CAPITULO I
Erase un día de semana por el mes de Mayo de 1969. Con la jerarquía de Alféreces , yo había recibido el mando como Auxiliar de Comando del Pelotón.
Una mañana desayunando en el comedor, al mando de mis cadetes de la Escuadra, de pronto aparece por la espalda de la mesa, un opulento hombre, obeso y fuerte, tosco, de ancha espalda, áspero, de mirada despiadada y recio carácter, como de 1,68 de estatura, cara agria, pelo indiano, era el Capitán Oficial de Día,” El Gordo Recua”.
Sin medir palabras, con un impulso primitivo como los animales, tomó del pelo a uno de los cadetes
que estaba sentado a mi diestra, sin ninguna razón lógica, retorció su oreja tan fuerte que le hizo rechinar los dientes, le dio un “coscorrón”, tan fuerte, que a mí como Comandante de Escuadra me estremeció el alma, ¡come en escuadra, recua, le dijo!... ¡miré fijamente al Gordo!, haciéndole ver mi inconformidad por aquel abuso…
que estaba sentado a mi diestra, sin ninguna razón lógica, retorció su oreja tan fuerte que le hizo rechinar los dientes, le dio un “coscorrón”, tan fuerte, que a mí como Comandante de Escuadra me estremeció el alma, ¡come en escuadra, recua, le dijo!... ¡miré fijamente al Gordo!, haciéndole ver mi inconformidad por aquel abuso…
! La ira agitaba mi espíritu y removía mis sentimientos!
¡Este hecho me quedó grabado en el corazón!
Un día por diciembre de ese mismo año, ubicado en el puesto de comandando de mi pelotón en la formación de la mañana, sin razón alguna,” El Gordo Recua”, ordenó al Alférez Mayor Sánchez Pérez, que me pusiera a trotar, ¡dar vueltas al patio de ejercicios frente a todo el batallón!, ante mis subalternos, cuando nuestra obligación era dar el ejemplo de rectitud y moralidad, era un acto bochornoso, una afrenta aquel castigo, se consideraba como una ofensa grave, de tal naturaleza que frente a los subalternos se humillara un Alférez de esa forma vejatoria.
Un día por diciembre de ese mismo año, ubicado en el puesto de comandando de mi pelotón en la formación de la mañana, sin razón alguna,” El Gordo Recua”, ordenó al Alférez Mayor Sánchez Pérez, que me pusiera a trotar, ¡dar vueltas al patio de ejercicios frente a todo el batallón!, ante mis subalternos, cuando nuestra obligación era dar el ejemplo de rectitud y moralidad, era un acto bochornoso, una afrenta aquel castigo, se consideraba como una ofensa grave, de tal naturaleza que frente a los subalternos se humillara un Alférez de esa forma vejatoria.
¡Al final de mi castigo, mis parpados chapotearon, brotaban lágrimas de impotencia que se quedaron esparcidas en el patio de ejercicios, frente al Alférez Mayor, que trataba de calmar mi ánimo, por el inmoral castigo recibido.
CAPITULO II
DIOS PONE EN LAS MANOS DEL HOMBRE DE FÉ LAS HERRAMIENTAS PARA QUE LLEGUE LA JUSTICIA.
Pasaron los meses y un día de mayo de 1970, creo que era el sábado anterior al Día de las Madres, no hubo entrenamiento de campo, fuimos al desayuno y a eso de las 09:00 hrs.
CAPITULO II
DIOS PONE EN LAS MANOS DEL HOMBRE DE FÉ LAS HERRAMIENTAS PARA QUE LLEGUE LA JUSTICIA.
Pasaron los meses y un día de mayo de 1970, creo que era el sábado anterior al Día de las Madres, no hubo entrenamiento de campo, fuimos al desayuno y a eso de las 09:00 hrs.
Doce (12) Alféreces de la Promoción, nos fuimos al Casino de Cadetes, no sabíamos qué ese día, supuestamente había una orden del Jefe de Servicio, el Mayor Galarraga Pereira; todo el Batallón, debía ir a los dormitorios!.
