25 JUNIO, 2017He tenido la suerte y honra de escribir el prólogo de la importante obra John Hill, la corneta que salvó a Venezuela, acuciosa investigación del distinguido historiador y escritor, Álvaro Parra Pinto, quien realizó una magnifica búsqueda en las fuentes indispensables, para lograr un valioso compendio, del cual se extraen interesantes datos, para completar algunas páginas del devenir histórico.
John William Hill, joven músico de diecinueve años, es conocido como el Corneta de órdenes, del glorioso batallón Cazadores Británicos, inmortalizado el 24 de junio de 1821, en la sabana de Carabobo, al mando del aguerrido coronel Thomas Ilderton Ferriar, quien reemplazó en el área de combate, al denodado batallón Bravos de Apure, ambos pertenecientes a la
Primera División, al mando del Centauro José Antonio Páez, que soportó estoicamente la embestida del batallón Burgos del ejército realista.
Hill, alistado el 1ro de febrero de 1819, llega procedente de Inglaterra a Juan Griego en abril de ese año, como parte de un contingente de más de cinco mil voluntarios ingleses, irlandeses y escoceses, reclutados desde 1817, por el ilustre prócer civil Luis López Méndez, Comisionado Especial del Libertador en Londres.
Son recibidos y organizados en Margarita por el general Rafael Urdaneta, con quien ejecutan operaciones militares en Barcelona, Cumaná y Maturín. Estarán en la Campaña de la Nueva Granada en 1819, y en Apure al lado de Páez. Durante la concentración y desarrollo de la magna batalla en la sabana de Carabobo, se movilizan desde Achaguas hasta San Carlos.
En el fragor del combate, el Toque Rodilla en Tierra, ejecutado por el joven John Hill, permitió la reorganización de las fuerzas de Páez y el triunfo de la batalla. Bolívar, desde Valencia, el 25 de junio, envía al vicepresidente de Colombia, el correspondiente Parte de Guerra, donde exalta el valor del Batallón Cazadores Británicos.
Hill recibió heridas en la pierna y brazo izquierdo, y aun así, pudo realizar el Toque de Descanso, hubo ciento diecinueve bajas, de ellos diez oficiales del heroico batallón Cazadores británicos, denominado el mes de julio por el Libertador, Vencedores de Carabobo.
Hill, recibió la Condecoración Vencedores en Carabobo, y continuará operaciones militares en Maracaibo y Coro. En octubre de 1825, se instala en Paraguaná, donde recibe por sus valiosos servicios, unas tierras cerca de Pueblo Nuevo, contrae matrimonio en dos ocasiones, procrea dieciséis hijos, de hidalga descendencia. En diciembre de 1826, saludó al Libertador, en su paso por Coro procedente de Lima, y en diciembre de 1842, ejecutó el Toque de Silencio a la llegada a La Guaira, de los restos del Padre de la Patria.
En septiembre de 1842, solicitó su Pensión de Invalidez; Hill, falleció en Pueblo Nuevo en 1895. De nuevo felicito a Don Álvaro Parra Pinto por su feliz iniciativa.
Es el 24 de junio de 1821, alrededor de las 11:00 de la mañana, está perdiéndose la Batalla de Carabobo y el comandante Ferriar recibe la orden de enfrentar con su Legión Británica al Batallón realista Burgos que bloqueaba la entrada al campo. Por dos veces la mortífera unidad del rey, apostada en la altura de la colina de El Chaparral había barrido con los intentos de paso del Bravos de Apure dejando una amplia estela de muertos. La Legion, con el tricolor en manos de Ashdown, avanzó a paso ordenado, en perfecta formación, causando consternación en los llaneros con aquella forma desconocida de guerrear que tenían los europeos. Los "zamuritos", como habían chistosamente bautizado los llaneros a los ingleses, por sus uniformes verde oscuro, se situaron disciplinadamente en posición y distancia de tiro, e Ilderton Ferriar, ese irlandés valiente, loco y soñador ordenó al corneta John Hill, de 19 años, la orden ¡play kneel down!, "¡toque rodilla en tierra!", una de los muchos movimientos ensayados que componian su repertorio.
