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lunes, noviembre 28, 2022

Desapercibida

Barra Plural 

 Un país que no invierte en educación condena a sus ciudadanos a la peor de las esclavitudes, la de la ignorancia y si ello ocurre, adicionalmente de manera intencional, la situación más preocupante es. 

Ha publicado el pasado 15 de noviembre el Ministerio de Educación de Venezuela en la Gaceta Oficial Nro. 42505 de esa fecha, la decisión del 14 de ese mismo mes a través de la cual se reduce el horario de clases en el país en instituciones públicas y privadas hasta nivel medio, a cinco horas diarias, vale decir a veinticinco horas semanales y adicionalmente a cuarenta minutos por hora lectiva, con la particularidad adicional que, para el caso de la educación básica,  dentro de las mismas pueden computarse –conforme lo establece el artículo 3 de dicha normativa- actividades culturales, productivas, deportivas o recreativas   

Las implicaciones de la decisión son variadas. 

El solo hecho de la reducción implica sin duda una desmejora –aun mayor- en la calidad de la educación que nuestros muchachos reciben, pero, adicionalmente, a diferencia de Colombia donde el año escolar ha finalizado y comienza a finales de enero o principios de febrero, en Venezuela el año escolar está en curso pues va desde septiembre u octubre hasta julio. Así entonces, en nuestra tierra, en medio de la travesía educativa, se reducen las jornadas y se modifican horarios, originando que, inmediatamente -pues la decisión tiene ese efecto- los padres y representantes deberán decidir el turno en el cual deberán concurrir sus hijos dado que dos de aquéllos habrá,  con las implicaciones que dicha decisión conlleva respecto del restante del tiempo libre que los muchachos habrán de tener.

Ciertamente que la  resolución adoptada por el referido ministerio probablemente conlleve que los educandos podrán entrar a clases más tarde en la mañana -8 am- y no como ahora que es a las siete de la mañana y que adicionalmente saldrían antes de mediodía,  pero es también verdad que tendrán toda la mañana o la tarde libre –dependiendo del turno elegido- en un país donde las dificultades de información son evidentes dado el limitado acceso a internet que en el mismo existen y la casi nula vocación de asistencia a bibliotecas que en el mismo tenemos a lo que se suma la práctica de cerrar los campos deportivos de aquellos institutos que los tienen, cuando no hay actividades en la respectiva institución. 

Obviamente que para los padres que tengan posibilidades de hacerlo, la decisión implicará contratar para las horas del dia libre de los hijos, a profesores particulares que complementen las falencias educativas que el sistema no subsanará, pero es lo cierto que son la minoría y que por ende muchos más serán los afectados por la decisión.

La circunstancia de residir en Colombia le permite a uno observar las diferencias entre los sistemas de los dos países. 

En Colombia,  la hora lectiva es de 60 minutos en tanto que la nuestra pasó de 45 a 40 minutos con la nueva disposición; adicionalmente a éllo, si bien es cierto que en la primaria de la tierra de Nariño y Caldas el número mínimo de horas semanales es de 25, tal como ocurrirá ahora en Venezuela con todos los niveles educativos previo universidad, en el bachillerato colombiano es de 30 horas, por lo que no es difícil concluir que entre ambos sistemas, al dedicar el colombiano más tiempo a la formación del educando, el mismo tiene mayor posibilidad de eficiencia formativa. 

Si la conclusión es correcta, esa diferencia tanto en el tiempo efectivo de horas semanales de clase como en el de la hora lectiva, origina una ventaja competitiva del alumnado colombiano respecto del venezolano que, en algún momento deberá evaluarse en nuestro país a pesar de las connotaciones que ella tendría respecto del sistema laboral de los educadores y la aplicación del principio de progresividad en materia laboral.
  
La decisión gubernamental venezolana tiene una característica y es que ha pasado absolutamente bajo la mesa, bien como consecuencia de la situación política o económica interna o, porque no, del mundial de futbol. Lo cierto es que la misma, guste o no tiene unas implicaciones hacia el futuro de nuestras generaciones que, sin duda deben ser evaluados y no solo por especialistas. 

Lo que no me cabe duda alguna es en que, en la medida que limitemos a nuestros muchachos su posibilidad de formación, estaremos contribuyendo a su dependencia del Estado lo que no es de sorprender en un sistema como el que actualmente se desarrolla en nuestro país, de allí la imperiosa necesidad de cambiar ese estado de cosas. Quizás si aplicaremos las estrategias que al respecto países de distinta costumbre a los nuestros aplican, como es el caso de Japón, las cosas pudieren ser distintas. 
 
Gonzalo Oliveros Navarro
Fundación2Paises
@barraplural
@fundacion2pais1

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FUENTE: >>Gonzalo Oliveros Navarro

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