Ayer 24 de febrero 2026, presentó el señor presidente Trump su mensaje a la nación norteamericana donde Venezuela estuvo presente no solo por lo que se dijo sino también por lo que se omitió, al igual que por los invitados y quienes o no lo fueron o no asistieron.
En el mundo del derecho probatorio hay una máxima: declaración del propio interés.
Esta es aquella que da una persona en su propio beneficio o la de su causa que, por esa circunstancia, carece de todo valor o importancia. Ella llevada al mundo de la vida real implica que lo que una persona afirme sobre si misma o su organización que le favorezca, ese valor tiene, ninguno.
Ayer el señor Trump, en su primera mención sobre Venezuela afirmó que le estábamos vendiendo petróleo y casi recordando el mensaje inaugural del primer periodo del presidente Santos en Colombia, sostuvo que nuestro país era su nuevo mejor amigo.
Luego, en el curso del mismo se refirió a la señora Delcy Rodríguez como la nueva presidente -interina-.
Posteriormente, cuando habló de los presos políticos venezolanos, anunció a todos la presencia en el recinto, seguramente para sorpresa general venezolana, de Enrique Márquez.
Lo ocurrido en ese acto norteamericano tiene meta mensajes que, seguramente, algunos deben estar analizando.
Por una parte, quienes pensaban que en el mismo estaría presente la venezolana que mayor representatividad tendría actualmente internacionalmente, no solo no fue mencionada, por no decir -pues a ninguno le consta- que no fue invitada, a pesar de que, según sus propias palabras, ella está en contacto directo con el presidente norteamericano. Su ausencia en el acto nos impidió ver una de las pocas oportunidades en las cuales, demócratas y republicanos aplaudirian de pie.
A su vez, la presencia de Enrique Márquez, que no la de Juan Pablo Guanipa, pareciere haber enviado otro mensaje. El liderazgo alternativo al cual, en la actual circunstancia, apuestan los Estados Unidos, no es de votos, no es de estridencia, es de serenidad, pues, nada como esta para hacer negocios -buenos negocios- lo que es, finalmente, lo que interesa a la administración norteamericana.
Las palabras que expresa un presidente de cualquier país y más de ese país del norte, tienen una fuerza importante. Ningún líder mundial improvisa. Lo de ayer, con acciones, omisiones, invitaciones y ausencias, respecto de Venezuela, fue una puesta en escena que, salvo un insensato, todos los ciudadanos que tenemos interés en esa tierra situada al norte del sur, estamos obligados a evaluar.
Así, lo ocurrido ayer en Washington deja, a quien lo quiera ver, muchas lecciones. Veremos si somos capaces de aprenderlas.
Gonzalo Oliveros Navarro
@barraplural
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FUENTE: >>Gonzalo Oliveros Navarro
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