Eduardo Blanco narra de manera romántica como aquellos hombres bajaron de los caballos, soltaron los morrales, hincaron la rótula y se convirtieron en una "pared humana". La fusilería sincronizada de los ingleses causa estragos en el Burgos, quienes impedían a las fuerzas de Paez entrar por el paso de La Mona, un camino secreto conducente al flanco derecho de la sabana y que los baquianos de Tinaquillo recomendaron a Simón Bolívar para sorprender a los españoles, quienes esperaban el ataque por el frente o por la retaguardia.
Retrocede el Burgos, y el Mariscal De La Torre, en una jugada magistral, rodea a los británicos con los batallones realistas Infante y Hostalrich, ahora eran tres contra uno, se cierra completamente la entrada al campo, la vanguardia patriota esta detenida y siendo aniquilada, comienza el infierno.
En medio de aquella lluvia de plomo, descrita por el Libertador en la frase "nos cruzaban con todos sus fuegos", el corneta John Hill continuó tocando el Rodilla en Tierra sin interrupción. Los historiadores afirman que la legion perdió 17 oficiales y 109 hombres en los 15 minutos que se sostuvo la posición a toda costa, allí cae entre los primeros el comandante Ferriar.
Conforme a la disciplina inglesa de combate, el corneta Hill debió confirmar la orden de toque una vez muerto su comandante, no lo hizo, los oficiales al mando se sucedieron y cayeron uno tras otro, pero el corneta permaneció tocando. Una bala de los españoles quizo acallarlo, con la pierna rota siguió tocando en el suelo, era el único referente del mando en aquel infierno de muerte, otra bala le inutilizó el brazo, siguió sosteniendo el instrumento con la otra.
John Hill tocó el Rodilla en Tierra desde el piso, al lado de los cadáveres de sus compañeros, tocó viendo como su sangre se mezclaba con el polvo en aquellos 15 minutos eternos de destrucción. Allí se convirtió en venezolano el muchachito de Dublin, su gigantesca persistencia permitió que los Bravos de Apure se reorganizaran y junto con el Batallon de Tiradores realizaran la formidable carga que destrozó el muro realista y abrió el camino a la caballería de Paez. Una vez libre el paso, ya en fuga el ejército imperial, el atrevido corneta tocó descanso, fue el primer sonido de triunfo que se escuchó en la llanura.
John Hill enfrentó el arresto en su unidad, no entendieron los ingleses que hubiera seguido tocando el Rodilla en Tierra sin haber confirmado la orden de mando. Fue no obstante reconocido por el Libertador en el homenaje que les rindiera en Valencia despues de la batalla, donde se les rebautizó con el nombre de "Batallon Carabobo". En el momento se le llamó "el corneta del Libertador", y por instrucción de este se le otorgó un terreno en Paraguaná, donde vivió hasta las 95 años, pero la sanción a su desobediencia se mantuvo, tal vez por el excesivo celo o las envidias de algun burócrata, por tal razón no se le otorgó pensión.
Este curioso venezolano de ojos azules nacido hablando inglés, dió origen a una familia numerosa en Falcón, el apellido Hill identifica varias generaciones. Se sabe que más de 20 años después de Carabobo fue llamado para ejecutar el toque de silencio en el recibimiento de los restos del Libertador y que el General Paéz, reivindicando su participación heróica en la gran gesta venezolana, le otorgó la olvidada y merecida pensión de guerra.
El Presidente Chávez, estudioso acérrimo de la Batalla de Carabobo en todos sus detalles, amó ese instante supremo de la orden "Rodilla en Tierra", como expresión de la máxima determinación, disciplina, lealtad y ante todo, dignidad frente al enemigo.
Hombres y mujeres ¡rodilla en tierra!
FUENTE: https://pararescatarelporvenir.wordpress.com/2017/06/25/john-hill-el-corneta-que-salvo-a-venezuela-por-eumenes-fuguet-borregales/
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