Yo he insistido hasta el fastidio sobre la necesidad de buscar en nuestra tradición y en nuestra historia los signos aglutinantes y las cualidades de provecho que den uniformidad y ofrezcan fuerza para la obra de realizar nuestra misión de pueblo. No he defendido lo tradicional al amor de una pasión romántica por las cosas pasadas. He buscado la difusión como titulo este artículo del reflujo y el reflujo que provoca en la vida actual la constancia de los valores determinantes de cada pueblo. Sin la guarda de los valores abstractos que definen nuestro genio nacional, la acción difusa de los nuevos elementos puede llegar hasta suscitar la disolución del genio y del carácter que configuran a las sociedades. Para defender nuestra geografía nacional, no en mero concepto político de horizontalidad estática, sino en pleno sentido potencial de su fuerza mineral y vegetal y de las posibilidades funcionales de lo humano que en ella se enmarca, es requerido defender los valores de Historia que definen la propia posición parcelaria de la tierra en el orden de la cultura universal.
Allá, acá, en todas partes, insurgen voces interesadas en presentar el movimiento de Salvación Nacional Humanista y Republicano cómo una actitud negada al curso creador de los valores universales, un total error. En distintas ocasiones he insistido, también, en decir que negar legitimidad a la acción de los pueblos que buscan el rebustecimiento de sus valores nacionales, es tanto como negar el derecho que los hombres tenemos para robustecer individualmente nuestra propia personalidad. Distinto es el caso de los nacionalismos, que en nombre de mitos biológicos, económicos o culturales, pretenden dirigir el curso de la Historia Universal. Frente a la desviada posición asumida e impuesta de las organizaciones criminales Trasnacionales (socialistas o comunistas) que quieren incluirnos en el esquema de sus intereses privativos y limitativos, desde luego se hace legítimo la necesidad de levantar los signos morales que coadyuven a la defensa de nuestra integridad de nuestras naciones.
No basta decir que debemos defender nuestra economía, nuestra sociedad y nuestra libertad de la continúa amenaza que para ella representa los intereses de las organizaciones criminales Trasnacionales socialistas y comunistas en la América. Se requiere levantar conjuntamente el significado moral de los baños que se suman para hacer de nosotros una comunidad nacional (Venezuela) con derechos históricos que nos alejan de la posición colonialista y opresora a qué la se intenta reducir, junto con la explotación y saqueó y hasta el propio orden político social-cultural del país.
Yo tengo la profunda satisfacción de comprobar cómo está manera de ser venezolano es compartida por la inmensa mayoría nacional dentro y fuera de nuestra amada Venezuela que se opone al entreguismo practicado por el pequeño círculo que, apoyado en la ceguera y en la irreflexión de un Ejército engañado, dispone de la voluntad de la República, en razón de contar con el dominio del capital fiscal y capital financiero de la Nación y del Narcotráfico. Ello no empecé para que sientan, también, el reclamo nacionalista muchos Connacionales que por miedo, por ofuscaciòn, por urgencia de lucro inaplazable, prestan apoyo indirecto a las fuerzas explotadoras y saqueadoras. Cuando se enfocan los problemas desde el ángulo de estás confusiones, nuestro país resulta un verdadero galimatías, que obliga a la más minuciosa reflexión. Juzgado el caso con una sola lógica, nuestro discurso nos conduce con frecuencia a callejones sin salida. Por ello, sea cual fue el campo por dónde nos introduzcamos en busca de razones que expliquen determinados hechos, hemos de ir acompañados de instrumentos de juicio que faciliten volver oídos para recoger razonamientos que fueran despreciados en un anterior proceso investigador. La simplicidad de los esquemas interpretativos fácilmente conduce a errar, cuando se pone de lado el sentido dialéctico de hechos humanos y cuando se olvida, en nuestro caso Venezolano, la dificultad que ha constituido para el desenvolvimiento de la personalidad la trama y la poca diferenciación de los cuadros políticos, económicos y sociales.
Finalmente "Al explorar el alma venezolana, halla fácilmente el observador como signo determinante de las clases un espíritu propenso a la flaccidez, a la elasticidad, curioso de novedades frívolas, susceptible a las influencias y a los acomodos alegres, presa fácil de la vanidad y del ensimismamiento. Les falta, en verdad vocación para la actitud meditativa y austera que lleva al expurgo de los propios errores y, consiguientemente, a su consigna enmienda.
Corresponde pues a los venezolanos de bien amantes de la Justicia y la Libertad reencontrarnos con nuestros verdaderos principios libertarios y con ello el nacionalismos Republicano
Viva la Libertad Muera la Tiranía usurpadora
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FUENTE: Ing. José Contreras
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