libertad auténtica donde impera la arbitrariedad; solo hay libertad verdadera cuando la ley se aplica con igualdad, coherencia y respeto por la persona humana.
El Día del Abogado, entonces, debe asumirse como una oportunidad para renovar un compromiso superior: el de servir al país con integridad, independencia y vocación republicana, no basta con ejercer el Derecho; es necesario convertirlo en una herramienta de justicia, de dignidad y de defensa del interés general.
En Venezuela, el mejor homenaje al abogado no es la ceremonia, sino la firme decisión de luchar por un sistema de justicia independiente, accesible, eficiente y humano, porque una nación solo puede aspirar a la libertad cuando sus leyes son respetadas, sus jueces son verdaderamente autónomos y sus ciudadanos confían en que el Derecho protege a todos por igual.
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FUENTE: >>Diógenes A. Tirado Villanueva
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