Hemos Escuchado con mucha atención una entrevista a un ex agente del G2 cubano, que deserto después de muchos años de servicios internacionales en varios países y ahora trabaja para la CIA. Su relato me dejó estupefacto y me dejo muchas preguntas sobre lo que ocurrió en Venezuela después de la victoria electoral arrolladora de Jaime Lusinchi sobre Rafael Caldera en 1983 y lo que está ocurriendo en este momento.
Explicó el desertor porque ese cuerpo de inteligencia es considerado uno de los mejores del mundo y como contribuyo al ascenso de movimientos y gobiernos radicales de izquierda en varios países de
Centro y Sud América, así como en África y Europa e insospechadamente, en Estados Unidos, como parte del proyecto internacional de Fidel Castro, siguiendo la línea del internacionalismo comunista, que se inició desde el vamos de la revolución cubana.
El cuento corto es que sus penetran, básicamente, sectores académicos y de los medios de comunicación, además de sectores empresariales, políticos y religiosos, a los que también se agregan organizaciones gremiales, sociales y comunitarias, a cuyos líderes más importantes inoculan temas, no necesariamente de la retorica comunista, pero sí de los dramas que se viven cotidianamente algunas minorías en la sociedad, lo cuales son inflados hasta producir descontentos colectivos.
Asuntos como el racismo, el feminismo, la pobreza, la comunidad LGTB, el calentamiento global y otros como el tráfico de personas y las condiciones de trabajo, a los cuales los socialdemócratas de todo el mundo le hemos metido el pecho desde siempre, fieles como somos a los principios de inclusión, equidad e igualdad,, buscando realizar cambios a través de leyes y reformas, así como de la educación y la cultura.
Sin embargo la estrategia es maximizar la queja de los restos no resueltos, que siempre van a existir, en todas las sociedades hasta sensibilizar amplios sectores que, aunque no están afectados por alguna de esas problemáticas, su formación ciudadana para le democracia y la justicia, les hace solidarizarse con esas minorías marginales y, por supuesto, acusaran los gobiernos modernizadores o no, que todavía no hayan completado la tarea.
Desde luego que el reparto de culpas llevan todos los ingrediente que se le pueda poner a una campaña de desprestigio y destrucción de los partidos y sus líderes, de la burguesía y de los sindicaros, así como de las organizaciones comunitarias y sus dirigentes, así como la pedofilia en la iglesia, como también del sistema electoral. Es decir, el ideario completo de la anti política, del contrapoder, que buscan debilitar las democracias progresistas para sustituirlas por regímenes autoritario.
Esa película ya la vimos en Venezuela durante la última fase del gobierno de Jaime Lusinchi, el cual terminó con los más altos niveles de popularidad en toda la democracia, no solo por su obra física que mejoró los niveles de calidad de vida muchos sectores de nuestro pueblo, sino también por haber amainado el drama económico provocado después del viernes negro durante el gobierno de Luis Herrera Campins.
A él se debió el impulso a la masificación de la organización social del pueblo a través de las Asociaciones de Vecinos, la creación de las Juntas Parroquiales y la creación de la Comisión para la Reforma del Estado, integrada por los intelectuales más importantes de ese momento, cuyos resultados, como la descentralización y la elección directa de gobernadores, alcaldes y Concejales, terminaron incluidos en la elaboración de la Constitución de 1999, aún cuando dentro de ella quedaran rendijas por las cuales se ha colado el perraje totalitario.
La destrucción de la imagen de Jaime Lusinchi fue brutal y las acusaciones contra él terminaron en nada. Lo mismo ocurrió con el despiadado asesinato moral intentado contra CAP en su segundo gobierno, que se inició con los sucesos del 27 de febrero, cuando apenas había dado un pequeño paso, muy necesario, hacia el ajuste de los precios de la gasolina.
Luego vinieron los golpes de estado del 4 de febrero y el 27 de noviembre, el juicio y el derrocamiento de Pérez y el ascenso al poder de Rafael Caldera, quien concluyó su vida política abriéndole a la llegada de Hugo Chaves al poder para destruir la democracia que él mismo había ayudado a construir. Derrocar a Pérez significó frenar un programa económico y social que habría colocado a Venezuela en el primer mundo. A eso contribuyeron desde FEDECAMARAS hasta los más prestigiosos medios de comunicación.
Hoy, la urgencia es desandar ese tortuoso camino agarrados de la mano en una unidad ferrea , entendiendo que esa misma medicina se la quieren aplicar al Presidente Guaido y a los líderes que diariamente exponen su vida, su seguridad personal y familiar para luchar poir la deslegitimación del Régimen ilegal, inconstitucional e inmoral de Nicolas Maduro.
Ahora también debemos cuidarnos de la estrategia cubana que parece haber sido inoculada los aspirantes presidenciales que están en campaña a través de los medios internacionales, mirando los toros desde la barrera. A ellos debemos responder con las palabras de Betancourt “…una cosa es estar en la candela política y otra desde lejos decir como se apaga…”
Así juegan el papel de tontos útiles al dividirnos y debilitan las luchas concretas que hay que abordar hoy.
Caracas 16 de Julio de 2020.
FUENTE: R/S/W
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