Pero sin duda, existe una grave corresponsabilidad en la prolongación de este desastre por más de veintitrés años, con todas sus secuelas y consecuencias. La de un liderazgo opositor que ha demostrado una capacidad reiterada e infinita de equivocarse, generalmente motivado por razones de rivalidades, medianía, improvisación y carencia de responsabilidad, lo que fracaso tras fracaso, e incluso echando por la borda los éxitos coyunturales alcanzados, ha cumplido una especie de maldición de Sísifo, consistente en empujar la piedra, de los éxitos alcanzados, para luego dejarla caer en medio de pugnas, visiones sectarias, y aspiraciones extemporáneas, que irremediablemente lo llevan a un eterno comienzo, y todo ello en el contexto de un país y una sociedad sumida en un auténtico holocausto humanitario.
El último eslabón de esta prolongada cadena de imperdonables errores, lo constituyeron las elecciones regionales y municipales del pasado 21 de Noviembre, donde gracias a las rivalidades y disputas, que fracturan sempiternamente al mundo opositor, cuya unidad, es elemento indispensable para confrontar con éxito al régimen, se perdieron más de 14 gobernaciones y un número importante de Alcaldías, que han podido alterar positivamente el mapa político venezolano, constituyéndose en elementos claves para futuras y mejores victorias, lo que permitió el paradójico y casi repetitivo cuadro, de que el gobierno con muchos menos votos, pueda , gracias a la ineptitud o complicidad de sus adversarios, obtener muchas más posiciones de poder.
Ahora, las miradas y preocupaciones de los Venezolanos, tienen como referente las elecciones presidenciales pautadas para el año 2.024, y de cuyos resultados dependerá la prolongación por un sexenio más del desastre y la destrucción, signo inequívoco del actual gobierno, o por el contrario el inicio de una transición, que bajo el signo ineludible de la lucha democrática y la vía electoral, de la unidad y de la negociación, despeje el camino hacia el cambio y la reconstrucción del País.
Resulta de tal importancia y trascendencia, la cita electoral del 2.024, que los factores políticos y sociales, absolutamente mayoritarios, que se oponen a la continuidad del régimen, están obligados a revertir esa propensión crónica, al error y el disparate político, y centrarse en el diseño de una estrategia, cuyo propósito esencial tiene que ser , el de convertir el inmenso malestar,, descontento y deseo de cambio que revelan todos los sondeos de opinión, en una voluntad materializada de cambio, que se exprese contundentemente en las urnas electorales.
Sin embargo, y esto tiene que ser motivo de real, sincera y oportuna preocupación, las propuestas y visiones colocadas hasta ahora en escena por los voceros más calificados, de los diversos grupos opositores, no parecieran enmendar las conductas y sobre todo las concepciones erróneas, que hasta ahora han pavimentado de disparates y equivocaciones las estrategias condenándolas de antemano a las derrotas, que en este caso, significaría nada menos que la prolongación por un sexenio más de la ruina y destrucción de Venezuela.
Lejos de como demanda el más elemental sentido común, colocar los bueyes delante de la carreta, es decir aportar los elementos claves para la construcción de una unidad real en el amplio, diverso y polifacético mundo opositor, diseñando un mensaje común en la diversidad, una propuesta de cambio al país, y un programa de luchas compartidas que puedan ir reagrupando y solidificando un mundo tan disperso y atomizado como el de la oposición, se pretende comenzar, por lo que la lógica indica, debe ser el final, es decir por la elección de un candidato Presidencial de todo el universo opositor, que de no tener previamente un espacio y una base sólida sobre el cual edificarse, estará irremediablemente condenado al fracaso, seguramente con la implosión previa de su frágil base de apoyo.
Pero, no se trata solo de alterar la lógica de las cosas, sino que además los diversos factores opositores, encabezados por el denominado G-4, que cambia periódicamente de nombre pero no de conductas, ha colocado la ´propuesta de unas elecciones primarias, como el método o mecanismo ideal para seleccionar el nominado opositor, planteamiento que sería aún discutible en un escenario de normalidad democrática, con un adversario respetuoso de los resultados electorales y la alternabilidad, y en un contexto de reglas claras, competencia leal, y árbitro electoral imparcial, pero absolutamente erróneo e impertinente en la situación que vive Venezuela.
