Venezuela atraviesa una de las distorsiones laborales más profundas de su historia republicana. Mientras las cifras oficiales suelen maquillar la realidad mediante definiciones laxas de "ocupación", la realidad científica revela un mercado fracturado.
Según estimaciones académicas recientes al cierre de 2025, el desempleo formal en el país oscila entre el 25% y el 30%, mientras que la informalidad laboral —entendida como la actividad económica al margen de la regulación estatal— absorbe a más del 50% de la población económicamente activa.
Para comprender este fenómeno, no basta con observar los agregados macroeconómicos; es imperativo aplicar los principios más puros de la ciencia económica, que sitúa la acción humana, el cálculo económico y la estructura institucional como los ejes de la prosperidad o la ruina.
Desde la óptica de autores como Ludwig von Mises o Friedrich Hayek, la informalidad no es una patología del mercado, sino una respuesta racional del individuo ante la asfixia regulatoria. El origen del laberinto venezolano se halla en tres pilares de intervención estatal:
1. La Destrucción del Cálculo Económico: La inflación persistente y la inestabilidad monetaria impiden que los empresarios realicen valoraciones subjetivas precisas a largo plazo. Sin una moneda estable, el ahorro se pulveriza y la inversión en bienes de capital (que es lo que realmente aumenta la productividad y los salarios) desaparece.
2. La Rigidez del Mercado Laboral: Leyes como la inamovilidad laboral y los aumentos salariales por decreto actúan como barreras de entrada. En términos austriacos, el salario es un precio; cuando el Estado fija un precio por encima del valor de la productividad marginal del trabajador, genera desempleo institucional. El empleador, ante el riesgo de no poder despedir o de costos de nómina insostenibles, opta por no contratar o refugiarse en la informalidad.
1. El Efecto "Crowding Out" e Instituciones Extractivas: El gigantismo estatal ha desplazado la inversión privada. La maraña burocrática para formalizar una empresa —que en Venezuela puede tomar meses frente a días en economías libres— convierte la legalidad en un lujo inalcanzable para el emprendedor promedio.
*II. La Trampa de la Informalidad y la Productividad*
El crecimiento económico siempre depende de la acumulación de capital. La informalidad en Venezuela es un mecanismo de supervivencia, pero es una trampa de baja productividad.Al operar fuera del marco legal, las unidades económicas informales:
* Carecen de acceso al crédito de largo plazo (imposibilidad de apalancamiento).
* No pueden escalar sus operaciones por miedo a la detección regulatoria.
* Sufren de una "descapitalización intelectual", donde el talento se dedica a la intermediación comercial básica en lugar de a la innovación productiva.
Al cierre de 2024, se estimaba que 4 de cada 5 venezolanos se encontraban en condiciones de precariedad laboral. Esto no es falta de voluntad de trabajo, es la ausencia de un marco institucional que proteja la propiedad privada y la libertad de pacto.
*III. La Solución: Hacia una Nueva Cultura Económica*
Salir del laberinto requiere más que reformas cosméticas; exige un cambio de paradigma basado en la libertad individual. La solución se articula en tres ejes:
1. Saneamiento Monetario y Libertad Competitiva: Es fundamental eliminar la facultad del Estado para emitir moneda sin respaldo. La propuesta sugeriría una competencia de monedas o un patrón sólido que devuelva la predictibilidad al cálculo económico. Sin moneda estable, no hay contrato laboral que valga.
2. Liberalización Total del Mercado de Trabajo: Se debe sustituir la "protección" legal —que en la práctica desprotege al trabajador al dejarlo sin empleo— por una cultura de la productividad. Esto implica:
* Eliminación de la inamovilidad laboral coercitiva.
* Flexibilidad en las modalidades de contratación y jornada.
* Acuerdos bilaterales trabajador-empleador sin interferencia de la planificación central.
3. Reducción Radical del Costo de la Legalidad: El Estado debe dejar de ser un obstáculo. Una "Tasa Cero" de regulación para nuevas empresas y la simplificación de registros permitirían que la energía empresarial hoy oculta en la informalidad fluya hacia el sector formal, aumentando la base tributaria (vía volumen, no vía alícuota) y la seguridad social.
*Conclusión*
Venezuela no sufre de un exceso de mercado, sino de una asfixia del mismo. La informalidad es el grito de un orden espontáneo que intenta sobrevivir bajo las ruinas de la planificación central. El camino hacia la prosperidad no se construye con decretos, sino con la restauración del derecho de propiedad, el incentivo al ahorro y la liberación del genio empresarial. Solo una nueva cultura que valore la responsabilidad individual por encima del proteccionismo estatal podrá romper las paredes del laberinto.
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FUENTE: >>Econ. José Gregorio Santeliz C
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