Ramos Allup y el resto de quienes controlan el carapacho de lo que una vez fue Acción Democrática, utilizan la memoria de Raúl Leoni para hacer los negocios de siempre, a través de las picardías que todo el tiempo le secundan al régimen. ¡Por algo será!
Ni fui, ni nunca he sido adeco en toda mi vida. Los adversé. Los enfrenté con furia e intolerancia. Adonde me llevaron mis pies denuncié su marramuncias y el esfuerzo sostenido de la cúpula de ese partido por enriquecer a unos pocos a expensas de la ruina de toda Venezuela. Hasta que llegó Chávez, quien superó en miseria y destrucción a todo cuanto se haya cebado en contra de Venezuela, peleé con todo lo que tuve a mi alcance en contra de los adecos. Pero, eso sí: los respeté.
Toda la vida consideré que, como institución y a través de un puñado de hombres excepcionales, Acción Democrática hizo un esfuerzo increíble por institucionalizar a la Venezuela que surgió después de la muerte de Juan Vicente Gómez.
Por eso es que me horrorizo cuando usan el nombre de Raúl Leoni para asociar un comando adeco a la payasada del referéndum consultivo que está montando el régimen del circo del siglo XXI. ¡En Venezuela puede que poca gente lea historia, pero de algo sí que podemos estar bien seguros: allá ya no hay pendejos!
Tiene que haber algo detrás. Porque ¡esos rufianes nunca hacen nada de gratis! A finales de su mandato, Raúl Leoni adhiere a Venezuela al Acuerdo de Ginebra, instrumento que resucita la situación del reclamo territorial venezolano con la para entonces Guyana Inglesa. Leoni y sus negociadores a través de ese Acuerdo consiguen que se establezca y se corrijan los vicios que existieron en el Laudo Arbitral que se produjo en París, que en 1899 le arrebata a nuestro país el territorio Esequibo. Y mediante el Acuerdo de Ginebra se reabre el pleito, se conviene en el uso de la vías diplomáticas para la solución de la controversia y se pone en el tapete que varios de los jueces que participaron en el Laudo fueron sobornados por la Corona Británica para que fallaran a favor del imperio inglés.
Antes de la firma del Acuerdo de Ginebra en 1966, más de 90 mil kilómetros cuadrados de selva inexplorada para ese momento, con acceso libre a las Bocas del río Orinoco, ya estaban en las manos de la Inglaterra imperial.
Supongo que Leoni no imaginó que menos de cinco años después de la firma del Acuerdo de Ginebra, que le permitía conforme al derecho público internacional retomar la Reclamación sobre nuestro territorio, el gobierno de Rafael Caldera aceptaría el contenido del Protocolo de Puerto España y lo firmaría sin calcular sus consecuencias futuras para Venezuela.
O sea el celofán con que los ingleses otorgaban la independencia a Guyana. La condición impuesta a nuestro país por los ingleses y bajo la presión del gobierno norteamericano, obligaba al gobierno de Caldera a diferir, a no hablar y a no hacer nada de nada en la Zona en Reclamación del Esequibo.
Puntos y comas más: el gobierno de Rafael Caldera Rodríguez aceptó abandonar un pedazote enorme del territorio venezolano por 20 años a la buena fe de Dios. A la espera, eso sí, de que “algún” milagro sucediese y los legítimos derechos de Venezuela le permitiera al país explotar una de las zonas más ricas del planeta Tierra en recursos de todo tipo.
Adecos y copeyanos del momento refrendaron el Protocolo de Puerto España. Era el comienzo del boom petrolero de principios de los años 70, el inicio de la Venezuela Saudita.
Mucho dinero caído del cielo congeló el interés político de los políticos venezolanos de aquella época por la Zona en Reclamación del Esequibo. Aunque, para tenerlo bien claro, esa falta de interés por parte de los políticos en Venezuela no se parecía en nada a la que sí tenían los guyaneses por nuestra Zona en Reclamación.
No se puede pasar por alto que para la recién creada República Cooperativa de Guyana, el territorio que nuestro país lleva casi 200 años reclamando, representa algo más del 40% de toda la superficie geográfica de ese país. Para ellos, para Guyana, la Zona en Reclamación venezolana significa mucho. Evidentemente, para Guyana este territorio nunca, pero nunca, ni por un instante, ha dejado de ser importante.
Para Guyana, la Zona en Reclamación venezolana, es casi la mitad de su país. Y con un “enfriamiento” de las demandas y presiones de Venezuela sobre un territorio legalmente venezolano, los guyaneses contaron con 20 años formales y muchos más informales para hacer allí lo que les dio la gana. A pesar de que el Protocolo de Puerto España obligaba a las partes a mantener desocupado y sin explotación alguna a toda la región.
Algo así como la Zona Desmilitarizada que divide a las dos Coreas, en el Paralelo 38 de la Península Coreana. El asunto es que por la lado de Guyana ese detallito nunca se respetó…
Mañana seguimos… ¿les parece?
Por eso: ¡Dios, Venezuela Libre y Cese de la Ocupación!
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