EL ABC de la política, Enseña, que a la hora de diseñar una Estrategia, se debe como factor esencial para su asertiva formulación, definir eso que se conoce como “la naturaleza del adversario” que para traducirlo sencillamente solo indica que debe conocerse las conductas, motivaciones, métodos y anatomía de con quién te vas a confrontar. En este caso y abreviando cualquier debate o diferencias al respecto, debe tomarse como bueno lo que cotidianamente dice Juan Guaido y los sectores que lo secundan, que señalan al gobierno, como la peor, más cruel y corrupta tiranía que ha padecido Venezuela en su historia, y hacen una radiografía de la cúpula enquistada en Miraflores que deja pálidas las dictaduras de Fidel Castro, Lukachenko y Kin Jong-un.
Ahora bien esos mismos voceros que se atreven incluso a acuñar el duro término de “narco tiranía “, son a su vez, los que proponen la escogencia del candidato que deberá enfrentarse a ese “despiadado e implacable rrregimen “mediante unas elecciones primarias, a las que puedan postularse cualquier venezolano, que cumpla las laxas exigencias constitucionales en relación a quienes puedan desempeñar la primera magistratura, y para lo cual se acumula un listado de más de 40 aspirante de todos los pelajes; se trataría entonces para decirlo con el ritual del lenguaje de la inefable Tibisay Lucena, de una auténtica “fiesta electoral “, mas colocada en el contexto de una democracia consolidada y normal, que de la confrontación con un gobierno frente al cual ellos no ahorran calificativos para dibujar su carácter hegemónico y autoritario.
No es un candidato salido de unas primarias, que como todas las de esa naturaleza, terminan dominadas por maquinarias aprovisionadas de la infaltable “logística “, con el que se puede asegurar la titánica tarea de derrotar electoralmente al gobierno, y menos aún de viabilizar un tránsito pacifico hacia la efectiva alternabilidad, y más difícil y desafiante todavía asumir la complejísima tarea de gobernar a un país en escombros, luego del holocausto en todos los órdenes generado tras más de veinte años de depredación.
En pocas palabras, la contradicción insalvable, que condenaría de antemano al fracaso, y que abonaría el camino a seis años más de desastre, parte precisamente de pretender enfrentar a un gobierno de las características que la oposición radical define, con una estrategia que no se corresponde con su caracterización, y que banaliza su propia definición del adversario.
El camino hacia el éxito electoral y político del 2.024, tiene que partir del diseño de una ruta, que se proponga en primer término, salvar la brecha cada vez más pronunciada entre el venezolano de a pie que sufre y padece en su trágico día a día, y los políticos y los partidos, cuyas agendas dan prioridad a sus propios intereses y obvian e calvario cotidiano de los ciudadanos. En segundo lugar construir una unidad efectiva y real en el disperso y fracturado mundo opositor, y esto solo es posible acercando posiciones en torno a un programa de luchas populares a un proyecto de país alternativo, a una visión compartida y a una plataforma electoral que cumpla impecablemente la tarea de motivar, organizar y dirigir un poderoso movimiento en favor del cambio.
La candidatura opositora, debe ser seleccionada, a la luz de la realidad venezolana y sobre todo priorizando la definición y caracterización del adversario al que nos enfrentamos. Debe construirse un consenso en torno a un hombre o una mujer, que sea capaz por su trayectoria, reconocimiento y características, de cumplir las nada fáciles tareas de asegurar la victoria electoral, facilitar una transición negociada, y construir un amplio consenso en torno a un gobierno de gran amplitud que pacte un programa mínimo de realizaciones para esa etapa de transición y que de garantía a todos los sectores, principalmente- queramos o no – al Chavismo – madurismo, que desplazado del poder, solo lo cederá efectivamente, si tiene las garantías y seguridades para la preservación de su espacio político. Todo lo anterior es real Politik, pura y dura, sin cuyo ejercicio resulta imposible salir del inmenso atolladero en que nos hemos metido durante más de veinte años. No se necesita tener la genialidad de Albert Einstein, para concluir que si seguimos reiterando la sucesión de errores cometidos en este largo tiempo, los resultados serán los de siempre.
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FUENTE: http://resumendigital.com/muchos-candidatos-o-poca-responsabilidad-por-rafael-simon-jimenez
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