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jueves, noviembre 03, 2016

Retornemos a la esencia de lo venezolano

Estos son días de andar con amargos sabores en la boca.  Sabores a entrega, a desaforado pragmatismo, a arreglos secretos, sabores amargos a país que ha olvidado sus pasadas grandezas.

La manera de combatirlos es regresando a lo mejor que hemos sido, buscando las raíces de la Venezuela que fuimos, alimento para la esperanza de regresar a ser una Nación digna. Escucho, para ello, valses venezolanos de Antonio Lauro, una música de pura venezolanidad, rebosante de alegría y cordialidad, dos de las mejores cualidades que caracterizaban a nuestro pueblo. Óiganlos aquí:   https://www.youtube.com/watch?v=0QvbmiQGYkw
O leo a Aquiles Nazoa y sus poemas sobre la natividad,  o a Mario Briceño Iragorry y su “Caballo de Ledezma” o a Mariano Picón Salas y su “Viaje al Amanecer”. Regreso al Rómulo Gallegos de “Reinaldo Solar”, a los viriles escritos de Antonio Arraiz y de Alejandro García Maldonado o a contemplar los paisajes de Manuel Cabré, para re-encontrar  nuestra esencia, para robustecer las raíces, hoy asfixiadas por la mediocridad y  la carencia de decoro.


A pesar de ser un pequeño país hemos tenido momentos de grandeza.   Llevamos a Gallegos a la presidencia, un intelectual, cuando en el resto del continente abundaban los gorilas. Tuvimos, en Betancourt, un paladín de la democracia latinoamericana. Tuvimos en Rafael Caldera, durante su primera presidencia, a un presidente de lujo, orgullo de la región.  Tuvimos a  un Leoni cordial y bondadoso y a un Carlos Andrés con destellos de grandeza, tanto en sus buenos momentos como en sus momentos de tragedia.

Es lamentable que el país que nos dio gente como Sucre, Vargas y Bello esté hoy bajo las garras de un Maduro, un Hugo Carvajal o un Pedro Carreño. Estos últimos serían pequeños y deleznables accidentes genéticos si no fuera porque han llegado, gracias a nuestra pobreza de ciudadanía, a posiciones de abusivo y deshonesto poder político.

Veo nuestra degradación actual y me refugio en la Venezuela que fuimos, buscando fortaleza para seguir batallando contra la Venezuela que tenemos.

Es el momento de afincarnos en nuestras raíces, de ir a nuestra esencia. Somos el país de Bello, de Sucre, de Gallegos, de Cabré, de Lauro, de Picón Salas, de Uslar Pietri y de Soto,  no el país de Delcy e Iris, de Ramírez y Padrino López. Somos el país de Andrés Eloy, no de Julián Isaías, el país de Calvani, no de Chaderton Matos. Que la gente que hoy lidera los esfuerzos de la Venezuela democrática nunca olvide quienes hemos sido y la necesidad de honrar la memoria de nuestros héroes civiles. Es honrándolos e imitando su entereza como podremos salir de la larga pesadilla que ha puesto en peligro nuestra supervivencia como nación.

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