¿Será también la hora de la libertad de Venezuela?No lo sabemos. El tiempo con su inexorable discurrir, se encargará de comprobarlo. Por lo pronto, es muy bueno que en la sociedad venezolana renazca la esperanza de superar esta época de oprobio y decadencia.
En distintos momentos y coyunturas, otros han podido evitar esta catástrofe; o por lo menos, ser más contundentes para encarar a la canalla que se regodea en el poder. Varios personajes han tenido su hora estelar para rescatar a Venezuela.
En abril del año 2002, Raúl Isaias Baduel, cuando gozaba de liderazgo militar y del poder de fuego para reencaminar a la República, pudo rechazar la autojuramentación de Carmona Estanga, y al mismo tiempo influir en procesar la renuncia de Chávez a la Presidencia de la República, como lo había informado al país, el General Lucas Rincón. Todo dentro del marco constitucional, como dijera que actuaba. Pero no. Prefirió retornar a un Chávez hambriento de venganza, luego de ser separado del poder por ordenar el Plan Avila y cohonestar la matanza de Puente Llaguno.
Lo demás es historia reciente. Ya sabemos como terminó Baduel en las mazmorras del régimen, de donde salió, pero muerto. Así paga el diablo a quien le sirve, se nos repite insistentemente.
En el año 2006, se presentó la hora de Manuel Rosales. Luego de aquella monumental huelga electoral en las elecciones parlamentarias del 2005, que no se cobró politicamente, y que mostró a una oposición sin dirección y sin planes para confrontar definitivamente al régimen; de la mano de Teodoro Petkoff se construyó la candidatura de Manuel Rosales para retomar la ruta electoral.
Más allá de las falencias del candidato, la Venezuela antichávez se organizó y movilizó para mostrar su fuerza. El reconocimiento tempranero del triunfo de Chávez, cuando aún se contaban los votos en las mesas, constituyó un balde de agua fria para una población que resistía frente al régimen. El aumento desproporcionado de la votación del chavismo, que pasó de 3 millones en el 2005, a casi 8 millones en el 2006, expedía un fuerte hedor a fraude masivo. Pero en esa época, los voceros de la oposición eran más estridentes para defender al sistema electoral, que los mismos personeros del chavismo. Vaya usted a saber por qué.
Los años 2012 y 2013, nos trajeron las horas de Henrique Capriles. Hay quienes afirman, que en las dos oportunidades ganó Capriles. A Chávez en noviembre del 2012, y a Nicolás Maduro en abril del 2013. Pero no cobró en ninguna. En la primera, supuestamente fue aconsejado a no desgastarse con un enfermo terminal, que pronto dejaría una vacante absoluta, que podría luego ocupar sin mayores enfrentamientos. Y en la segunda, todavía se recuerda a una población expectante para salir a la calle a hacer valer su voluntad y a cobrar su triunfo, cuando fue convocada a tocar cacerolas y a escuchar salsa, para ahogar su rebeldía y sed de cambio.
Venezuela seguía en el despeñadero. Su destrucción era cada vez más acentuada. Así llegó la hora de Leopoldo López. En el 2014, antes y después de LaSalida, la atención del país se posó sobre el fundador de Voluntad Popular. Su conexión con la juventud y la presencia organizada de su movimiento en sectores populares, le auguraban buen futuro. Pero hete allí, luego de la contundente y masiva protesta en el marco de LaSalida, al ser acusado de los desordenes y asesinatos que la misma dictadura promovió, por la vía de sus infiltrados en la manifestación, comete la sinrazón de entregarse a la policía del régimen, convirtiendose en ficha de cambio en manos de la dictadura.
Las supuestas o reales negociaciones turbias que mantuvo en la prisión con emisarios oficialistas ( Rodriguez Zapatero, etc), amén de los errores en la conducción de su partido, fueron apagando su estrella y mermado su liderazgo.
Las elecciones parlamentarias del año 2015, catapultaron otros liderazgos con sus respectivas horas estelares. Los resultados sorprendentes de esos comicios, tanto para el régimen como para la oposición, evidenciaron las profundas fallas estratégicas del liderazgo disidente. Es obvio que la oposición estaba acoplada a los tiempos de la dictadura, desentendiéndose de la conseja según la cual, todo momento político es bueno para derrotar a un régimen autocrático, y producir su desplazamiento del poder. Claro, si las condiciones objetivas lo permiten.
Con la obtención de una mayoría calificada en la Asamblea Nacional, la oposición podía comenzar la reinstitucionalización democrática del país. Cuestión que no podía permitir la dictadura, incluso si ello conllevara a despojarse de los últimos harapos con que vestía su putrefacto cuerpo totalitario y delincuencial.
