CAPITULO I
(1).- LA CRISTINA CON CUCARDA.
Durante estos días de encierro, producto del Covid 19, y del Madurovirus, hemos recordado algunas anécdotas de la Efofac, ahora voy a contarlas.
Eran días de nuestra juventud que vivíamos a plenitud, teníamos vocación militar y éramos felices.
La mayoría, muchachos humildes que veníamos del interior del País.
La noche de bienvenida a la Escuela, por allá un domingo de agosto de 1.966, después del bautizo, se corría la bola, _”los nuevos tienen fiesta después de la cena”. A las 18:30, llegamos al Casino de Cadetes y comenzó la fiesta, “a tortear”, una torta
costaba un real y un refresco medio.
costaba un real y un refresco medio.
“Tomen su pareja dijo un Alférez”, la parodia consistía, en bailar con un compañero, con las mejillas pegadas sosteniendo la Cristina, entre ambos rostros, o con las frentes.
Esta era la gorro portátil, del uniforme de faena, la podíamos colocar en el bolsillo trasero del pantalón, también servía para dar cristinazos.
En la parte derecha llevaba la cucarda tricolor, con esta coscorroneaban a los nuevos. A eso de las 20:00 hrs, el gran bailarín el “Brigadier Gallo Pelia’o” ¡ordena!_ ¡Acá el Recluta Largo!, era Escobar Escobar, fuerte, largurucho, medía 2,05 mts. _Acá esos dos reclutas enanos, ¡ordenó!_ Eran Parra Fleitas y Briceño Linares, éste último pequeño y rellenito, medían 1,65 mts cada uno.
Comenzó el baile, con la música de la rocola, que estaba en un rincón del espacioso y agradable ambiente del Casino, “El Largo” tenía que doblar el dorso, al son de la salsa brava, se doblaba tanto, que sus nalgas, parecían el trasero de la “Borriquita de Pampatar”, los enanos rígidos movían los hombros, el resto haciamos la comparsa, nos parecía gracioso y divertido, las risas y carcajadas afloraban.
Así nos divertíamos.
CONTINÚA…
(2) EL CUMACO DE LA PASTORA.
(2) EL CUMACO DE LA PASTORA.
ANECDOTAS EFOFAC.
La doctrina militar exigía que los aspirantes y los cadetes, debíamos estar ocupados todo el tiempo.
Por ella, durante el período preparatorio, los viernes por la tarde después de la faena diaria, nos llevaban a los Actos Culturales improvisados.
Consistían en poner a dedo a cualquier nuevo a cantar, recitar o hacer algo para divertir a los espectadores, que era el batallón de cadetes.
¡Pase usted nuevo!, dijo el Tte. Sanabria Castro, señalando al nuevo Matheus Carrasqueo, con el dedo índice.
Este era el aspirante más joven de la Escuela, nosotros estábamos en segundo año… _ Este estaba nervioso y petrificado, tenía que hacer algo.
¿Qué va a hacer?, inquirió el moderador._ Voy a recitar, una poesía, dijo._ ¡proceda!_ con voz tímida de poeta, recordando su infancia, procedió: “Los pollos de mi cazuela, no sirven para comer, se le echa sal y cebolla y las hojitas de almendrón”... Se bloqueó, risas y carcajadas._ El Teniente con voz estruendosa y ronca, ordenó, _ ¡salga al patio, le de diez vueltas y me recoge cinco mil, hojas de almendrón, por ridiculo! El próximo. Dijo._ ¡Pase usted!, _ señalando inquisidoramente a un aspirante de piel morena, pelo indiano, de baja estatura.
Era Contreras Salinas, andino, pero venia de Los Teques. ¿Qué va a hacer?, inquirió el Teniente. _”Voy a cantar Mi Teniente”._ Arranque._” Y el Cumaco de la Pastora cua cua si señora, y el Cumaco de San José cua cua si se fue”…aplausos y risas, era muy cómico, _ Reclute bájese, no sea ridículo, el que parece un Cumaco es usted. Así quedó bautizado de por vida “El Cumaco”, a quien aun siendo Coronel, así lo apodamos.
“El Cumaco” y “El Gallo” Salazar Marcano, eran los cadetes más jodedores de la Promoción, se mofaban de todos, su tiempo en clase lo utilizaba para hacer caricaturas.
En el Curso de Estado Mayor, casi expulsan a “El Cumaco” por imitar en burla a un compañero, de apellido Zuleta León, al que llamábamos”
El Caimán”. El otro gracioso autentico, era Carrero Aranda, un paisano cerrerito,venido de las montañas altas de Bailadores, Edo. Mérida.
Hombre noble muy humilde en su presencia y formas de proceder, alto de 1,80 de estatura, gestos campechanos, voz lenta y pausada con su acento Andino característico._ ¿Qué va a hacer?, inquiría el Teniente. Voy a cantar Mi Teniente._ Comience, ordena: “Tu naciste sin corazón en el pecho, tú no tienes la culpa de ser así…”. Risas, aplausos abucheos… Recluta bájese de allí, ese debe ser el himno nacional de su pueblo Gocho. _ A finales del año 1.967, los actos culturales se sofisticaron, estaba de moda las canciones de Sandro y un nuevo, de nombre, González Cazorla lo imitaba a perfección, nos deleitaban con sus canciones: Rosas, Así, Por ese Palpitar….lo llamábamos “El Sandro de la Efofac”, también, habían salido otros artistas y el conjunto de gaitas, que nos hacían divertir.
CONTINÚA…
FUENTE: R/S/W
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