Jiang Zemin está muerto, pero sus atroces crímenes contra los practicantes de Falun Dafa no serán olvidados. Movilizó a todo el país, incluidas las fuerzas del orden, las procuradurías, los tribunales, otras agencias gubernamentales, empresas y escuelas, para perseguir a los practicantes. El daño que causó a innumerables practicantes y a sus familias, así como a la sociedad en su conjunto, no tiene precedentes.
Cuando inició la persecución en julio de 1999, Jiang prometió erradicar Falun Dafa en tres meses y emitió una orden para “difamar su reputación [de los practicantes], arruinarlos económicamente y destruirlos físicamente”. Para intensificar la
