De todos los problemas que afronta el país, muy reales en sus horribles dimensiones y explicados en detalles en las redes sociales todas las semanas en diversos espacios digitales, existen en mi opinión tres problemas que no han cambiado en décadas y que amenazan con destruir el futuro de la nación, de la misma forma en que se destruyó el país durante el denominado Proyecto Revolucionario, por una combinación de estas tres conductas.
1.- Insensibilidad social
Los problemas de alimentación, salud y educación no son nuevos en Venezuela y si bien es muy cierto que todos los indicadores sociales mejoraron entre 1920 y 1980, no es menos cierto que la crisis generalizada se volvió imparable desde 1983 con el comienzo de la devaluación del Bolívar, rompiendo una estabilidad cambiaría de casi 50 años.
Desde mi infancia, estoy escuchando y leyendo prensa sobre la crisis social que prácticamente que deteriora hospitales, escuelas, carreteras en medio de las masas solicitando planes de atención social. Recuerdo a un empresario imprudente e insensible solicitando al gobierno nacional traer 250 mil familias de Europa Oriental y darles casa y trabajo, como si no hubieran venezolanos desempleados, sin casas y con familias, leyendo estas ideas en el diario Últimas Noticias o aquel funcionario público que propuso colocar un colorante rojo al vaso de leche escolar y colorante negro a la leche en polvo de los mercados populares, para evitar que la sustrajeran para hacer queso, ignorando la burla colectiva, hoy denominada bullying que esto pudo haber generado en la sensibilidad colectiva de haberse aplicado.
El conflicto entre la sociedad civil, los grupos empresariales y sus medios de comunicación y los partidos políticos no era un asunto imaginario, sino una batalla propagandística, donde se descalificaban mutuamente unos a otros de las peores maneras posibles y sin capacidad de construir acuerdos reales de gobernabilidad, donde el ciudadano común no se sintiera prisionero de una banda de personajes que era necesario cambiar de cualquier forma. Así lo presencie en 1992, cuando numerosas figuras de impacto público y comunicacional, salieron a apoyar el golpe de Estado del 4 de febrero y luego el golpe de Estado del 27 de noviembre en Venezuela.
Esta insensibilidad social, frente a un deterioro general evidente, llevó al triunfo a Hugo Chávez en 1998 y alteró por completo los papeles, pues ahora la insensibilidad social se había traspasado hacia todos los venezolanos que adversaban el liderazgo político oficialista.
La recordada Lista Tascón que inhabilitó a millones de venezolanos para funciones públicas y asistencias estatales, es un asunto pendiente que puede terminar en enormes juicios de violación de Derechos Humanos a nivel colectivo.
Hoy, en 2026, estoy observando el mismo fenómeno de insensibilidad social en numerosos dirigentes políticos que no parecen conocer los hospitales y ambulatorio que están prácticamente privatizados, al ser indispensable el aporte de insumos y medicinas de los familiares para la atención de los pacientes, como igualmente se puede apreciar una crisis alimentaria que no es atendida por organismos internacionales, pero que se incrementa diariamente con la sostenida devaluación cambiaría, que aumenta el costo de la canasta básica.
Ignorar esta situación de Hambre y Calamidad, puede llevar a una explosión social que haga nulos los avances políticos de los últimos meses y alteren por completo el panorama político del país.
2.- Sectarismo político
Desde 1945 en adelante se ha creado la insana costumbre de convertir al Estado en un apéndice funcional del partido político en el poder, lo que derivó en la perversidad del clientelismo político-partidista y las persecuciones implacables contra aquellos de partidos adversarios para despojarlos de los cargos convertidos los mismos en botín político del oficialismo de turno.
Las purgas políticas de militantes de la democracia bipartidista en Venezuela fue sustituida por el sectarismo revolucionario, que convirtió a sus adversarios en contrarrevolucionarios, que pasaron a sufrir la furia institucional del poder del Estado, que los consideraba enemigos del pueblo, la patria y cómplices del imperialismo, que era la forma en la que calificaban al gobierno estadounidense antes de la derrota militar del 3 de enero (Arias Cárdenas dixit), lo que hace hoy en día tan difícil entender los cambios siderales de conducta de muchos funcionarios oficialistas han borrado toda referencia política sobre Maduro y Chávez de sus redes sociales y han borrado a los mismos de la propaganda gubernamental y los símbolos del Estado a todos sus niveles.
Hoy, cuando estamos a las puertas de una nueva etapa política, estamos en conflicto político entre puros e impuros políticos que se califican de acuerdo a las militancias políticas de los actores descritos, por lo cual se adelanta una especie de contraloría general de la moral que reparte la salvación y la condena, según los criterios subjetivos de estos semidioses de la verdad y la justicia.
Adelantar una etapa de persecución masiva contra millones de ciudadanos, sin la debida metodología judicial (debido proceso) puede alterar el orden público mucho antes de que se estabilice la transición político-electoral
3.- la ignorancia financiera
A mi manera de ver, he descubierto que es la mayor tragedia de amplios sectores de la sociedad venezolana que no entienden que no hay recursos financieros para cumplir a cabalidad con las justas aspiraciones sociales y laborales, por lo cual se requieren medidas extraordinarias, aun en los casos más mínimos.
Comprender que la nómina del Estado, casi monopolizada por el sistema Patria está consumiendo 35 % del presupuesto nacional, lo que es afectado por la continua devaluación cambiaría que incrementa sustancialmente los bonos pagados a pensionados y trabajadores activos.
Las promesas de reconstrucción de las infraestructuras nacionales, calculadas en 37 mil millones de dólares estadounidense, sumadas a una deuda externa de 240 mil millones de dólares estadounidense.
Hoy, con un Producto Interno Bruto de entre 78 y 111 mil millones dólares estadounidense, el país necesita con desesperación de ayuda financiera para mantenerse a flote. De manera referencial, Colombia tiene un PIB de 539,5 millardos de dólares estadounidense.
Subir el ingreso por Guerra Económica o ajustar las pensiones a niveles de dignidad financiera, implica un coste prohibitivo sin auxilio foráneo sostenido.
Se hace necesario concientizar a la población sobre los problemas económicos del país de unos costes que demasiados no entienden en sus verdaderas dimensiones financieras.
Candidatos a alcaldes y gobernadores deben recibir información detallada sobre los estados financieros de estados y municipios.
Mentirle u ocultarle la verdad a la población sobre el dimensionamiento colosal demuestra crisis económica. Es arriesgarse a una explosión social al sentirse engañado en su desesperación para ver la salida a una crisis alimentaria y económica evidente.
Conclusiones
Estamos ante una triple realidad de problemas económicos que tienen fuertes anclajes culturales desde hace décadas, que requieren de enormes esfuerzos administrativos y grandes prestamos financieros desde el exterior.
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FUENTE: >>https://www.elnacional.com/columnas/2026/08/insensibilidad-social-sectarismos-politicos-ignorancia-financiera-en-venezuela/
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