El fanatismo suele disfrazarse de virtudes nobles: se presenta ante el mundo como lealtad, pasión inquebrantable o fe absoluta. Sin embargo, cuando se retira el velo de esta ilusión, su verdadera anatomía queda al descubierto.
El fanatismo no es una expresión de libertad ni una manifestación de amor genuino; es, en esencia, un programa de control mental, una abdicación voluntaria del raciocinio.
Para comprender la anomalía que representa esta conducta, debemos partir de un principio universal irrebatible:
*"El Creador no hizo a nadie para que sea un fanático"*
Por razones lógicas y existenciales, la Fuente de toda vida opera desde el libre albedrío. No intenta



















