El problema de la política venezolana es que hoy aparece representada —por una parte— por delincuentes y criminales que se apropiaron del Estado y —por la otra— por politicuchos de poca monta que pretenden llegar al poder por delivery.
Si bien no son fenómenos moralmente equivalentes, ninguno puede ofrecer las capacidades necesarias para dirigir el Estado a partir de un proyecto de sociedad civilizada que genere condiciones para la libertad y la dignidad de la vida humana.
Por la experiencia de más de dos décadas, quienes vivimos en Venezuela conocemos las miserias del chavismo en el poder y su proyecto de convertir al país en territorio amigo para organizaciones criminales y en aliado de gobiernos enemigos de la libertad.
Sin embargo, también conocemos las miserias de buena parte de la oposición, esa que sin fuerza política
