Venezuela necesita reencontrar su destino histórico, ha llegado el momento de proyectar una nueva nación, fundada en la dignidad, la ética y la superación del atraso que nos impide avanzar.
Tenemos un liderazgo que ha recorrido el país, que sigue caminando entre las ruinas de lo que un día fue promesa, y que, a pesar del dolor, continúa escuchando al pueblo, levantando su voz y su esperanza.
Esa es la semilla de lo que debemos construir: una Venezuela que vuelva a creer en sí misma, resulta escandaloso que una tierra con riquezas naturales prodigiosas se debata en la miseria y la desesperanza, es un insulto que nuestro petróleo, bendición convertida en maldición por la corrupción y el populismo, no sirva para garantizar bienestar, educación ni justicia social.
Es inmoral que en un país que un día fue ejemplo de prosperidad latinoamericana, hoy la juventud formada con sacrificio no consiga oportunidades, los profesionales emigren, y las familias sobrevivan en condiciones indignas.
En el siglo XXI, hablar de subdesarrollo en Venezuela es hablar de una tragedia deliberada, la ineficiencia y la improvisación se institucionalizaron; la demagogia económica destruyó el valor del trabajo, la moneda y la confianza, las políticas populistas, que se disfrazaron de redención social, terminaron aniquilando la productividad nacional, corrompiendo el sentido del mérito y alimentando la dependencia de los más vulnerables.
El resultado está a la vista: hospitales sin insumos, escuelas sin maestros, pueblos sin servicios básicos, ciudadanos sin esperanza.
Es inaceptable que la deuda externa, producto del despilfarro y la irresponsabilidad, mantenga hipotecado el futuro nacional. Veintisiete años de socialismo han estrangulado la economía y sometido a Venezuela a los dictámenes de intereses foráneos, y mientras tanto, los conflictos ajenos, las alianzas ideológicas o las guerras de otros países petroleros siguen afectando nuestra soberanía económica, desviando al país de su propio rumbo democrático.
Es tiempo de romper con ese ciclo de frustración, no podemos seguir tolerando que la corrupción, el nepotismo y el populismo determinen el destino de millones de venezolanos honestos.
Debemos exigir políticas serias, instituciones sólidas y un Estado al servicio del ciudadano, no al servicio de grupos de poder.
Hay que detener el castigo injusto que sufre el pueblo, reivindicar el valor del esfuerzo y encender, de una vez por todas, la luz de la libertad y de la esperanza, aplaudo al movimiento social que hoy recorre el país, que habla con la gente y busca reconstruir la confianza en la democracia, pero esa democracia debe ser real, participativa, transparente.
Debe incluirnos a todos: obreros, empresarios, estudiantes, profesionales, campesinos, la transición venezolana no puede ser la carrera desordenada de los ambiciosos ni el juego de los politiqueros, será, o no será, una refundación nacional basada en la justicia, la igualdad y la soberanía ciudadana.
Porque después de tantos años de manipulación, Venezuela merece un proyecto serio, un liderazgo ético y un pueblo libre.
Ha llegado el tiempo de cerrar el ciclo del populismo y del subdesarrollo moral que nos ha devastado, es la hora de los ciudadanos, la hora de levantar la palabra y recuperar el porvenir.
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FUENTE: >>Aderci Parra
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