Allí surge el cuarto de hora de Henry Ramos Allup, escogido como Presidente en ese primer año que se presumía tormentoso, en la nueva Asamblea Nacional. Su dilatada experiencia política fue el mejor argumento para que se diera su elección, dentro de la oposición. No obstante, el burdel político sólo sirvió para retirar unos afiches de Chávez del capitolio; y para hacer una que otra compra en el mercado de Quinta Crespo, que intentaba popularizar una supuesta candidatura presidencial.
Cuando se esperaba mayor combatividad para hacer valer la mayoría aplastante que se obtuvo en las parlamentarias, el liderazgo optó nuevamente por negociar y cohabitar con el régimen, perdiéndose esa singular oportunidad política.
La negociación entre factores de la oposición que había encumbrado a Ramos Allup en el primer año, comprendía una rotación en la Presidencia de la AN, de los partidos del G-4 en los primeros 4 años. Y un último período para los partidos minoritarios.
Es en razón de este acuerdo, que corresponde a Voluntad Popular presidir el cuarto año del período parlamentario. Y las imprevisibilidades de la política, hicieron recaer esa responsabilidad estelar, en un dirigente de segunda fila del partido de Leopoldo López. Es la hora de Juan Guaidó. En esa legislatura del 2019, debía tomarse juramento al nuevo Presidente de la República, que estaba previsto escogerse en el 2018 para el período presidencial 2019-2025.
El fraude constitucional cometido para crear un parapeto constituyente que anulaba por la vía de la violencia institucional, a la legítima Asamblea Nacional, produjo unas elecciones presidenciales no reconocidas por la oposición ni por la comunidad internacional.
Es el no reconocimiento de esa elección lo que produce la vacante absoluta en la Presidencia de la República. Y en razón de lo establecido en el Art. 233 de la CRBV, esa vacante debía ser ocupada por el Presidente de la AN, hasta que se realizaran nuevas elecciones.
En enero de 2019 se posesiona Juan Guaidó de la Presidencia de la AN, y a las semanas se juramenta ante una masiva concentración en Caracas, como Presidente interino de la República. El país bullía de esperanza y optimismo. El propósito de reclamar el futuro y rescatar la libertad, estremecía al país por los cuatro puntos cardinales. El pueblo que había puesto en muchas oportunidades la carne en el asador, mostraba nuevamente su disposición al sacrificio. De la nada insurgía Juan Guaidó, convertido en punta de lanza para ponerle a esta hora trágica venezolana. Esa emoción contagiante que sacudía el espiritu nacional, volvía con una fuerza inusitada. Venezuela mostraba su hambre de cambio.
Los recovecos de las negociaciones non santacs, las ansias desmedidas de poder, y las claudicaciones vergonzantes, volvieron a imponerse. Esa parte del liderazgo opositor, cómodo con la cohabitación, en bastarda complicidad con la narcotiranía, y falto de coraje para cumplir su función; de nuevo tiraba por la borda esta innegable oportunidad de sacudirnos esta peste nombrada socialismo del siglo XXI.
Esta última traición a la fe popular, es lo que produce frustración, desesperanza, conformismo y resignación, en gran parte de la sociedad venezolana. El régimen con su "Venezuela se arregló", pensó que había quebrado nuestro espiritu de lucha y que era inevitable su consolidación.
Es aquí y ahora, cuando insurge la figura de María Corina Machado. En élla coloca el pueblo venezolano sus renovadas esperanzas expectativas para superar esta desgracia. No es gratuito ese reconocimiento ni improvisada la decisión de calgar en sus hombros esta grave responsabilidad.Todo esto lo ha ganado a pulso. Pero si María Corina pretende hacer coincidir su hora, con la hora de la libertad venezolana, debe pisar firme, hilar fino, desechar el lente que construyen los aduladores, poner a distancia a los buscapuestos, trepadores y bucaneros de la política; y sobremanera, pensar en grande y dimensionar la magna tarea que tiene por delante.
Más allá de candidaturas, de partidos y de elecciones, hay una cita con la historia de este maltratado país. Estar a la altura del compromiso, es lo que está demandando Venezuela. La destrucción en todos los ordenes de la vida nacional, y el saqueo a que sido sometida la nación, la han convertido en un paraje triste, desolado, oscuro y en ruinas. María Corina tiene la palabra. Dios con nosotros. Amanecerá y veremos.
Junio 2023.
luisevalenciam@hotmail.com
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FUENTE: >>R/S/W
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