Las labores habituales de mantenimiento, las hacían los cadetes del curso general, comandaba un Brigadier, los Alféreces supervisábamos, podíamos pasar nuestro tiempo libre en el casino, o haciendo labores personales, en el dormitorio.
A eso de las 09:30 hrs, apareció El Gordo Recua”, en la puerta del Casino: ¡acá recuas! Formen en columna de a dos, ordenó ¡de frente mar..! –
Marchando a paso rápido y pisada firme, con el consiguiente sermón, mas agrio y amenazantes que las cadenas del Indocumentado Maduro, nos trasladó hasta la prevención de la Escuela, éramos, doce (12) nos bautizamos a partir de ese momento, ” Los Doce del Patíbulo”, integrantes de nuestra contestataria y rebelde y moralista promoción, Primera Batalla de Valencia, la gran mayoría en contra de los abusos y vejámenes.
Entre los que recuerdo estábamos: Escobar Escobar, Robertis Pimentel (f),Padilla Carrera, Naranjo Luces, Nava Silva(f) Moreno Garcés, Vidal Peña, Abreu Abreu, Hernández Rosario, Salazar Marcano, alias El Gallo(f) , Romero Guillermo y mi persona Valero Briceño. -- Eran las 11:30 hrs, aún estábamos allí de plantón, ingresaba la visita y el Gordo, frente a gente extraña nos castigaba, decía: ¡salto del paracaídas! ,¡ salto del sapo! Tenderse, recuas, ¡flexiones de pecho!..., la visita miraba con estupor, pero lo más grave es que procedió a golpearnos a algunos de nosotros, ¡pega la mano recua, decía! Se frenó porque Moreno Garcés y Escobar Escobar, ¡alias El Largo!, hombre alto y musculoso de 2,05 mts de altura (en algunas oportunidades un profesor nuestro de Derecho, lo llamaba “Chorro de Humo”) , estuvieron a punto de lanzarle un golpe.
Cuando me golpeó en la mano, con mi mirada displicente quería acribillarlo, pero de allí no pasó. Transcurrieron las horas.
En la noche después del sol inclemente de la tarde, a eso de las 21:00 hrs, estábamos de plantón en el patio de ejercicios precisamente al lado del cañón de la derecha, en la noche oscura como plumaje de zamuro, vislumbrábamos la Pileta y las luces del Gran Hall.-- A las 21:30 hrs, dejó de vigilarnos “El gordo Recua”, nos sentamos a dialogar a murmurar, y a pensar que podíamos hacer:`` ¡ Brothers, hay que joderlo!”, dijo Padilla, el sutil y delicado ¡alías Mala Bestia!.
Al Gallo, se le ocurrió la idea qué deberíamos llamar al Coronel Director.
¡Ése que era un hombre que estaba en contra de los abusos!
Allí vimos pasar al alférez que estaba de Rondín, nuestro querido compañero, Víctor Martínez Mata (F), quién se nos acercó, se incorporó a la tertulia, le comentamos nuestro impotente delirio; él, era el Director del conjunto de gaitas y tenía el teléfono del Coronel Director, Olivo Flores.
¡ Nos lo proporcionó! Decidimos hacer un sorteo, para ver quien llamaba al Coronel; después de tres rondas, los ganadores se negaban a correr ese riesgo.
El Coronel Olivo, era un Oficial, de alta trayectoria humanitaria, sensible, había enfrentado la Dictadura de Marco Pérez Jiménez, su lucha permanente era por el adecentamiento, por el respeto, el buen trato, luchaba para evitar los abusos en la formación de los cadetes, morbo que traíamos los venezolanos y las Academias Militares, desde la época de Gómez y era parte de la idiosincrasia de los caudillos del siglo XIX. --
¡Ese Coronel; era muy diferente, por cierto a los actuales “Generales de Hojalata”! , que tienen el pecho repleto de chapas, por permitir que la Tiranía Criminal, oprima y masacre a nuestro hambreado pueblo, que nuestros cadetes que es lo más sagrado para nosotros los militares , violen la Constitución, abusen y se involucren en proselitismo político.
