Las malas cifras de una Venezuela y de unos venezolanos hechos pedazos no mejoran. Adentro y afuera, estando el país en las manos de quienes está, las estadísticas nacionales se mantienen fúnebres.
Un incendio dentro de un depósito humano para inmigrantes en Ciudad Juárez, México, acaba calcinando a varios venezolanos. Entre las junglas y los caños del Tapón del Darién desaparecen, para nunca más volver, venezolanos que huyen todos los días desesperados por la situación y por el hambre en nuestro país. Un drogadicto xenofóbico lanza su carro a un grupo de venezolanos que se encuentran delante de un refugio de inmigrantes en Texas. Y, lo que ya es habitual, familias enteras se siguen congelando en las veredas heladas de las fronteras entre Bolivia y Chile, tratando de entrar a ese país.
Señores: ¡nos están extinguiendo y pareciera que a muy pocas personas, organizaciones y gobiernos del mundo les interesa!
Ya sabemos cómo se pone la Comunidad Europea ante la crisis humanitaria producida por la invasión Rusa sobre Ucrania. No haya dónde meter, con cuál mano socorrer, a los ucranianos que huyen de esa feroz guerra. Además, media Europa regala a Ucrania tanques, municiones, drones y artefactos para que repelan a los rusos.
Igualito ocurrió en los 90 con el exterminio desatado dentro de la ex Yugoeslavia. La OTAN y Europa Occidental en pleno salieron a perseguir a quienes espantaban tanto a los musulmanes como a los bosnios, cubriendo a las víctimas con un paraguas de protección militar increíble. En ese momento Europa le dijo al resto del mundo que no podían permitir otra “solución final nazi”, ni otro holocausto como el de los turcos en contra de los armenios en suelo europeo.
¿Será porque toda esa gente son eslavos, catires, de ojos claros y bien bonitos? ¿O será porque las mujeres de aquellos lados son bellezas de revistas y los bebés de etiqueta de compotas?
Porque en este lado del infierno, Maduro y Diosdado anuncian que están esperando a todos aquellos que se fueron y decidan regresar al país con los brazos abiertos. Porque allá en Venezuela lo que hay es agua, luz eléctrica, internet, comida en abundancia y sueldos y pensiones de 6,50 dólares mensuales para poder llevar una vida “digna y sin sobresaltos”.
El régimen usa a jueces y tribunales para encerrar y torturar disidentes en “tumbas”, la oposición política es de vitrina y pare usted de contar. Lo que ofrece es participar en elecciones fraudulentas para 2024. Mientras Venezuela se derrumba día tras día.
Yo lo tengo claro: quienes desvalijan, atropellan y asesinan a todo nuestro país no son los únicos responsables de este holocausto a cuentagotas. Hay demasiados cómplices del silencio, gobiernos y grandes corporaciones que también tienen mucho, muchísimo que ver con todo el desastre que ocurre en Venezuela y a los venezolanos dentro y fuera de nuestra tierra.
En un planeta de alcahuetes, cómplices e indiferentes a un régimen criminal, que permite y hasta hace burla de la muerte de tantos y tantos inocentes, no puede seguir pasando desapercibido. Toca señalar a todos aquellos que le juegan el juego, por las razones que sean, a los bandidos de Miraflores Y convencer a los venezolanos que la libertad dependerá de Dios y de nosotros mismos.
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FUENTE: >>https://venezuelaredinformativa.us/un-planeta-de-alcahuetes/
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