Observo en contertulios de chat una creciente preocupación por lo que interpretan está ocurriendo en Venezuela.
Entienden ellos que en el país no se avanza hacia una transición sino hacia una estabilización de lo que ha existido este siglo, con nuevos primeros actores.
Quizás el problema que tienen en su posición estriba en la diferencia de interés entre ellos y quien, al sol de hoy, dirige la política venezolana.
Para este lo fundamental es la estabilidad, esa que le garantiza no quien tiene más popularidad, sino la que tiene el poder para hacer cumplir las instrucciones y eso es lo que ocurre con quien ejerce en funciones la presidencia.
De nada ha valido que quien ostenta, a ojos del público, la mayor popularidad, ofrezca en cuanto escenario le es posible, que hará todo lo que, a su juicio, conviene a quien ejerce la tutela nacional. Para este, eso son promesas, vanas promesas, por la sola circunstancia de que, en la actual condición interna, ella no garantiza la estabilidad que dan sus adversarios por controlar estos los dos elementos, a su juicio, fundamentales en la Venezuela actual, la institucionalidad y las armas.
Es entonces bajo esas variables que se desarrolla la actual situación de nuestro país y a partir de la cual, quienes como ciudadanos se preocupan por la misma, deben plantearse supuestos de solución.
Así, si la popularidad no es suficiente para impulsar el cambio y la fortaleza del adversario está en el uso de la institucionalidad, lo conducente, así lo creo, sería utilizar la fortaleza que se tiene para impulsar, el cambio de aquella. Bajo ese supuesto, el primer paso es la designación de Fiscal General y del Defensor del Pueblo, lo que a posteriori debería conducir a una modificación del TSJ y del CNE, todo ello mientras se van creando espacios de diálogo y negociación con todos los actores políticos del país -inclusive la fuerza armada- para cumplir así el requisito final que exige el tutor, que es la estabilidad. Para este, la elección presidencial es el último eslabón de la cadena y ella solo se realizará cuando crea que, a su juicio, todo está atado y bien atado.
Sépase, sin embargo, que no estoy muy seguro que el cumplimiento de todas las condiciones planteadas concluya en el retorno a un país independiente.
El experimento en curso tiene connotaciones geopolíticas de capital importancia para el tutor y si el mismo le sale bien, a un mínimo costo, difícilmente conllevará un retorno a lo que en algún momento fuimos. No diré que seremos el estado 51, ni tampoco otro libre asociado y menos aún una colonia con presencia militar incluida. Seremos otra cosa, cuyas decisiones fundamentales estarán definidas por el interés de quien ejercerá la tutoría, no necesariamente quien la representa hoy.
Ese es, así lo creo, nuestro destino por los próximos tiempos, que no serán tan cortos como pudiera creerse.
Gonzalo Oliveros Navarro
@barraplural
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FUENTE: >>Gonzalo Oliveros Navarro
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