FIN DEL SEGUNDO CAPÍTULO. "CONTINUARÁ"
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TAG: #11May NUESTRAS REDES: Twitter: @SigatokaNegra ; Instagram: @sigatokanegra ; Facebook: @sigatokavenezuela ; Canal Telegram: @NoticiaSigatokaVenezuela ; Email: sigatoka.negra@yandex.com ; Tumblr: sigatokanegra
A eso de las 09:30 hrs, apareció El Gordo Recua”, en la puerta del Casino: ¡acá recuas! Formen en columna de a dos, ordenó ¡de frente mar..! –
Marchando a paso rápido y pisada firme, con el consiguiente sermón, mas agrio y amenazantes que las cadenas del Indocumentado Maduro, nos trasladó hasta la prevención de la Escuela, éramos, doce (12) nos bautizamos a partir de ese momento, ” Los Doce del Patíbulo”, integrantes de nuestra contestataria y rebelde y moralista promoción, Primera Batalla de Valencia, la gran mayoría en contra de los abusos y vejámenes.
Entre los que recuerdo estábamos: Escobar Escobar, Robertis Pimentel (f),Padilla Carrera, Naranjo Luces, Nava Silva(f) Moreno Garcés, Vidal Peña, Abreu Abreu, Hernández Rosario, Salazar Marcano, alias El Gallo(f) , Romero Guillermo y mi persona Valero Briceño. -- Eran las 11:30 hrs, aún estábamos allí de plantón, ingresaba la visita y el Gordo, frente a gente extraña nos castigaba, decía: ¡salto del paracaídas! ,¡ salto del sapo! Tenderse, recuas, ¡flexiones de pecho!..., la visita miraba con estupor, pero lo más grave es que procedió a golpearnos a algunos de nosotros, ¡pega la mano recua, decía! Se frenó porque Moreno Garcés y Escobar Escobar, ¡alias El Largo!, hombre alto y musculoso de 2,05 mts de altura (en algunas oportunidades un profesor nuestro de Derecho, lo llamaba “Chorro de Humo”) , estuvieron a punto de lanzarle un golpe.
Cuando me golpeó en la mano, con mi mirada displicente quería acribillarlo, pero de allí no pasó. Transcurrieron las horas.
En la noche después del sol inclemente de la tarde, a eso de las 21:00 hrs, estábamos de plantón en el patio de ejercicios precisamente al lado del cañón de la derecha, en la noche oscura como plumaje de zamuro, vislumbrábamos la Pileta y las luces del Gran Hall.-- A las 21:30 hrs, dejó de vigilarnos “El gordo Recua”, nos sentamos a dialogar a murmurar, y a pensar que podíamos hacer:`` ¡ Brothers, hay que joderlo!”, dijo Padilla, el sutil y delicado ¡alías Mala Bestia!.
Al Gallo, se le ocurrió la idea qué deberíamos llamar al Coronel Director.
¡Ése que era un hombre que estaba en contra de los abusos!
Allí vimos pasar al alférez que estaba de Rondín, nuestro querido compañero, Víctor Martínez Mata (F), quién se nos acercó, se incorporó a la tertulia, le comentamos nuestro impotente delirio; él, era el Director del conjunto de gaitas y tenía el teléfono del Coronel Director, Olivo Flores.
¡ Nos lo proporcionó! Decidimos hacer un sorteo, para ver quien llamaba al Coronel; después de tres rondas, los ganadores se negaban a correr ese riesgo.
El Coronel Olivo, era un Oficial, de alta trayectoria humanitaria, sensible, había enfrentado la Dictadura de Marco Pérez Jiménez, su lucha permanente era por el adecentamiento, por el respeto, el buen trato, luchaba para evitar los abusos en la formación de los cadetes, morbo que traíamos los venezolanos y las Academias Militares, desde la época de Gómez y era parte de la idiosincrasia de los caudillos del siglo XIX. --
¡Ese Coronel; era muy diferente, por cierto a los actuales “Generales de Hojalata”! , que tienen el pecho repleto de chapas, por permitir que la Tiranía Criminal, oprima y masacre a nuestro hambreado pueblo, que nuestros cadetes que es lo más sagrado para nosotros los militares , violen la Constitución, abusen y se involucren en proselitismo político.
FIN DEL SEGUNDO CAPÍTULO. "CONTINUARÁ"
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