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domingo, noviembre 06, 2016

EL PAIS DONDE VIVI.

Hace tiempo viví en un país donde la amargura, el dolor y los sin sabores solo eran ocasionados por la pérdida de un ser querido, otros sucesos que nos pudiesen cuásar malestar o inconformidad  por lo general tenían una solución simple y además rápida. Hace tiempo viví en un país donde los gobiernos se equivocaban con más frecuencia de lo normal, pero siempre trataban de rectificar. Viví en un país donde la política no generaba odios y venganzas, los militares se dedicaban a cumplir con su deber y no a guardarle  respeto y  honores a tiranos de otras naciones, las fronteras eran sagradas y no se perdonaba a quienes de manera ilegal entraran a nuestro territorio, los negocios de la droga eran perseguidos sin descanso y los recursos naturales estaban a buen resguardo, con una policía científica que fue modelo y orgullo de la nación, la corrupción y el crimen se combatían con severidad, la educación era de primera línea y los estudiantes aprobaban de acuerdo a la dedicación que ponían para pasar al grado o año siguiente, las universidades a pesar del  permanente y añejo conflicto presupuestario se esmeraban en impartir una educación tan igual o cercana a las mejores del mundo, las escuelas y liceos crecían a ritmo de la población,  los espacios para el arte y la cultura cada vez eran  más amplios y nuestros
artistas se preocupaban de que así fuera, pues los gobernantes en conjunto con la empresa privada hacían una buena dupla que estimulaba el desarrollo de las artes y también  del deporte para todos por igual, había un instituto de investigaciones científicas que no le envidiaba nada a otro, viví en el país del bisturí de diamante, de la lucha exitosa contra la lepra y el mal de Chagas, de avances  incontables  en ingeniería y otras disciplinas, hace tiempo transite un país que vi desarrollarse poco a poco, las carreteras y autopistas se fueron alargando tanto como la superficie de Venezuela, los acueductos tanto como el tamaño de las ciudades, los hospitales tanto como la necesidad de tener ciudadanos sanos, donde fui atendido en alguna ocasión con esmero y respeto, vi como la generación y distribución de energía  eléctrica llegaba a todas partes, viví en  un país donde la era de las computadoras nos hizo avanzar aceleradamente hacia nuevos horizontes, volé en aviones de  VIASA,  reconocida como una de las mejores del mundo e insignia de nuestra flota aérea comercial y de carga, la Venezuela que se llenaba de auto pulman con turistas de todas partes del mundo que se marchaban con la idea de regresar al año siguiente, con un comercio de importación y exportación que nos abastecía de comida, medicinas, repuestos, para no alargar, había de todo lo que se necesitaba, el país de la cordialidad a los extranjeros con quienes nos hemos  ligado desde siempre  para hacerlo grande, hermoso y digno de su gente, anduve por las calles de las grandes capitales a pie, de madrugada, dando serenatas o regresando del trabajo sin temor a perder la vida a manos  del hombre nuevo, viví en el país de la libertad, del cumplimiento de los deberes y derechos ciudadanos, de la libre  expresión del pensamiento  pero también de la mano dura a quienes trataron de acabar con los principios democráticos que nos hicieron grandes en el continente, viví en el país donde los padres nunca pensaron despedir a sus hijos porque se marchan a buscar mejores y más seguros destinos, leí de un país lleno de mujeres y hombres que con valentía enfrentaron dictaduras aun a costa de sus vidas. Este país en el que viví y vivo va tomando de nuevo su rumbo, la moral pública se impondrá con la fuerza y la rebeldía que le dieron origen a la era democrática, los venezolanos sabemos que la paciencia no es miedo, ni la prudencia sumisión.
Julio Carozzo Baclini.    
C.I. 3.196.957

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